La soga de Fraga, El Justiciero

Artículo de opinión publicado en ElPlural.com el viernes 12 de diciembre de 2008

elplural

http://www.elplural.com/andalucia/opinion/detail.php?id=28291

Autor: Ígor R. Iglesias

El franquista Manuel Fraga ha abogado por “colgar de algún sitio” a los nacionalistas de lo que se dio en llamar nacionalidades de la realidad española. Vascos, catalanes y gallegos nacionalistas se verían con la soga al cuello en la España ideal de Fraga.

En un acto de esos de me hago el gracioso y frivolizo como un fascista asqueroso mientras unos tontos de los cojones me aplauden, el presidente de honor del Partido Popular justificó su sentencia de muerte a los nacionalistas de esas comunidades autónomas -con los que su partido no duda en pactar cuando les van en ello trincar el poder- sólo por “ponderar” un poco, es decir dar equilibrio al Parlamento y a la sociedad. Pero sólo un poquillo, para que no se diga que no somos demócratas.

Así, el PP se siente identificado con Franco y sus secuaces. ¡Qué buena criba hicieron entonces! ¡Cómo ponderaron! Daba gusto ser español, no como ahora, esta época en la que al pobre de José Mari (Aznar) nos lo quieren colgar (de algún sitio) por haber colaborado con la defensa de las libertades, lideradas por Bush. Ya no hay buenos cristianos. Ahora todos quieren abrir fosas, matar al Borbón, quitar crucifijos de los colegios, incluso de las comisarías. ¡Qué vergüenza! Y todo por culpa de los nacionalistas (y cómo olvidar a ZP).

Fíjense ustedes que trampa esconde la palabra nacionalismo, porque en España la utilizamos, inducidos por quienes la satanizan para referirse a otros, para hacer alusión a los catalanistas y sus homólogos vascos y gallegos. Sin embargo, el Partido Popular y otros, como José Bono en el PSOE, ejercen un nacionalismo españolista, tan ridículo como el que más. Una cosa es la identificación y el respeto a los pueblos y a la cultura de éstos y otra el enaltecimiento exarcebado de naciones. Las banderas son arbitrarias, como los himnos. La historia no, pero puede considerarse simple anécdota cuando se olvida que por encima de las fronteras están los hombres.

Fraga, sin embargo, lleva razón en una cosa: “El nacionalismo es lo contrario de la defensa de España”. Lo que su vista viciada por su pensamiento facha es incapaz de ver es que ese conjunto de nacionalismos del que habla también se encuentra el españolista. No hay nada más peligroso para la defensa de una realidad que los ataques continuos a los que discrepan de la misma. En democracia, uno tiene derecho a discrepar incluso de la Constitución y no asumir el pensamiento divergente sí que es radicalismo (para quien me salga con la ETA, sólo estoy hablando de ideas políticas, no de asesinos). España de quien ha de defenderse es de sus generalísimos, esos que le han hecho y le hacen un daño difícilmente reparable. Un partido, como el PP, que defiende el franquismo, no importa que sea indirectamente, es un organismo cuyos actos lo definen como franquista. España no necesita defensores, porque la actitud del Partido Popular es como la de alguien al que, cansados de sus quehaceres realizados supuestamente en pro del bien común, hay que decirle: “No me quieras tanto, quillo”.

El nacionalismo españolista, pues, es como cualquier otro nacionalismo. Se trata de ideologías territorialistas nacidas en el seno de los burgueses, que desde finales del siglo XVIII y durante todo el XIX consiguieron logros para sí, para codearse con la nobleza, dando lugar a una aristocracia en la que el pueblo llano, los proletarios y campesinos, no tenían cabida. La unión del proletariado, con las diferentes revueltas y pequeñas grandes revoluciones decimonónicas, el surgimiento de teorías económicas y sociales socialistas, así como el avance de este grupo que englobaba a la mayor parte de los ciudadanos, provocó la aparición desde el corazón de la burguesía del nacionalismo, cuyo objetivo fue que la gran masa de trabajadores, que se reconocían a sí mismos como una realidad internacional, supraestatal, quedara dividida por territorios, al amparo de lo que dictaminaran los propios burgueses, que lograron hacerse con el cotarro. El éxito de éstos fue tal, que basta con mirar la realidad y configuración de nuestra sociedad, donde cada uno es de donde es, aunque todos seamos unos putos explotados al amparo de unos cuantos ricachones de mierda a los que les importa un pimiento España, Cataluña, Euskadi y la madre que las parió. Y éstos son los amiguitos de a los que se les llena la boca (y el bolsillo) con cada una de estas realidades.

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