Ígor R. Iglesias

Blog personal compartido

¿Para quién es la ciudad?

Artículo de opinión publicado en ODIEL Información de Huelva el domingo 22 de noviembre de 2009.
Autor: Ígor R. Iglesias

Uno camina por su ciudad, en la que nació, donde se ha criado, en la que trabaja, donde ha echado raíces, y se pregunta para quién es la ciudad. Un lugar donde decenas de miles de personas hemos de compartir espacio (y ya es difícil que dos lo hagan sin tener algún que otro roce) ha de estar sometido a una continua vigilancia. Pero no policial, que también. Vigilancia social, cultural, económica, la propia de un estado de derecho. Vigilancia de velar, de velar por los ciudadanos, no paternalistamente, sino realizando las labores propias de la gestión política.
Basta con poner un ejemplo tonto, de cosas que nos ocurren a diario, que no tienen en sí mucha importancia, aunque toquen la moral. Ayer mismo, antes de escribir este artículo de opinión, que seguramente hubiera tenido otro contenido, otras palabras, fui al Parque de las Palomas con mi hijo a jugar. Y de vuelta, camino del Molino de la Vega, hacia donde íbamos, encaminamos nuestros pasos por el Parque Zafra, un paseo juntos, la mar de bonito, con el Aqualon allá al fondo. Resulta que todas las puertas del parque, excepto las dos que se encuentran en el extremo que conecta este espacio con el Parque de las Palomas, se encontraban cerradas. Alguien camina y cuando ha recorrido unos 500 metros, resulta que las puertas del parque están cerradas.
Ni carteles ni explicaciones ni nadie a quien llamar. ¿Qué hace uno ante esto? Nada, o escribir un artículo de opinión. Pero quien no tiene esta suerte (espero que dure), le queda la opción de no poder hacer nada o despotricar contra quien uno imagina que es el responsable. He visto muchas veces a la Policía Local cerrar y abrir el parque, por lo que supongo que es el Ayuntamiento quien ordena tal cosa.
Sea o no el consistorio el responsable de esto, lo que me ocurrió ayer es lo mismo de siempre en esta ciudad, que políticos ineptos dejan a su suerte. Sinceramente, no necesito que nadie venga a decirme que soy onubense, porque eso lo sé desde que tengo uso de razón. No necesito que me digan que mi bandera es blanca y azul, porque desde que vivía de chico en la calle Puerto Rico, en La Orden Baja, con mis padres y mi hermano Óscar (mi hermana Míriam, aún no había nacido), ya bailaba yo esa sevillana de ‘Blanca y azul es la bandera de Huelva’. Y tampoco que me enfrenten con Sevilla, pues ¿en qué parte, que no sea una carretera, dice que esas piedras del suelo son ‘mi armas’ y las otras son de Huelva? No hay mayor ignorante que un provinciano nacionalista y desgraciadamente de esos abundan tela aquí y en Sevilla.
Lo que necesito como onubense es que el autobús no tarde tanto, que limpien las calles (ayer la Isla Chica daba asco, especialmente Viaplana), que haya alguien a quien no se le olvide abrir un parque (hay que ser chapuza) y tantas cosas que aquí no se vigilan y que sí en cualquier pueblecillo, donde hasta el único semáforo es cuidado como oro en paño.

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¿Cómo puede un parque estar cerrado un fin de semana entero? La foto fue tomada el domingo, 22 de noviembre de 2009, día de la publicación de este artículo en mi columna semanal del periódico, a las 13.56 horas.

