Eva Vaz: “El sexo es un lujo barato y maravilloso”

Publicado en Odiel Información de Huelva el domingo 15 de febrero de 2009

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Autor: Ígor R. Iglesias

Eva Vaz (Huelva, 1970) no es ninguna otra mujer (‘La otra mujer’ es uno de sus libros). Esta onubense, de raíces isleñas (su familia es de Isla Cristina) no puede huir de sí misma. Es Eva y no puede ser otra. Su nombre es lo menos venenoso que le ha venido dado en la vida. Hay que leer su poesía para desentrañar la personalidad de una filósofa (es licenciada en Filosofía por la Universidad de Sevilla), cuya filosofía hoy por hoy consiste en “dejar de hacer más preguntas que no tienen respuestas. Vivir, esa es mi auténtica filosofía, vivir y arañar la felicidad como si se me fuera el presente y el futuro con ella”.

En marzo, sus poemas verán la luz en ‘Baile al Sol’, una editorial canaria que publica sin tener en cuenta “dónde” se escribe, sino “lo que se cuenta”. Eva Vaz escribe, ahora, desde Islantilla, refugiada en aquel lugar, lejos de la suciedad del aire y el suelo de una ciudad de la que sólo veía desde una cuarta planta de Tráfico Pesado (ahora Santísimo Cristo del Amor) las balsas de fosfoyesos y el Polo Químico, antes de volver a ser isleña. Vaz ha cambiado las casitas sin sol ni ventanas por la luz frente al mar, donde se sigue desnudando y enseñando todo lo que tiene, que no es poco. Bien lo saben los rafaleros (en Isla, mirones de la playa).

“La placidez aburguesada” de su generación, contra la que atenta Eva en sus nuevos poemas, se ha convertido en un modo de vida del que ella tampoco puede escapar. “Mis nuevos poemas son espejos sucios de toda una generación de la que soy parte”, explica. Su nuevo libro es una compilación de viejos y nuevos poemas en un solo volumen, que recoge la voz del yo poético de esta poetisa desde 2001, cuando dejó de hacer elegías a las sombras (su primer libro, publicado por Bar 1900, se llama ‘Elegía a una sombra’). Para Vaz, su poesía comienza ese año. El libro ‘Ahora que los monos se comen a las palomas’ supone el inicio aceptado, del que no se arrepiente, esta poetisa, cuyo consejo para los escritores noveles es que “no tengan prisa por publicar”. Su profesión de profesora de Animación a la Lectura y Creación Literaria le hace entender que lo más importante para ser escritor es leer y, por supuesto, escribir. “Para ser poeta hay que escribir”, se le ha escuchado decir en múltiples ocasiones a una mujer que vive del cuento (su empresa se llama Ex Libris, donde imparte talleres de Escritura Creativa de cuentos y poemas).

En la inminente publicación de la editorial canaria, Eva recupera para el lector poemas que ya no estaban al alcance de los amantes de la poesía. “Mis cinco libros [anteriores] están prácticamente descatalogados, inexistentes, y es hora de sacar lo mejor de todos ellos”, comenta Vaz. “A veces, una librería de Zaragoza, de Barcelona o de Plasencia solicita ejemplares y no se pueden enviar porque ya no existen ni se van a reeditar. Es hora de una buena antología que recoja todas mis palabras desde el 2001”. ‘La otra mujer’, ‘Leña’, ‘La ternura de las lobos’ y ‘Metástasis’ se unen al libro de aquellos monos del parque que se comían a las palomas.

La antología es, pues, una oportunidad para disfrutar con poemas donde Vaz desnuda el cuerpo y el pensamiento de la mujer, mostrando las miserias y bondades del ser humano; los miedos, las tristezas, la valentía y las alegrías de individuos que, en su debilidad o fortaleza, no son más que eso: individuos, con su mala suerte o buena fortuna.
el estilo. ¿Cuál es el estilo de Eva Vaz? “Creo que mi línea es la que separa el margen del resto del folio y que escribo desde el margen o, incluso, fuera de él. Y soy consecuente con estar fuera, incluso, de esa línea delgada y roja”, contesta Eva.

“Mis nuevos poemas tratan de distintas realidades. Nunca pensé que la vida, esa tercera persona hija de puta, fuera tan rápida y más seria que Hacienda”. Sus nuevos poemas, los extras, los que no ha recuperado de ningún libro, sino de sí misma, a base de mirar, sentir, padecer o vivir el mundo, “siguen moviéndose en el límite entre la ortodoxia y la heterodoxia”. Es, por ello, que no siempre será comprendida; pero es esa marginalidad la que la convierte en un igual al lector, pues lo que expresa el yo poético de Eva Vaz son los mismos palos, vicisitudes, desgracias, fracasos o aciertos en los que el lector se verá reflejado o reconocerá a otros.

Se trata de versos donde “hay denuncia, intensidad y realismo. Hay mi verdad, esa palabra que tan endeblemente se sostiene en la posmodernidad”. Será, por ello, que la poetisa dice de sí misma que vive “como una disfrutona” y escribe “como una decepcionada”. A pesar de que su poesía es muy personalista, Eva sabe diferenciar entre su yo poético y lo que ella llama “mi yo civil”. Por ello, admite que “la tragedia es hermosa sólo para la literatura, aunque la vida, a veces, sea realmente dramática”.

No obstante, lo que se dice de ella, lo dicen los otros. Si esta escritora es una referencia para la poesía heterodoxa, ella se inhibe de cualquier decisión que la implique en encasillamientos que ni le van ni le vienen. “Eso no lo puedo decir yo, han de decirlo los lectores. Si soy heterodoxa, molesta, marginal o incorrecta es algo que deben decirlo los críticos y los lectores. Yo estoy perdida: me invitan a congresos de lo más sui géneris y, en ellos, represento a la mujer que habla, a la generación de los Smiths, a la relación entre la poesía y las drogas, al realismo sucio”, argumenta.

Su sexo. No es que el sexo sea recurrente en los versos de Vaz. En su poesía, sólo la vida es importante, lo que nos pasa, lo que hay… El sexo aparece en los poemas como un disfrute y como un hecho natural. Su visión del mundo es atea, en el sentido religioso del término. “Rechazo una imagen antropocéntrica de Dios. Ese Dios no existe. Pero sí pienso en un Dios panteísta, que es el mar, la piedra, los animales humanos y deshumanos. Todo”, expone. Y en ese todo, el sexo “es mi mejor aliado. Ante la tristeza y la miseria de nuestro presente, el sexo sigue siendo un lujo barato y maravilloso” y “es, por suerte, una parte importante de mi vida, un espacio en el que, cuanto más me adentro, más descubro. La edad que me crece me hace regalos: mi sexo es una fiesta infinita, una suerte de placer y conocimiento”.
Vaz tiene “tatuajes hermosos que guardan secretos”. Uno de ellos es que se tiró a la poesía porque le “daba gusto y placer sin cobrar [risas]. Bueno, y porque me enriquecía más que escribir sobre Filosofía”. Y como el sexo, quizás la poesía tampoco “calma la soledad; la agudiza”.

Así es, en parte, Eva Vaz. Una mujer que tiene la suerte o la desgracia de haberse “perdido” en sus “propios reflejos, en el espejo. Soy Eva Vaz, la pirueta de un nombre”.

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