La ignorancia como capacidad

Artículo de opinión publicado en ODIEL Información de Huelva el domingo 6 de diciembre de 2009
Autor: Ígor R. Iglesias

Si yo tuviera que utilizar una silla de ruedas o muletas para desplazarme por las calles de mi ciudad, seguramente advertiría aceras rotas y rebajes del acerado en los pasos peatonales con un escalón que no cumplen su función. También observaría cómo hay zonas en las que no podría bajar de la acera sin ayuda de nadie y cómo hay rebajes, de esos de los que hablo, a varios metros de un paso de peatones (absurdo, ¿no?). Pero yo, afortunadamente, no me muevo en sillas de ruedas ni uso muletas, por lo que no caigo en la cuenta de que la línea cuatro de los autobuses de Emtusa no está adaptada para los discapacitados físicos, así como tampoco para personas de avanzada edad, debido a sus escalones. A veces, más de las que se debería, en la línea uno, dos y tres circulan autobuses urbanos, de esos alargados, con escalones tanto para bajar como para subir y a los que sólo se les ha cambiado los asientos (antes eran amarillos y ahora son naranja chillón).

Si sucediera en el ámbito privado, uno entendería que algún empresario agarrado colocara un cartel en un servicio indicando que está adaptando, pero sin haberle hecho la obra correspondiente. Esto, que es un ejemplo, le pasaría a quien no conoce la necesidad y aprecia más el dinero que la propia humanidad. Entendería que le pasara a alguien así, porque qué podría esperarse de un cabeza hueca como el descrito. Sin embargo, lo que no se entiende de ningún modo es que un ayuntamiento juegue constantemente a la improvisación en el planeamiento de la ciudad, dejando entrever que la planificación brilla por su ausencia. Aún más incomprensible es que una administración pública, como le sucede al Ayuntamiento de Huelva (PP), no garantice a las personas con discapacidad su derecho a ser servidos del mismo modo que el resto de los ciudadanos por aquellos que ostentan el cargo de servidores públicos.

 Cómo se nota que el alcalde y sus concejales no utilizan el transporte público onubense, por ejemplo. En Huelva, como en tantos otros lugares, pero hablo de Huelva porque este periódico es de Huelva y yo soy de aquí y vivo en esta ciudad, deberían inventar la Semana del Intercambio de Vidas. El alcalde y sus concejales podrían intercambiar por una semana sus vidas con cualquier ciudadano de cualquier barrio y vivir donde éstos y como éstos. Ya no veríamos al alcalde con guardaespaldas al estilo Whitney Houston, ni con chófer y coche que todos pagamos, ni huyendo de los ciudadanos para no hablar con ellos, ni dejando por hacer plazas enteras. Cualquier ciudadano ostentaría el cargo de alcalde y acabaría la Plaza Houston, sustituiría los autobuses que se han quedado antiguos porque nuestra mentalidad piensa en verde y no concibe los obstáculos para los discapacitados, se bajaría el sueldo a sí mismo y a sus concejales y ya no cobraría como alcalde más de 97.000 euros al año, pues tendría entonces sólo 12 pagas y no 14 y se congelaría el sueldo, para que quien quiera hacerse rico nunca piense en la política, sino en la empresa privada. Así nos iría mucho mejor a todos. Ya no sólo a los que se lo llevan calentito, mientras condenan su ciudad a la miseria, sino también a esos fanáticos seguidores de aquéllos, que se dedican a justificar la mala praxis de su ídolo, poniendo de relieve que la ignorancia es una de sus capacidades.

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