Domingo, 22 Noviembre 2009 Publicado por Ígor R. Iglesias | Huelva, Odiel Información, Política, Política onubense | | Aún no hay comentarios

Un festival de obras y pocas caras

Artículo de opinión publicado en ODIEL Información el domingo 15 de noviembre de 2009
Autor: Ígor R. Iglesias

Por mucho que se empeñen en el Ayuntamiento en hacer creer que no es posible hacerlo mejor con respecto a la gestión municipal, permítanme ustedes que, con espíritu crítico, discrepe sobre tales afirmaciones, que no esconden sino una cierta incapacidad para reconocer los errores. En este sentido, dejaremos la puerta abierta a que nuestros políticos locales también son capaces de hacerlo, y no digo mejor, sino bien.
El reciente desastre (y que me perdone Barragán, pero también hay que saber encajar los golpes) de la Gran Vía, con un plan que se ha ido improvisando a medida que transcurrían los minutos y los problemas nos hace dudar de si desde antes se había previsto algo, incluso lo más mínimo, no todo aplicable al citado concejal del PP (de nombre José Luis), quien me parece que se come marrones ajenos, todo hay que decirlo, sin que otros (compañeros suyos de equipo de Gobierno) den la cara, algo que, al menos, sí hace Barragán.
En este punto, y la prueba es que tal edil no tiene ninguna responsabilidad (que sepamos) en la planificación de la ejecución de las obras del Plan E. Un desastre, lo sabemos. Lo han y están sufriendo los comerciantes y vecinos, los taxistas y los ciudadanos, en general. Pero el hecho de que se comience a levantar la zona que sirve de epicentro al Festival de Cine Iberoamericano de Huelva es ya el colmo.
Vale que el festival no indica con la claridad que debiera a los onubenses la sinopsis de las películas a pie de taquilla. Los que acuden al cine se encuentran con un título de película y una nacionalidad, pero no con un pequeño texto que indique de qué va la película, algo que, según me hacen saber muchos onubenses, echa para atrás a un público potencial que pierde de este modo la oportunidad de contemplar magníficas películas que se proyectan traídas desde el otro lado del Atlántico. Y por perder, también lo hace el propio festival, porque el público es el que hace que haya cine. Sin lectores y oyentes, ¿qué sentido, en cuanto al ámbito comunicativo y de consumo, tendría un periódico o una emisora de radio?
Pero hay algo que no se le podrá achacar al festival, por mucho que una vez más seamos testigos de la falta de ambición al no contar con caras conocidas, que siempre han ilusionado a los onubenses: la poca sensibilidad del Ayuntamiento por las obras. Si no fuera porque siempre he hablado de ineptitud, pensaría mal.

Domingo, 15 Noviembre 2009 Publicado por Ígor R. Iglesias | General | | Aún no hay comentarios

La Gran Vía

Artículo de opinión publicado en ODIEL Información de Huelva el domingo 8 de noviembre de 2009
Autor: Ígor R. Iglesias

