La crisis económica también se ceba con los inmigrantes

Reportaje publicado en ODIEL Información de Huelva el lunes 15 de marzo de 2010
Autor del texto: Ígor R. Iglesias/ Foto: Josele Ruiz
La crisis económica también se ceba con los inmigrantes

La crisis económica y el temporal están provocando mayores problemas en las economías domésticas de los ciudadanos. El colectivo de inmigrantes también se ha apretado el cinturón para sobrellevar una crisis que está afectando mayoritariamente a los sectores para los que éstos trabajan.

El campo, las actividades domésticas y la hostelería son los grupos de profesiones donde los inmigrantes han encontrado el cobijo laboral necesario para hacerse con un contrato y regularizar su situación.

El contrato de trabajo es vital para obtener el permiso de residencia, pero la crisis ha provocado que se reduzca drásticamente el número de contrataciones en la provincia y en la capital para este colectivo, que sobrelleva la crisis como el resto de ciudadanos, los españoles, pero con la diferencia de que “a lo mejor nosotros estamos acostumbrados a que la economía siempre esté mal, porque en nuestros países la situación es aún peor”, reflexiona Sonia, una colombiana.

Ante la Oficina de Extranjería de la Subdelegación del Gobierno en Huelva, situada en la calle Fernando el Católico de la capital, decenas de inmigrantes se agolpan cada día, a veces en colas interminables en las que pasan horas, incluso esperando desde el día anterior o desde la madrugada para no quedarse sin cita ese día.

La resignación se respira en el ambiente y nadie la oculta. Sin embargo, ésta queda solapada con la “alegría de tener trabajo”, como comenta Asia, una inmigrante búlgara, dedicada en Huelva a la recogida de fresas. Trabajar en un campo de Gibraleón se ha convertido para Asia en su propio ElDorado, ya que en Bulgaria “no trabajaba en nada porque no hay donde trabajar”, asegura.

Su caso es el mismo que el de otras compatriotas que la acompañan en la cola ante la Oficina de Extranjería, donde tras varias horas de espera intentarán obtener el pertinente permiso de residencia.

Este grupo de mujeres han venido a trabajar a Huelva contratadas en origen, según explican, y su estancia aquí se prolongará por “unos tres o cuatro meses”. Con el dinero que obtienen del campo onubense estas trabajadoras viven el resto del año en su país.

La crisis no pasa de largo en aquel lugar, pero la estancia en Huelva se convierte en el único parche que han encontrado para sobrevivir.

Estas mujeres van y vienen cada año y, concretamente, el grupo consultado lleva viniendo a Huelva cinco campañas, y es el único sitio que conocen de España. No necesitan “nada más” de este país, porque la economía onubense es de las pocas capaces de satisfacer las necesidades del grupo, según indican haciendo un esfuerzo por explicar en un español difícil de entender y salpicado de frases en búlgaro.

Sin embargo, hay quien también sobrelleva la crisis dedicándose a varios sectores económicos y moviéndose geográficamente para sortear los avatares económicos. Evelina, también de nacionalidad búlgara, lleva siete años en España, y vive todo el año a caballo entre Málaga y Huelva.

En aquella provincia andaluza se dedica a la hostelería durante la época estival y cuando llega el otoño y el invierno se traslada a Huelva para dedicarse a la recogida de fresas.

Sin embargo, las pérdidas que ha registrado el sector debido al temporal han motivado que muchos de los trabajadores locales y extranjeros se hayan tenido que quedar en casa, por lo que los ingresos han sido prácticamente nulos.

“De momento, con toda la lluvia y lo poco que hemos podido trabajar, no tenemos nada de dinero”, señala Evelina, quien también coincide con el grupo anterior en que su país “está muy mal, peor que España”.

Detrás de cada una de estas personas suele esconderse no sólo un problema económico, derivado de las circunstancias españolas. El drama que arrastran desde sus respectivos países deja historias personales donde, en muchos casos, estar separados de los hijos durante años se convierte en un denominador común para muchos de estos hombres y mujeres.

Es el caso de Marta, una boliviana que lleva sin ver a dos de sus tres hijos cuatro años. Llegó a Huelva estando embarazada, por lo que la única hija con la que vive es española. Marta recuerda cómo tuvo que “trabajar mucho y duro, en condiciones infrahumanas, sin derechos, para poder traerme a mi marido”. Y juntos viven y trabajan actualmente en Lepe.

Marta se ha dedicado al cuidado de personas mayores, un empleo remunerado, pero sin contrato, por lo que decidió cambiar de profesión. El campo lepero la ha provisto de un contrato de trabajo por un año, “lo mínimo que me exigen para tramitar mis papeles”, explica.

