Política del cachondeo

Artículo de opinión publicado en ODIEL Información de Huelva el domingo 7 de marzo de 2010
Autor: Ígor R. Iglesias

La política del cachondeo es ejercida con total descaro. Como quien escupe en una sala de espera de un abogado y ni se inmuta, el Partido Popular (PP) de Huelva ha sabido abonar una forma de hacer política que peligrosamente ha educado durante 15 años las mentes de muchos ciudadanos de esta ciudad, ya de por sí desencantados con una democracia que supo nacer, pero no enamorar a los que se hacen llamar apolíticos.

Es el peligroso voto de quien se deja regalar el oído con charangas y alimentar con pitiscos pagados con dinero municipal, por no hablar de otros que se dejan comprar. Se dice que el pueblo al elegir en unas elecciones democráticas lleva toda la razón, pero no hay que olvidar que la democracia es sólo el sistema menos malo de gobierno que los ciudadanos hemos hallado.

Porque el votante más inteligente es aquel que se toma una mínima parte de su tiempo aunque sea en leerse los programas electorales de los partidos políticos y sigue la trayectoria de éstos a los largo de los cuatro años de legislatura o mandato municipal. Por eso, al margen de los ridículos que pagarían por limpiar el culo de Franco con sus lenguas, el votante autollamado apolítico es un peligro andante, ya que se deja seducir por demagógicos mensajes sin más reflexión que la de la pandereta que hacen sonar políticos cuyo quehacer en la gestión pública nos recuerdan las bombillas y farolillos de feria o la serpentina.

En este sentido, las comilonas y otros actos festivos pagados con el dinero de todos los onubenses, que asciende a los 88.500 euros (lo que cuesta un piso prácticamente) es, en primer lugar, algo repugnante desde el punto de vista político y ético. En segundo término, tal despropósito por parte de un Ayuntamiento, el de Huelva, gobernado por la derecha, que no invierte en planes de inclusión social efectivos, busca ese voto facilón y ‘apolítico’, donde las ideas y la evaluación de las actuaciones del gestor público pasan a un segundo plano, por no decir, son depauperadas hasta tal punto de aniquilarlas.

La falta de cultura democrática de este país, criado durante 40 años en la mala educación que procuraron el régimen fascista de Franco y la Iglesia Católica, y la falta de una adecuada educación para la ciudadanía desde el principio de la Democracia (una responsabilidad sobre la que el PSOE, por haber conformado gran parte de los gobiernos de los primeros años de este periodo –1982/1996– debería reflexionar) hacen que parte de la masa electoral se deje seducir por la política del cachondeo a la que nos tiene acostumbrados el PP onubense.

Este PP de Huelva no es sino la continuidad de la irresponsable manera de hacer política ultraconservadora de la derecha tradicional española de siempre, donde priman más las charangas que hacer más iguales a todos los onubenses, que hemos visto crecer nuestras diferencias en los últimos 15 años, con ciudadanos de segunda y otros de primera.

Pedro Rodríguez se equivocó de profesión. Su verdadera vocación era la de organizador de eventos. Un error de cálculo, fuera de cachondeo, que pagamos todos.

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2 thoughts on “Política del cachondeo

  1. Silvia says:

    Hola Igor,
    qué razón tienes!pero la gente vive en una cómoda ipnosis social,por falta de educación y por la falta de sensibilidad y sentido común, está claro y aunque la política no me interesa mucho (tengo que admitirlo) es cierto que tenemos que tomar las riendas y dejar esta sumisión voluntaria que aceptamos sin mas.
    Un beso

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