La apertura de la Gran Vía es una buena noticia. Parece ser que el Plan E, al fin al cabo, no es tan malo y que Zapatero no es tan tonto, como dice la derecha (y aquellos payasos de cierto circo). Al PP de Huelva le sale gratis el gran lavado de cara del Centro de Huelva y al PSOE le costará que Pedro Rodríguez y los suyos se adjudiquen el mérito. Pero al margen de intereses partidistas, lo cierto es que todos los ciudadanos de Huelva hemos ganado en espacio y en belleza. Al fin y al cabo, parece que Huelva no es tan fea. No obstante, con la apertura de la Gran Vía al tráfico mañana veremos ciertos problemas que se prevén desde ya. Mañana observaremos cómo los peatones y conductores invaden el carril bici y cómo los viandantes tendrán dificultades a la hora de diferenciar la acera de la carretera, debido a que el carril para los vehículos está construido al mismo nivel. El Ayuntamiento debería haber previsto la colocación de unos pivotes que delimitasen el carril para los coches y autobuses del resto, incluso del carri bici y éste de dónde circularán los coches. Todavía se está a tiempo, nunca será tarde para las buenas dichas, de que el Consistorio coloque además unos bancos a lo largo de toda la Gran Vía, como los que ya lucen en la Plaza de la Constitución, la del Ayuntamiento. Pero aquello de delimitar bien por donde han de ir los coches de San Fernando, las bicicletas y los coches de verdad es más urgente, porque nadie ha de tener dudas de por donde ha de ir, ya que la moda actual consiste en elevar el asfalto o adoquinado al nivel de las aceras. Es entonces cuando habrá que delimitar con pivotes estos carriles, pues habrá más de un despistado que expondrá su vida a los conductores actuales (ceporros de todas las edades hay, decíamos la semana pasada). Y a los Fernando Alonso del volante, cuya vida sólo parece estar plena cuando pisan el acelerador, con una irresponsabilidad que los hace ridículos, si no pasa nada, y repugnantes, si ocurre alguna desgracia, habrá que ponerles tales límites, porque la Gran Vía se ha pensado para que los onubenses y visitantes paseen por las calles del Centro. Como en la Plaza de las Monjas, la Gran Vía será el espacio donde los niños anden a sus anchas, pues esta parte de la ciudad tiende a convertirse en el gran espacio de las personas y no de los coches, como debe ser (ese es el futuro; lo cateto es ir al comprar el pan en coche). Así pues, lo mejor de todo sería que el tramo que transcurre desde el Parque América hasta la Plaza de las Monjas debería quedar restringido para autobuses de línea, taxis y motos. El resto de vehículos sólo deberían acceder desde la Alameda Sundheim para acceder al parquin de la Casa Colón. ¿Para qué querríamos un espacio semipeatonal si los atascos van a quitar belleza a esto que hemos conseguido entre todos, unos poniendo el dinero y otros diseñando? A los amantes del volante habría que advertirles que el futuro está en el transporte público y a los gobernantes locales que la potenciación de éste les ahorraría muchos dolores de cabeza. Que Emtusa haya perdido la mitad de sus usuarios desde que gobierna el PP en la ciudad dice mucho de su gestión. Veamos, en 2010, si otras partes de la ciudad se benefician de esta magia: Campanilla toca la Gran Vía y la embellece. En ciertos barrios, sería una forma de inclusión social.

Domingo, 8 Noviembre 2009 Publicado por Ígor R. Iglesias | Huelva, Odiel Información, Política, Política onubense | | Aún no hay comentarios

Juventud olvidada

Artículo de opinión publicado en ODIEL Información de Huelva y ElPlural.com el domingo 1 de noviembre de 2009
Autor: Ígor R. Iglesias

Hace unos días asistíamos atónitos a un asesinato en Huelva en el que el motivo ha quedado en un simple y absurdo pique de tráfico. Quién puede imaginar que, al decirle ‘gilipollas’ a otro conductor, aquel pueda acabar con la vida de uno. Porque de nosotros, ¿quién no ha lanzado al aire alguna un improperio, vamos que se ha ‘cagao en to lo que se menea’? Es la forma de violencia más extrema: acabar con la vida de alguien porque sí. ¿Qué hay dentro de una persona para poder matar a otra por ponerse chulo?

Desde aquel día, he venido observando cómo el comportamiento violento y la mala educación es más común de lo que pensamos. Salvando las distancias entre todas las formas de ser un grosero, un ordinario o, simplemente, un mal educado, dejando a un lado a los malnacidos, se me ha venido a la mente cómo un sesentón me decía no hace mucho que “la juventud está fatal”. Supongo que será lo mismo que decían muchos sesentones de la época en la que este hombre era joven. Porque todos compartimos algo: nacemos, crecemos y la espichamos. Y entre tanto, los más pueriles buscan dónde meterla y los que tienen el arroz pasado critican tales andanzas de donjuanes de tres al cuarto, que, con algún que otro grano, no hacen sino dejarse llevar por ya sabe usted qué.

Si la cosa fuera sólo de sexo, pues sí, pues vale: esta juventud, la de antaño y la que vendrán están, estuvo y estará fatal. Lo que cabe desearles a los muchachos es que se coman lo que puedan, pero con cuidado (condón).

Pero lo que no puedo admitir es que alguien, porque es una opinión de alguien, que no representa a generaciones, ni a oriundos de ningún lugar ni a ningún colectivo con dos dedos de frente, es que achaque los casos de violencia (que conocemos por vivir en un mundo mediatizado) a la juventud. No, señor cómo se llame. Esta violencia no es generacional, es educacional.