Esta boliviana también coincide en que en “en comparación con mi país, aquí estamos mejor”. Sin embargo, la actual crisis económica obliga a “tener que medir mejor el dinero y tratar de econonomizar”, expresa.

Una situación diferente vive Vicky, de nacionalidad venezolana. A pesar de no tener trabajo y tener un hijo de un año, Vicky sale adelante “gracias a todo el dinero que he ido ahorrando”. Sin embargo, no sabe “cuánto podré aguantar, aunque por el momento no me puedo quejar”. Si no encuentra trabajo, “volveré a Venezuela”.

Los extranjeros han propiciado una red comercial propia

El tejido comercial que ha generado el rápido crecimiento de la población inmigrante en la provincia de Huelva se expandió a través de un número nada desdeñable de tiendas de alimentación, bares y otros establecimientos cuyos clientes preferentes eran algunos de los colectivos de inmigrantes, según la nacionalidad de éstos.

Así como los andaluces repartidos por el resto de España y otros países europeos y latinoamericanos primordialmente encuentran su Casa de Andalucía, los inmigrantes ecuatorianos y colombianos han sabido crear su propia red social en la capital onubense, con una suerte de bares en la calle Bonares o junto a la Iglesia del Rocío, que dan cuenta de la alta población inmigrante que concurre en Isla Chica.

Y todo ello sin dar cuenta de los numerosos locutorios, que en todos los casos se convierten en puntos de encuentro en los que darse cita con los compatriotas, establecimientos éstos que también salpican el plano urbano del citado barrio (calles Antonio Delgado, Nicolás Orta y Conde López Muñoz, entre otras).

En esta última calle, además se encuentra una tienda de productos de Rumanía, en la que los ciudadanos de ese país y de otros de la Europa del Este encuentran un lugar en el que poder adquirir los productos típicos de su tierra.

Además, los bolivianos también pueden comprar los comestibles de este país en la calle Antonio Delgado.

Los chinos registran pérdidas en su negocios

Los comercios chinos también están sufriendo las consecuencias de la crisis y, aunque han sido en muchas ocasiones acusados de dilapidar el negocio local autóctonos, éstos siempre se han defendido indicando que sus tiendas y restaurantes son una fuente de empleo.

Sin embargo, en la actualidad los chinos han visto cómo la crisis económica ha provocado que sus ganancias caigan en picado, debido a un “descenso drástico en las ventas”, tal y como señala el presidente de la Asociación de Comerciantes Chinos en España, Felipe Chen.

Éste ha valorado tales pérdidas entre un 20 y un 30% para las tiendas de ropa y calzado de este colectivo y entre un 10 y un 15% para sus restaurantes, cuyo perfil económico se adapta a las circunstancias económicas. Pero ni así los chinos se libran de la competencia que sobre éstos están ejerciendo los restaurantes de comida rápida, que ofertan comida inmediata a bajo coste, o la proliferación de kebaps, establecimientos de comida turca.

“Las grandes cadenas de ropa están ofreciendo productos como camisas o blusas a 5 ó 6 euros, incluso menos”, señala Chen, “y nos cuesta competir con eso”, a pesar de que los precios en las tiendas chinas también son muy bajos, algo que sí supone una competencia difícil de superar para los pequeños y medianos comercios españoles, que se agarran a la calidad de sus productos para mantener a su clientela.

Sin embargo, la situación del colectivo chino está teniendo una “clara repercusión” sobre el empleo que generan los negocios orientales, según expresa el representante de la citada asociación empresarial.

El trasvase de población china desde aquel país a España ha quedado paralizado, pues, debido a la crisis. “Vienen menos chinos porque ahora está la cosa más difícil”, explica Felipe Chen, quien advierte además de que “también muchos han tenido que buscarse un empleo en otros sectores”, por ejemplo, en la traducción de lenguas, siendo contratados como “intérpretes de chino por la gran cantidad de ciudadanos de China que existen y que administrativamente muchas veces necesitan ayuda con la lengua española”.

Los trabajadores españoles que dependen de las tiendas y restaurantes chinos también se están viendo afectados, ya que en muchos casos se trata de negocios familiares y, cuando las cosas vienen mal dadas, se prescinde del empleado contratado.

En Huelva, en este sentido, se ha convertido en habitual ver a onubenses trabajando para los negocios chinos, tanto en bazares, como tiendas de ropa o en los propios restaurantes, no sólo como repartidores a domicilio de comida, sino también de camareros.

Las circunstancias económicas actuales a nivel internacional están teniendo una incidencia directa no sólo en la creación de empleo dentro de este colectivo, sino también en la pérdida de puestos de trabajo.

No obstante, el descenso en los ingresos económicos del conjunto de negocios de los ciudadanos chinos en Huelva no provoca el cierre de sus respectivos establecimientos hosteleros o textiles.

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