Quizá son de Houston

Artículo de opinión publicado en ODIEL Información de Huelva el domingo 29 de noviembre de 2009
Autor: Ígor R. Iglesias

El Ayuntamiento de Houston se ha olvidado de sus ciudadanos. Ha de ser así, pues el de Huelva, al parecer, nada tiene que ver con la plaza que lleva por nombre el de aquella ciudad estadounidense. Sólo basta con pasar por allí y observar o, mejor, conocer la realidad que circunda a este lugar.

La Isla Chica es la zona más masificada de la ciudad y de Andalucía, sin zonas verdes, sin grandes espacios abiertos, sin parques infantiles, sin columpios. Una zona en la que miles de personas han visto cómo siempre ha sido un sitio esplendoroso, comercial, con una vida que el Centro perdía cada fin de semana y cada noche y que la Isla Chica siempre ha mantenido, no sólo los domingos y festivos, sino durante los meses estivales.

Pero esta realidad que sirve para describir a la Isla Chica de toda la vida, ya no existe en parte. Esta zona de la ciudad, compuesta por numerosos barrios, sigue siendo populosa, pero la falta de espacios verdes y de limpieza en sus calles o el abandono de las obras de la Plaza Houston y el solar del antiguo estadio, que sirve de improvisado (y cutre) aparcamiento y de escombrera, hacen patente que en Huelva, como en otras ciudades, existen ciudadanos de segunda y ciudadanos de primera.

Sin embargo, el caso de la Isla Chica es especial. Porque hay otras barriadas, las llamadas marginales, a su vez marginadas, que siguen igual que siempre. Esto, que debe servirnos también para avergonzarnos, y sobre todo a los dirigentes políticos responsables de desentenderse de toda actuación en materia de inclusión social (y a la luz de las políticas desarrolladas, el Ayuntamiento de Huelva encabeza la negra lista de la ineptitud y dejadez), es una constante a lo largo de las décadas en ciertas zonas de la capital onubense. Y mal hecho está no haber puesto solución. Pero dudo mucho que esto pudiera ser posible, sí se aprecia que no sólo no se ha actuado en aquellas barriadas, a las que muchos dan la espalda, aquellas en las que también viven personas, con sueños, ilusiones, desesperanzas, frustraciones, problemas, alegrías y penas.

No sólo no se ha actuado allá, sino que se ha dejado a su suerte a otras zonas con verdaderas posibilidades de ser el lugar ideal para criar a un hijo. Pero tal niño vivirá en sucias calles, sin columpios donde jugar, sin arboleda, sólo edificios, antenas y cables. Y lo peor de todo, lo que sí que tendría que avergonzar del todo al alcalde de Huelva, Pedro Rodríguez (PP), y a los que lo acompañan en su equipo de Gobierno, que asumen la línea y las actuaciones políticas conjuntas de tal equipo, es que los niños de la Plaza Houston lleven cinco meses jugando entre escombros, palés y cables que sobresalen de arquetas abiertas, por las cuales incluso se pueden caer. Ayer estuve allí. Lo vi con mis ojos. Hablé con los vecinos y con los comerciantes. Vi a esos niños jugando con una cuerda colgando de un árbol, a falta de columpios.

Luego, volví al periódico y en la Plaza de las Monjas había otros niños. Y comprobé que es verdad, que sí: existen unos onubenses de primera y otros de segunda. Pero esto al alcalde de Houston le importa un comino.

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