Una mujer mayor el otro día me empujó y no me pidió disculpas. Un ‘gachó’, con traje y corbata, montado en un Audi, estuvo a punto de tirarme de la moto y encima se puso chulo. Un cincuentón de los que desayunan aguardiente la lió el otro día en un bar y de todos los clientes, casi todos de entre 25 y 35 años, aquel era el único que molestaba a los demás. Una mujer (que ni era muy mayor ni estaba enferma) me exigió, cuando mi hijo aún era bebé, que me levantara del asiento del autobús, cuando yo estaba sentado porque llevaba un bebé en brazos. Y así puedo poner muchos más casos. Por cierto, un día en otro autobús, de todos los usuarios, ya jubilados la mayoría, sólo una muchacha de unos ventitantos me cedió su asiento para que yo me pudiera sentar con mi hijo.

¿Saben ustedes lo que les pasa a los que ya no comprenden a la juventud? Que se han olvidado de ser jóvenes, que ya no lo son, que ya no se acuerdan de cuando querían ligarse a una tía, de cuando se enamoraron, de cuando se emborrachaban con sus colegas, de cuando se hartaban de reír por idioteces, de cuando tocaba hacer lo que hace esta juventud, que nada tiene que ver con ceporros. Porque de éstos, los hay de 15, 20, 50 y 60 años.

Viernes, 6 Noviembre 2009 Publicado por Ígor R. Iglesias | El Plural, Huelva, Odiel Información, Política, Política onubense | | Aún no hay comentarios

Zarpa ‘popular’

Artículo de opinión publicado en ODIEL Información de Huelva el jueves 29 de octubre de 2008

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Autor: Ígor R. Iglesias

La sesión plenaria volvió a ser un aperitivo para que Francisco Moro, primer teniente de alcalde y concejal de Urbanismo, se despachara a sus anchas con cada uno de los concejales de un Grupo Municipal Socialista que es callado a golpe de zarpazo por quien manda y ordena.

Francisco Moro es esa fiera que pone cara de gatito ante la galería y que propina la bofetada cuando de que le hagan “perder el tiempo” se trata con asuntos relativos a los ciudadanos o cuando se reclama respeto ante quien, en uso de la palabra, opina lo contrario a este hombre: el hombre.

Ante la ausencia de Pedro Rodríguez, el alcalde que siempre está ocupado para hacerse cargo de los plenos, para atender a los ciudadanos o para dar explicaciones (excepto para presentar ferias, como la del ‘Pescaíto Frito’), Francisco Moro es el que, con las claves que Rodríguez ordena, gobierna la ciudad.

La capital queda en manos de esta mano derecha que con poca mano izquierda (ninguna) se ventila al que se le ponga por delante con una dialéctica propia de quienes ocuparon esos sillones durante el franquismo.

No es de recibo que un teniente de alcalde le diga a la portavoz del Grupo Municipal Socialista (que es Elena Tobar): “Usted no representa a nadie”, al tiempo que Moro cree hablar “en nombre de los comerciantes de Isla Chica y usted no”.

Los comerciantes son mayorcitos (también tienen DNI, como Francisco Moro, que no lo llegó a sacar en el Pleno, pero aseguró haber nacido en Huelva y no en Lucena del Puerto; absurdo). Los comerciantes de Isla Chica no necesitan que nadie hable por ellos, pero Francisco Moro debería entender o, al menos respetar, que un grupo político defienda asuntos relativos a la ciudad, coincidiendo con lo que los ciudadanos quieren.

Hubo un momento en el que un sector de la ciudadanía reclamó más bombillas de colores en sus calles cuando de una fiesta se trataba. Pero hoy en día, con algunos años más, la ciudad, como antes (aunque muchos no quisieran verlo) necesita otro tipo de atenciones.

Quien se planta ante el PP queda relegado a las mofas de un partido que ningunea a un PSOE que representa a 22.424 electores, como el PP a sus 31.056 o IU a 4.477.

El respeto es clave, aunque la zarpa sea la estrategia para esta forma de hacer política.

