Ígor R. Iglesias

Blog personal compartido

A Óscar Rodríguez Pedro

Hijo, te me han arrebatado de mis brazos. Llevo semanas sin verte, sin saber de ti, sin tocarte, sin besarte, sin escuchar tu voz y tus palabras, ignorando cuánto has crecido desde entonces, qué palabras nuevas has añadido a tu vocabulario… y pienso si tal vez tú me hayas olvidado.

Nadie sabe, tú lo ignoras, el dolor que acumulo en mi pecho. Es una gran espina, tan grande como todo lo que me rodea y que se hunde contra mí. Nadie sabe y tú, pequeño mío, lo ignoras, del dolor que siento.

He andado por calles de ciudades lejanas para no tener dolor y tú has estado presente siempre en mi corazón y en mi pensamiento. Estas calles, lejanas para ti, han sido mi terapia para dejar pasar los días. Es, pues, mi vida, un lento pasar de los días, con compañías de gente amable y llamadas amistosas, incapaces de aniquilar este dolor y restablecer una alegría que tú eres el único capaz de provocarme. Desde tu llegada al mundo, tú has sido, lo eres y seguirás siendo el único corazón que impulse de vida todo lo que soy y las cosas que hago y justifican mi existencia. Desde esta injusta, dolorosa y cruel (no hay, en realidad, palabras para describir esta fechoria) separación de este padre que sufre y de un hijo que no sé si se pregunta por su padre, todo ha perdido sentido para mí. Perdida la vida, para qué el resto. No lo quiero, si no te tengo, porque ahora sólo poseo estas lágrimas y estas palabras que soy incapaz de pronunciar a un oído amigo que me cede un hombro que no quiero. No quiero nada que no seas tú. Te necesito. Eres lo único que tengo y que me vale. Lo demás no me importa.

Te quiero, hijo mío.

Tu padre.

Miércoles, 20 Agosto 2008 Publicado por Ígor R. Iglesias | General | | 11 comentarios