Los 70.000 hijos de San Fernando

Artículo de opinión publicado en ElPlural.com el lunes 30 de junio de 2008

http://www.elplural.com/andalucia/opinion/detail.php?id=22566

Autor: Ígor R. Iglesias

El manifiesto en defensa de la lengua española es un documento que no en todos sus puntos goza de la razón suprema que menos de 70.000 personas, según publica “El Mundo”, apoyan. Las lenguas vernáculas de muchos territorios españoles han de gozar de especial protección frente al español. No porque éste no la merezca, sino porque el catalán y, especialmente, el gallego y el euskera están en una situación de desventaja que no posee, de ningún modo, el español o castellano.

Una chica o un chico de Cataluña pone la radio. Aunque en el tramo local de la emisora el locutor hable en catalán, la música que suene será en español e inglés. Lo mismo les pasa a los jóvenes vascos y gallegos. En la literatura, en el cine, en todas las esferas culturales, sucede lo mismo. Por mucho que se publiquen libros en catalán, por ejemplo, la industria cultural en España se mueve en torno a la lengua mayoritaria, el español o castellano. Que a Bruce Willis lo doble un actor en catalán, no resta fuerza al español.

La queja de muchos es que las matemáticas o el conocimiento del medio no se imparte en español en esas comunidades, pero también podría decirse lo mismo de otras como Madrid o Andalucía donde estas asignaturas se dan en inglés en los institutos de Enseñanza Secundaria públicos, acogidos a la impartición de las asignaturas en la modalidad bilingüe.

Dicen los intelectuales del manifiesto que en la vida cotidiana el uso de cualquiera de las lenguas oficiales ha de ser discrecional, como si esto no fuese así y hubiese una ley que les dijera a los tenderos, periodistas, camioneros o masajistas en qué lengua han de expresarse en sus relaciones sociales, mercantiles e incluso sexuales. No hay nada como unas palabras en español después de un polvo, pensará el españolito, movido más por un nacionalismo españolista tan censurable como el catalanista, si se diera el caso.

Fernando Savater no puede negar que el manifiesto no es político y partidista, porque en cada una de sus palabras está detrás la ideología neoespañolista de ‘Unión, Progreso y Democracia’, que ahora se embarca en una guerra político-lingüística, que recuerda a ese ‘España se rompe’ que la derecha española estuvo masticando, hasta el hartazgo y la fatiga, durante la legislatura anterior y toda la campaña electoral.

La lengua española no está en peligro. La hablan en el mundo más de 400 millones de personas; además, está cohesionada normativamente a través de la Asociación de Academias de la Lengua Española, donde están las academias americanas, la filipina y la española, que desde 1999 consensuan cada decisión que se toma con respecto a esta lengua. A esto habría que añadir la labor del Instituto Cervantes, que no sólo difunde el español, sino que además da a conocer el resto de lenguas del Estado.

El bonito discurso de muchos que hablan en nombre de la bandera de todos es tan peligroso para la cohesión social como las acciones de otros colectivos que ellos censuran. Decirle a los andaluces, castellanos o madrileños que en Cataluña, por ejemplo, los chavales no pueden estudiar en español fomenta en muchos que ignoran la verdadera realidad de aquella tierra una catalanofobia que será difícil de erradicar en las mentes de quien se asienta. Y con aquellos 40 años de tortura cultural que sufrieron muchos pueblos de España, entre ellos Andalucía, por cierto, esas falsas ideas no habrá dios que las erradique. En la ESO catalana, se cursan las mismas asignaturas que en la andaluza, con la salvedad de que además de Lengua castellana y su literatura, en Cataluña se estudia Lengua catalana y su literatura, que por cierto es rica, variada y con gran importancia.

Estoy convencido de que en otros países, si tuvieran una lengua como la vasca, no sólo se fomentaría, sino que gozaría de una especial protección. Pero aquí tendemos a confundir la cultura, la lengua, las bombas y los fanfarrones como si formaran parte de un todo, cuando los vascos son un pueblo que para nada, ni histórica, ni cultural ni socialmente pueden ser representados por la ETA y otros estúpidos, que sin pistolas en la mano, lideran su propia guerra. Pero todo lo que suene a fomento o protección del vasco, del catalán o del gallego, suena como si alguien mentara al Sacamantecas.

Detrás del manifiesto, hay un patético españolismo que no es, sin duda, sino otro nacionalismo más. El discurso político en España llama nacionalistas a las posiciones políticas independentistas o disconformes con el marco legal actual de ciertos territorios, y dan a entender que lo universal, supremo y única realidad posible es España (¡coño!). Este discurso es, en todo caso, igual de sesgado que el de aquel que quema la bandera roja y gualda como una protesta, que, al final, resulta ser menos extremista que el juez que condena por quemar retratos del Rey. ‘Pa jartarse de reí’.

La realidad catalana, gallega y vasca es otra, diferente de la que pintan algunos. No nombro la balear y valenciana, porque allí gobierna el PP y, por tanto, las cosas son idílicas. Pero uno llega a Barcelona y comprueba como en los quioscos y souvenir de la ciudad venden la típica parafernalia para güiris que el visitante podría encontrar en las inmediaciones de la Giralda en Sevilla. Spain is different, pero en lo más cateto se parece un montón. Por otra parte, si a alguien le preocupa no entender el precio en catalán de una dependienta del DIA de la Nou de la Rambla, ahí estará ella, con su otra lengua, para decirle al monolingüe de Huelva, que habla el español con acento andaluz plagado de palabras portuguesas españolizadas, el precio en la lengua en la que la muchacha en su casa canta las canciones de Alejandro Sanz o la que en ese momento suena en la Cadena Dial del colombiano Juanes.

Más que manifiestos en defensa del castellano, España lo que necesita es conocerse más a sí misma. Lo que no se conoce se teme y se desprecia. Y un país no puede ser grande, plagado de analfabetos funcionales. Esto, que sería aplicable a cualquier ámbito de conocimiento cultural sobre los diversos pueblos que conformamos España, en el caso lingüístico es importante tenerlo en cuenta. Hay quien ha puesto el grito en el cielo porque en Málaga o Almería se pudiese tener un cierto conocimiento sobre las otras lenguas españolas. Los estados bilingües o plurilingües son más habituales en la mayor parte del mundo que los que sólo poseen una sola lengua. Y España no está en estos últimos. Por ello, es necesario que el sistema educativo sea reforzado y que este país (o unión de países, no voy a entrar en un absurdo debate) pueda ser llamado desarrollado de verdad, más allá de los resultados económicos.

Es necesario, pues, desterrar ya los complejos de un generalillo acomplejado y con la mano ‘mu’ larga, no solamente ‘pa’ zurrar, y tener claro que ningún estado lo ha sido siempre y que todos los territorios que nombramos como España, Andalucía, Cataluña, Murcia o Galicia antes tuvieron otras lenguas, otros pobladores, otros nombres, otras tradiciones (esto sí es discutible) y menos pamplinas.

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