Ígor R. Iglesias

Blog personal compartido

Mi jornada de reflexión

En Huelva, el terrorismo etarra, como ustedes comprenderán, no es uno de los principales temas de conversación habitualmente. Ayer viernes, tampoco lo fue. Sólo tuvimos unas horas para condenar el atentado, para preguntarnos por qué. Aquí la ETA pasó a un segundo plano, cuando se conoció cómo un operario de Cepsa en un pantalán petrolero encontró el cadáver de Mari Luz, una niña de tan sólo cinco años a la que algún desgraciado (otro hijo de puta de los que hay en el mundo) le ha arrebatado la vida.

Hoy sábado he compartido la mañana con mi hijo. Tiene dos años. Lo he ido a buscar y de la mano hemos ido cantando la canción de Fofó “en el coche de papá…”. A él le gusta decir eso de pi, pi, pi. Y ahora con el You Tube, pues es fácil encontrar cosas así para cantar con tus hijos. Nos hemos venido a mi casa y aquí hemos estado jugando. Lo miro a menudo, y hoy, al igual que el día en que conocí la desaparición de Mari Luz (a cuya información me tuve que incorporar; ahora estoy de baja laboral), he querido protegerlo con mi mirada, con mis besos, con mis abrazos, con mis palabras.

Luego, sobre la una de la tarde lo he vuelto a llevar con la madre y -algo insólito en mí- he buscado compañía humana. Normalmente me dejo acompañar de la soledad. Me gusta estar solo, lo confieso. Normalmente, mi vida gira en torno al trabajo (el periódico) y mi hijo. Pero hoy he querido estar con mis amigos, esos a los que nunca veo, pero que siempre están ahí. Hoy hemos hablado de política. Había algo en el ambiente, en Huelva, que precisaba hablar de cualquier cosa que no fuera de Mari Luz. Cuando entrevisté al padre de la niña y salimos al Parque Moret a buscarla con él (haciendo un reportaje) pensaba todo el tiempo para mí: “si yo pudiera devolverle a su hija, si estuviera en mi mano”. Pero yo no podía hacer nada. Ojalá hubiese tenido un poder mágico para cambiar el rumbo que ha tomado las vidas de los padres y hermanos de la pequeña. Este sentimiento mío, creo, es compartido por toda la sociedad onubense. Ojalá pudiésemos devolverles a Mari Luz. Pero no es así, no podemos. Por eso, cualquier tema que no fuese éste, era válido para no hundirse. La ETA se ha convertido, a base de asesinar, en un tema de conversación en España a lo largo de estas últimas décadas. Hoy, política, ETA y democracia, han sido las palabras más sonadas en el encuentro que he tenido con mis amigos (de Huelva; en Isla Cristina tengo a los otros, también desatendidos), con los nunca he hablado de política. Todos son conservadores (pero no los típicos pijos), sin embargo, yo, como siempre, el bicho raro. Lo más interesante de todo, es que me he vuelto a casa con una plenitud que necesitaba sentir y he sentido. No sólo porque he estado con mis amigos, a los que no sé cuidar como debería, lo confieso, sino porque aun teniendo posiciones enfrentadas (radicalmente diferentes), hemos sabido dialogar, sin discusión. ¿Es esa la democracia? Yo creo que sí. Sólo espero que ellos se hayan sentido igual y que su amistad se mantenga firme, a pesar de no compartir (casi en ningún punto) nuestras ideas. Si esto es así, no sólo habrá ganado nuestra amistad, sino España, este país que tanto ensalzan y que está falto de amistades como éstas, sin crispación, ni palabras como balas. Luego, de camino a casa he recibido un mensaje en el móvil y decía, entre otras cosas, “vaya jornada de reflexión” y he pensado “¿qué habrá ocurrido, mientras me ausentaba de España?”. Este país por unas horas entre viejos amigos supo ser país.

Mañana, votaré. Construiré el futuro que quiero para mi hijo y los hijos de los otros. El futuro que también quiero para mí.

Sábado, 8 Marzo 2008 Publicado por Ígor R. Iglesias | General, Política | | 2 comentarios