Jueves, 29 Octubre 2009 Publicado por Ígor R. Iglesias | Huelva, Odiel Información, Política, Política onubense | | Aún no hay comentarios

¿No les da ‘lache’?

Artículo de opinión publicado en ‘ODIEL Información de Huelva’ el domingo 25 de octubre

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Autor: Ígor R. Iglesias

No lo recuerdo, pero sé que fue así. En España, durante varias décadas, la policía hacía y deshacía a su modo, según querían los mandos y los políticos fascistas. Afortunadamente ni los agentes son ya así ni la política encuentra la impunidad aquella de la que gozaban los caciques y mafiosos del régimen instaurado por el general Francisco Franco. Aquel tiempo ya pasó, pero el miedo se quedó en la mentalidad de los que durante cuatro décadas no habían conocido libertad alguna: ni política, ni social, ni sexual. De ningún tipo. Ese miedo caló tan hondo en la población que hoy en día muchos tienen miedo a hablar, a alzar la voz contra el que manda, a llevar la contraria. Incluso, tal educación ciudadana (así fueron educadas generaciones enteras de españoles), es la que motiva, junto a intereses personales, que muchos no se muevan para poder salir en la foto. Pero este es otro cantar.

Hoy quiero escribir un cuento: hace unos días, conocí un caso curioso que no me quiero quedar sin contar. Su reflejo con la realidad es pura coincidencia. Se trata de un capítulo más de la historia del caciquismo funcional que ejercen los poderosos de una capital de provincia equis, en el suroeste de un país zeta. (Elijo tal ubicación por ser tan familiar a mi contexto…).

En esa ciudad, los poderosos políticos mandan a algunos agentes de paisano a amedrentar a los comerciantes que se han atrevido, que han osado protestar contra el señor todopoderoso. Tal actuación policial pasa por solicitar papeles de todo tipo, incluso contratos de trabajo, hoja de reclamaciones e, incluso, solicitar a comercios que llevan abiertos casi tres décadas la licencia de apertura. Es gracioso, porque tal solicitud me trae a la cabeza una pregunta: ¿nadie ha caído tras 30 años en que ese negocio podría no tener licencia de apertura? Fin del cuentecillo literario.

Chapuzas. Los chapuceros han tenido en el estilo compadre el caldo de cultivo para ser tal como son. Contaba Juan F. Caballero (mi vecino de opinión de aquí al lado, a la izquierda suya, lector) que en Londres abundan los anoraks, gente que deambula por las estaciones ferroviarias de aquella ciudad inglesa con extrañas ocupaciones. Juan es español, así que observa con ojos de foráneo todo lo que acontece en la gran capital londinensa. Supongo que algo parecido tuvo que ocurrirle cuando llegó a Huelva (ciudad que hizo suya, y para siempre).

Los chapuzas abundan en todas los niveles socioculturales. El que es objeto de mis habituales invectivas (tan hondo caló en mí Catulo) es el que ocupa las esferas altas, especialmente las políticas. El chapuza político es ese que construye sin pensar en el cómo (ni el porqué) carriles bici, que no son seguros para las bicis ni eficaces para que sirvan para ser utilizados como vía de comunicación para este medio de transporte de toda ciudad ‘de primera’. Eso es ser chapuza, por ejemplo. Por cierto, que al chapuza no le entra ‘na’ por el cuerpo al no tener ‘lache’ cuando dilapida un Ayuntamiento y deja sin comer a decenas de familias, mientras él sí que cobra (dinero). ¡Y vaya si cobra! Son Rodríguez o Moro, o Carrellano u Ojeda. Entre otros.

Domingo, 25 Octubre 2009 Publicado por Ígor R. Iglesias | Huelva, Odiel Información, Política, Política onubense | | 1 comentario

Apretados

Artículo de opinión publicado en ODIEL Información de Huelva el domingo 18 de octubre de 2009

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Autor: Ígor R. Iglesias

Lleva razón Manuel Chaves cuando aconseja a Pedro Rodríguez que se apriete el cinturón. Son tantos cinturones sueltos los del PP en el equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Huelva, que no me extraña que la ciudad vaya más a la deriva que nunca.

