La Gran Vía

Artículo de opinión publicado en ODIEL Información de Huelva el domingo 8 de noviembre de 2009
Autor: Ígor R. Iglesias

La apertura de la Gran Vía es una buena noticia. Parece ser que el Plan E, al fin al cabo, no es tan malo y que Zapatero no es tan tonto, como dice la derecha (y aquellos payasos de cierto circo). Al PP de Huelva le sale gratis el gran lavado de cara del Centro de Huelva y al PSOE le costará que Pedro Rodríguez y los suyos se adjudiquen el mérito. Pero al margen de intereses partidistas, lo cierto es que todos los ciudadanos de Huelva hemos ganado en espacio y en belleza. Al fin y al cabo, parece que Huelva no es tan fea. No obstante, con la apertura de la Gran Vía al tráfico mañana veremos ciertos problemas que se prevén desde ya. Mañana observaremos cómo los peatones y conductores invaden el carril bici y cómo los viandantes tendrán dificultades a la hora de diferenciar la acera de la carretera, debido a que el carril para los vehículos está construido al mismo nivel. El Ayuntamiento debería haber previsto la colocación de unos pivotes que delimitasen el carril para los coches y autobuses del resto, incluso del carri bici y éste de dónde circularán los coches. Todavía se está a tiempo, nunca será tarde para las buenas dichas, de que el Consistorio coloque además unos bancos a lo largo de toda la Gran Vía, como los que ya lucen en la Plaza de la Constitución, la del Ayuntamiento. Pero aquello de delimitar bien por donde han de ir los coches de San Fernando, las bicicletas y los coches de verdad es más urgente, porque nadie ha de tener dudas de por donde ha de ir, ya que la moda actual consiste en elevar el asfalto o adoquinado al nivel de las aceras. Es entonces cuando habrá que delimitar con pivotes estos carriles, pues habrá más de un despistado que expondrá su vida a los conductores actuales (ceporros de todas las edades hay, decíamos la semana pasada). Y a los Fernando Alonso del volante, cuya vida sólo parece estar plena cuando pisan el acelerador, con una irresponsabilidad que los hace ridículos, si no pasa nada, y repugnantes, si ocurre alguna desgracia, habrá que ponerles tales límites, porque la Gran Vía se ha pensado para que los onubenses y visitantes paseen por las calles del Centro. Como en la Plaza de las Monjas, la Gran Vía será el espacio donde los niños anden a sus anchas, pues esta parte de la ciudad tiende a convertirse en el gran espacio de las personas y no de los coches, como debe ser (ese es el futuro; lo cateto es ir al comprar el pan en coche). Así pues, lo mejor de todo sería que el tramo que transcurre desde el Parque América hasta la Plaza de las Monjas debería quedar restringido para autobuses de línea, taxis y motos. El resto de vehículos sólo deberían acceder desde la Alameda Sundheim para acceder al parquin de la Casa Colón. ¿Para qué querríamos un espacio semipeatonal si los atascos van a quitar belleza a esto que hemos conseguido entre todos, unos poniendo el dinero y otros diseñando? A los amantes del volante habría que advertirles que el futuro está en el transporte público y a los gobernantes locales que la potenciación de éste les ahorraría muchos dolores de cabeza. Que Emtusa haya perdido la mitad de sus usuarios desde que gobierna el PP en la ciudad dice mucho de su gestión. Veamos, en 2010, si otras partes de la ciudad se benefician de esta magia: Campanilla toca la Gran Vía y la embellece. En ciertos barrios, sería una forma de inclusión social.

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