Pillar al concejal

Artículo de opinión publicado en ODIEL Información de Huelva el domingo 27 de septiembre de 2009

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http://www.odielinformacion.es/index.php?option=com_content&task=view&id=19200&Itemid=843
Autor: Ígor R. Iglesias

 

Hasta ahora hemos visto a concejales con profesiones diversas, todas recogidas en el catálogo que manejan en las diversas oficinas del Servicio Andaluz de Empleo (SAE). Las incompatibilidades de cargos públicos son tan comunes como la impunidad con que algún que otro representante de los ciudadanos puede sumar parné tras parné. Son muchos los que ganan en un año lo que a usted o a mí (y si no es así, felicidades, campeón) nos cuesta un piso, con los 30 ó 40 años de endeudamiento.

Pero la incompatibilidad más grande a la que asistimos es a la de ser concejal y dedicarse presuntamente a traficar con droga, y venderla. Se piensa que las altas esferas respiran de otra manera, y en esto muchos políticos son medioambientalmente sostenibles. Pero de ahí a ser directamente el narco va un trecho (o Estrecho) y esto convierte al político en alguien con los huevos muy muy muy grandes. ¡Que lo presenten ‘pa’ alcalde!

Usted podría ser concejal, no ir a ningún pleno, trabajar contratado en un ayuntamiento, cogerse una baja y bajarse al moro. Una vez en tierras africanas, durante su convalecencia, que para usted podría ser como unas vacaciones, atisbaría sucursales de Nestlé (o marca el ‘jingao’) y se haría con el cargamento necesario como para quedar como un imbécil en el Puerto de Ceuta. Si usted pensara que podría pasar 11 kilos y pico de hachís por ahí… ¡Pues hay quien lo piensa, oiga!

Esto no sería lo más escandaloso, porque en el libro de estilo de los traviesos (políticamente hablando) encontramos algo que supera en altura a lo esperpéntico de ser un presunto traficante chapuza y a lo repugnante de tener la conciencia de una cucaracha. Esa altitud, que es igualmente repugnante, es la de aquellos que empañan la buena política, la necesaria política, la honrada política, permitiendo que individuos de este calado los representen a ellos y al resto de ciudadanos. Es éste el caso de un concejal que es también presuntamente un traficante de poca monta, pero podría hacerse extensible al mismo partido (PP) y a otros que, como éste, permiten que chaqueteros, embusteros, mangantes y sirvengüencillas, en general (de poca y mucha monta, que hay para elegir), se vinculen a sus siglas y puedan hacerse llamar servidores.

En el caso que nos atañe, ya había algo de repugnante antes de las elecciones y antes de lo de la droga y antes del balones fuera del Partido Popular. El individuo es un cunero, un relleno. Sería más digno para un partido que aspira, como dice, a gobernar, y que se llama serio y popular, huir de tales artimañas, que no son sino ridículas. Si no se tiene a nadie, pues nada, a hacer una reflexión sobre el porqué. ¿O al PP de Huelva sólo le importan los municipios que dan grandes sueldos a sus ediles (Huelva y Lepe, por ejemplo)?

El PP no ha suspendido a su edil, aunque delante de los micrófonos y las cámaras se diga de boquilla que sí. Pero ni hay fechas ni papeles. Ni lo sabían, se enteraron por ODIEL Información. Ojo, no reconocer los erroes (tener garbanzos negros) es tan cutre como ‘pillar’ a alguien para una lista electoral.

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