No se explica que en el año en el que las arcas municipales reciben la mayor inversión económica del Estado y de la Junta (con el Plan E y el Proteja, respectivamente), el Ayuntamiento argumente que no tiene dinero para los servicios básicos ni para sus compromisos con los ciudadanos, toda vez que se está construyendo una ciudad con dinero que el Gobierno ha destinado para que estos políticos municipales puedan acometer los proyectos que llevan prometiendo desde hace 14 años.

Tan mal van las cosas en el Consistorio onubense, que ni Pedro Rodríguez ni Francisco Moro ni el resto dicen ni esta boca es mía sobre sus sueldos. No es de recibo, incluso es razón para cabrearse, que Rodríguez (Perico, como le gusta que lo llamen; “llámame Don Vitto”, dijo una vez Correa) cobre más que Zapatero y se dedique a poner excusas (tontas) sobre por qué no se recoge la basura, sobre por qué los de Valdocco no han cobrado aún (y la mentira en el Catolicismo es pecado y de los gordos), sobre por qué la Poli o los músicos de la Banda Municipal no cobran lo que se les debe, sobre por qué las asociaciones de vecinos no reciben sus subvenciones, sobre por qué Apreja este año no podrá celebra el Día Sin Juego de Azar, entre otros colectivos.

Digo que Pedro Rodríguez pone excusas, pero miento, porque ni siquiera hemos visto al alcalde dar la cara nada más que para contestar en plan Morancos de Triana o Dúo Sacapuntas (aunque a mí me parece más Arévalo) al vicepresidente tercero cuando aconseja reducir el sueldo de quien cobra cuatro o cinco veces más que un mortal de sueldo medio.

Ahí los tenemos, son ellos, los de la derecha que sin escrúpulos se suben los sueldos hasta cifras desorbitadas (y a nadie le parece mal). Ahí los tenemos, sin atender a su ciudad, dejándola abandonada, huérfana, mientras manosean símbolos con los que decenas de miles de onubenses de la capital nos hemos criado. Ahí los tienen ustedes, esos que no planifican (la ejecución de las obras del Plan E son una muestra) porque están acostumbrados a la opulencia y si la obra del chalé o el macropiso se queda corta, no pasa ‘na’, pichita, que hay más parné.

Pedro Rodríguez y quien ostenta un poder (Francisco Moro) que muchos desconocen tienen un cinturón bastante ancho, donde cabe todo lo que han acumulado a lo largo de este tiempo. Ya se lo dijo a otro periódico el alcalde: “Nadie está en esto para perder dinero”. Se equivoca, Pedro, la política es un servicio público (así lo piensa, sin ir más lejos, el portavoz provincial de su partido) y no un pozo para manirrotos, por mucho que cobrar un sueldo esté dentro de la legalidad.

El día que los alcaldes tengan un tope en función de la población veremos, para bien nuestro, el de los ciudadanos, cuántos se meten en “esto” para perder dinero.

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Ideología ‘popular’

Artículo de opinión publicado en ElPlural.com el sábado 17 de octubre de 2009

elplural

Autor: Ígor R. Iglesias

El Partido Popular va de Guatemala a ‘guatepeor’. El cese del cabeza de turco Ricardo Costa ha traído un nuevo problema al PP valenciano: el negador del Holocausto nazi.

Dice César Augusto Asencio que aquellas palabras que escribió en un periódico alicantino en 1979 son un error de juventud. Es normal que lo diga ahora que tiene algo que perder, pero entonces, hace 30 años, el jovencillo César no se jugaba ningún imperio y era libre, incluso mediáticamente, para opinar sin más consecuencias que las de reflejar su pensamiento. Ese que le ha convertido en el político de derechas que es, la base de lo que el PP ha construido a lo largo de estas últimas décadas.

