¿Para quién es la ciudad?

Artículo de opinión publicado en ODIEL Información de Huelva el domingo 22 de noviembre de 2009.
Autor: Ígor R. Iglesias

Uno camina por su ciudad, en la que nació, donde se ha criado, en la que trabaja, donde ha echado raíces, y se pregunta para quién es la ciudad. Un lugar donde decenas de miles de personas hemos de compartir espacio (y ya es difícil que dos lo hagan sin tener algún que otro roce) ha de estar sometido a una continua vigilancia. Pero no policial, que también. Vigilancia social, cultural, económica, la propia de un estado de derecho. Vigilancia de velar, de velar por los ciudadanos, no paternalistamente, sino realizando las labores propias de la gestión política.
Basta con poner un ejemplo tonto, de cosas que nos ocurren a diario, que no tienen en sí mucha importancia, aunque toquen la moral. Ayer mismo, antes de escribir este artículo de opinión, que seguramente hubiera tenido otro contenido, otras palabras, fui al Parque de las Palomas con mi hijo a jugar. Y de vuelta, camino del Molino de la Vega, hacia donde íbamos, encaminamos nuestros pasos por el Parque Zafra, un paseo juntos, la mar de bonito, con el Aqualon allá al fondo. Resulta que todas las puertas del parque, excepto las dos que se encuentran en el extremo que conecta este espacio con el Parque de las Palomas, se encontraban cerradas. Alguien camina y cuando ha recorrido unos 500 metros, resulta que las puertas del parque están cerradas.
Ni carteles ni explicaciones ni nadie a quien llamar. ¿Qué hace uno ante esto? Nada, o escribir un artículo de opinión. Pero quien no tiene esta suerte (espero que dure), le queda la opción de no poder hacer nada o despotricar contra quien uno imagina que es el responsable. He visto muchas veces a la Policía Local cerrar y abrir el parque, por lo que supongo que es el Ayuntamiento quien ordena tal cosa.
Sea o no el consistorio el responsable de esto, lo que me ocurrió ayer es lo mismo de siempre en esta ciudad, que políticos ineptos dejan a su suerte. Sinceramente, no necesito que nadie venga a decirme que soy onubense, porque eso lo sé desde que tengo uso de razón. No necesito que me digan que mi bandera es blanca y azul, porque desde que vivía de chico en la calle Puerto Rico, en La Orden Baja, con mis padres y mi hermano Óscar (mi hermana Míriam, aún no había nacido), ya bailaba yo esa sevillana de ‘Blanca y azul es la bandera de Huelva’. Y tampoco que me enfrenten con Sevilla, pues ¿en qué parte, que no sea una carretera, dice que esas piedras del suelo son ‘mi armas’ y las otras son de Huelva? No hay mayor ignorante que un provinciano nacionalista y desgraciadamente de esos abundan tela aquí y en Sevilla.
Lo que necesito como onubense es que el autobús no tarde tanto, que limpien las calles (ayer la Isla Chica daba asco, especialmente Viaplana), que haya alguien a quien no se le olvide abrir un parque (hay que ser chapuza) y tantas cosas que aquí no se vigilan y que sí en cualquier pueblecillo, donde hasta el único semáforo es cuidado como oro en paño.

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¿Cómo puede un parque estar cerrado un fin de semana entero? La foto fue tomada el domingo, 22 de noviembre de 2009, día de la publicación de este artículo en mi columna semanal del periódico, a las 13.56 horas.

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