Lápiz sin punta

saca-punta

La abobogada aduce locura transitoria. Estudió Derecho, con un lápiz sin punta.Ni romano ni positivo ni canónico. Aprobó por los pelos del profesor. Se los ponía de punta, y eso que era más bien fea.

Cuando se supo egresada, la abobogada no defendía mentiras. Ya no tenía lápiz, aunque seguía siendo un poco guarra. Ahora, se dedicaba a masturbar fiscales con su melena. Su vida era tan jodidamente patética, que la letratrada comenzó a parecerse a un lápiz (sin punta). Perdía el juicio con cierta frecuencia. Instigaba a sus contrarios visitándolos de noche. Coleccionaba las etiquetas de los buzones. Cámara en mano, retrataba los nombres.

Con el tiempo, sus viejas costumbres, le pasaron factura. Ya no leía los periódicos. Dejó de ser bloguera (Lápiz sin Punta, se hacía llamar) y tampoco escuchaba ya la radio. Su viejo lápiz sin punta un día le hizo sangre. Y la menopausia le trajo una nueva vida.

Nunca fue feliz.

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