Hay quien dice que el PP está falto de historia ideológica y, en cierto sentido, quien lo afirma no se equivoca. Pero no está completa esa descripción del principal partido de la derecha española, ese que agrupa a muchos huérfanos del franquismo, sino se atiende al pensamiento conservador y fascistas que ha predominado en este “suelo patrio”, como tanto les gusta considerar a esta tierra a los anacrónicos españolistas.

Las palabras del ahora no tan jovencito César, su pensamiento, no está justificado más que por la más estricta ignorancia y el absolutismo facha que dice mucho de esa base ideológica del partido que gobierna en la Comunidad Valenciana, constatable en los actos delictivos de tramas corruptas que manchan las manos del PP.

Si Rajoy fuera listo (no nos cabe duda de que puede que sea inteligente), se desharía de Camps o Asencio y de otros a los que tenemos que agradecerles, en referencia al Caso Gürtel, que nos hayan mostrado en la actualidad cómo ha actuado siempre la derecha en España. Sin embargo, Mariano parece tan corto que no es de extrañar que sus gaviotas echen a volar cuando vean que la playa se queda sola.

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Una ciudad es…

Artículo de opinión publicado en ODIEL Información de Huelva el domingo 11 de octubre de 2009

odiel

Autor: Ígor R. Iglesias

Una ciudad ‘de primera’ tiene, al menos, dos carriles por cada sentido en sus avenidas. Y las grandes ciudades, más de dos. La postura (cabezona) de algunos en el Ayuntamiento por no hacer nuevas avenidas amplias y con carriles suficientes como para que no haya atascos es incomprensible, pues resultados como el de Pescadería o los nuevos rediseños de las avenidas Pablo Rada y San Sebastián, por no citar la de Federico Molina (donde el carril bus no cumple su función), entre otros casos, condenarán a esta ciudad a ser una urbe donde los coches no quepan circulando (ni aparcando).

Una ciudad ‘de primera’ tiene servicios de recogida de basura que no fallan ni un solo día. El Ayuntamiento de turno no hace cuentas para ver a qué barriada deja sin tal servicio, sino que se afana porque los contenedores sea modernos, de esos que ya existen (por ejemplo, Giahsa los tiene) y donde no hay que usar las manos para abrir el contenedor, sino el pie, pisando un pedal.

Una ciudad ‘de primera’ tiene un buen sistema de transporte urbano público, con multitud de líneas que conectan las diferentes zonas de la ciudad entre sí y donde los usuarios no tienen que esperar 20 minutos o 30 minutos en una parada. Además, los ciudadanos ‘de primera’ tienen a su disposición bonobús de transbordo.

Una ciudad ‘de primera’ es, además, aquella donde las actividades culturales y de ocio no se eliminan de un plumazo en agosto mientras los responsables del área correspondiente se pasean por la calle Ancha de Punta en chanclas y bermudas, mientras los onubenses se quedan en una ciudad muerta. Y muerta porque la hacen los que la gestionan, no porque sus ciudadanos se vayan de ella, renegando de ella. Ese cuento servía hace 20 ó 30 años, ya no vale.

Una ciudad ‘de primera’ es aquella donde no se va la luz cada dos por tres en ciertas barriadas, aunque habrá quien piense que un vecino de la plaza de las Monjas tiene más valor que uno de la barriada de la Navidad o de Las Colonias. ¿Entonces que da derecho a tener luz, a que te recojan la basura, a que te limpien las calles, a que…, a que…? ¿Por qué hay onubenses ‘de segunda’?

Una ciudad ‘de primera’ es aquella en la que sus políticos no lloriquean ante los ciudadanos excusándose de que no hacen lo que tiene que hacer porque no hay dinero para cumplir con su obligación. ¿Cómo se puede tener tanta poca vergüenza de cobrar 97.000, 80.000 ó 50.000 euros anuales de las mismas arcas de las que se dice que están vacías para asuntos de política de inclusión social, política cultural (Cultura de verdad) o, entre otras cosas, servicios básicos?

