Papá Pitufo tiene un precio

Artículo de opinión publicado en Odiel Información de Huelva el viernes 6 de marzo de 2009

odiel

http://www.odielinformacion.es/index.php?option=com_content&task=view&id=12496&Itemid=774

Autor: Ígor R. Iglesias

Los altercados en Los Pitufos han puesto en evidencia el fracaso de las políticas sociales llevadas a cabo en la capital. El Ayuntamiento de Huelva se inhibe de toda culpa en la situación de muchas de las barriadas de la ciudad, cuyo comportamiento violento tiene diferentes causas, en una compleja realidad que es tratada con algo más que frivolidad e ineptitud por el equipo de Gobierno del alcalde (PP).

En los ataques a la Policía Nacional y quema de vehículos, al principio hemos imaginado a menores de edad. Pero los hechos nos estremecen cuando constatamos que son adultos los que se han liado a palos con seis agentes a los que muchos en el barrio acusan de haberse extralimitado en sus funciones. De ningún modo esto justifica que hasta 80 personas reaccionaran con violencia. De ser cierto, existen mecanismos judiciales para que unos policías no se pasen de la raya, pero tomarse la justicia por la mano de uno mismo sólo trae consecuencias catastróficas.

Lo que ha pasado (y es una constante) en Los Pitufos no es un hecho aislado. Podría enumerar hasta una veintena de barriadas y zonas en las que encontrar eso que los ciudadanos de a pie (y de aquí) llamamos ‘bajuneo’ o ‘burraqueo’.

Aunque a mí me gusta acudir a los datos, me dejaré llevar ahora por una percepción que no considero que esté muy alejada de la realidad. En Huelva, hay ciertas barriadas que se les han ido de las manos a aquellos que sólo se han preocupado de poner bombillas y farolillos por doquier en una ciudad que han convertido en una feria. El victimismo del Ayuntamiento con respecto a otras instituciones (siempre de otro signo) es una constante para justificar todos los males que proceden del nefasto destino que comenzó en el franquismo con el alzamiento de barriadas sin planificación social ni dotacional y que el Gobierno municipal de Pedro Rodríguez ha agravado de tal manera que el fangal sobrepasará el cuello de quien quiera adentrar sus pisadas por tales derroteros.

El alcalde ha jugado a ser Papá Pitufo y le han crecido los enanos. Es el responsable primero de una ciudad que se empobrece cada año, mientras sus víctimas, los mismos que hoy llamamos incontrolados (responsables de lo que hacen; cada padre y madre ha de velar por sus hijos), están a su suerte por 97.100 miserables euros.

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