Una ciudad ‘de primera’ es aquella en la que no se ejerce el victimismo, sino el liderazgo. Puede ser que el AVE llegue a sus correspondientes estaciones del resto de capitales andaluzas y no porque los socialistas tengan algo contra Huelva y no contra el resto de lugares de Andalucía. ¿No es ese discurso de Pedro Rodríguez y sus compadres una patética forma de echar balones fuera? Pelotas del Recre, pelotas, sin más. ¡Pelotas!

Miércoles, 14 Octubre 2009 Publicado por Ígor R. Iglesias | Huelva, Odiel Información, Política, Política onubense | | 1 comentario

Obrar mal

Artículo de opinión publicado en Odiel Información de Huelva el domingo 4 de cotubre de 2009

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http://www.odielinformacion.es/index.php?option=com_content&task=view&id=19446&Itemid=843
Autor: Ígor R. Iglesias

Hay mil maneras de hacer las cosas en muchos asuntos. Según sea el color del cristal con que se mire, así serán las cosas vistas, por ejemplo, por unos ojos progresistas o por otros conservadores. Pero aunque de un lado o de otro las maneras de proceder sean totalemente distintas hay una cosa en la que las dudas no caben: la buena fe.

Tras varios meses de ejecución de las obras del Plan E, tal y como las ha planificado el Ayuntamiento de Huelva (PP), se puede hacer ya una evaluación de cómo ha gestionado este asunto el equipo de Gobierno del alcalde Pedro Rodríguez. En primer lugar, su estrategia ha pasado del parasitismo económico con el que ha podido y así todavía lo está haciendo, por ejemplo, asfaltar las calles o remodelar barrios enteros, cumpliendo gran parte de lo que lleva prometiendo desde 1995 y que no había cumplido hasta ahora por haber sometido las arcas municipales a una constante dilapidación. En este sentido, habrá que observar cuánto han aumentado los sueldos de los dirigentes municipales (alcaldes y tenientes de alcalde) y cuánto ha disminuido el gasto social desde el ascenso de Pedro Rodríguez a la Alcaldía con respecto a sus antecesores en el cargo, Juan Ceada y José Antonio Marín Rite (ambos del PSOE), e incluso todos los presidentes de Gobierno que ha tenido España (Pedro Rodríguez cobra actualmente más de 97.000 eurosal año).

En segundo lugar, tras haber puesto la mano, el Ayuntamiento de la capital tira la piedra y lo hace con fuerza. La rapidez con la que se ha ejecutado la remodelación de la avenida de Italia o de la Alameda Sundheim contrasta con el hecho de que la calle Concepción fuera levantada a principios del mes de agosto y ahí se quedaran las zanjas, abiertas sin que haya prisa por cerrarlas y no seguir perjudicando con ello a los muchos comercios que se ven afectados por tales retrasos. Es lo mismo que ocurre en la Plaza Houston. ¿Por qué no se concluyen las obras que se empiezan en determinados sitios? No hay que ser un lumbreras para darse cuenta de que la estrategia del PP pasa por perjudicar a los comerciantes aparentando dejadez o ejecutando mal y de manera consciente la planificación de las obras y su control para culpar a Zapatero de eso, de aquello y de lo de más allá.

¿Cómo es posible –insisto– que en ciertas zonas las obras se ejecutan con celeridad admirable y que en la calle Concepción o en la plaza Houston se demoren hasta desesperar a un sector que, a la crisis, ha de sumar los jueguecitos estratégicos de partidos, como el PP, que camufla con su populismo su sucia estrategia de conseguir el poder con zancadillas hacia el oponente?

La historia tendrá un final. Cuando se aproximen las elecciones de 2011 y llegue el momento del autobombo (por parte de todos), ahí estarán los llamados (autollamados) ‘populares’, pregonando lo bien que lo han hecho, la mar de cosas que han aportado, la de promesas que han cumplido y ‘to’ lo que se preocupan por los onubenses y, especialmente, por los que ostentan la absurda categoría de onubensistas. Y ZP seguirá siendo malo, malo, malo.

Domingo, 4 Octubre 2009 Publicado por Ígor R. Iglesias | Huelva, Odiel Información, Política, Política onubense | , , , , | Aún no hay comentarios