La bajada de la Cuesta del Carnicero acusa el abandono

Reportaje publicado en ODIEL Información de Huelva el lunes 26 de abril de 2010
Autor: Ígor R. Iglesias / Foto: Javier Navarro
La calle Menéndez Pidal presenta acerado roto, suciedad y escombros

Una cuesta descarnada. El juego de palabras que da al llamarse popularmente Cuesta del Carnicero refleja la realidad en la que se encuentra la calle Menéndez Pidal: aceras rotas, escombros, socavones, entre otras carencias y destrozos que no son reparados.

Todas las miradas se centran en el Ayuntamiento cuando de buscar un responsable se trata debido a la situación en la que se encuentra esta vía onubense, una de las más concurridas por los conductores y que figura dentro de los itinerarios alternativos señalados por el Ayuntamiento de Huelva para los que transcurren en sentido Centro por las avenidas de Andalucía y San Sebastián.

Junto al intenso tráfico de vehículos, los viandantes son testigos de una realidad que hace de este lugar, que se encuentra a escasos metros de la Plaza de la Merced, en pleno Centro de la ciudad, un sitio más propio del Tercer Mundo que de un país desarrollado. O lo que es lo mismo: de una ciudad ‘de primera’.

Tomando como referencia el sentido de la circulación de esta calle (por donde bajan los vehículos que provienen de la rotonda de Juan Ramón Jiménez; junto a la Clínica Los Naranjos), la margen izquierda de esta vía, presenta el viejo acerado que aún hoy se observa en gran parte de la capital onubense, por lo que sus losas “no se han repuesto en décadas”, tal y como constata un vecino de la zona.

Esta dejadez provoca que donde el acerado está roto, no se actúe, algo que tiene consecuencias sobre la movilidad de discapacitados y de mayores. Pero existe otro peligro: una farola arrancada de cuajo no sólo provoca que en la calle haya menos iluminación; los cables de la inexistente farola, que ha dejado con su ausencia el citado acerado roto o sin losas, están al descubierto. Y no se trata de una zona aislada, ya que junto a esta realidad se encuentra la máquina dispensadora de los tickets de la Zona ORA, donde los conductores han de pagar por aparcar en esta denominada Zona Azul.

En la acera de enfrente, la del lado derecho de la calle (según se baja), la acera está igualmente rota en dos tramos y a lo largo de la misma, los peatones han de andar entre hierbajos y todo tipo de suciedades, entre las que se observan cristales rotos, envases, litronas, entre otros desperdicios. Los ciudadanos consultados por esta redacción y que viven en la zona o pasan a diario por la misma indican que “no se limpia” y es una realidad constatable, ya que los restos de basura se mezclan con escombros que comparten acera con los peatones.

El desnivel de este acerado con respecto al asfalto no es salvado por ningún tipo de valla y algunos de los bordillos de esta parte superior de la acera están arrancados y dejados a su suerte o sobre la misma acera o en las mismas plazas de aparcamiento de la calle.

En la parte baja de la calle, las condiciones en las que se encuentra la vía para los peatones provoca que éstos hayan de andar unos metros por la carretera, con gran inseguridad vial para éstos.

La zona tampoco se libra de los baches

Los conductores que circulan por esta calle onubense tampoco se libran de los socavones. Tan sólo con girar en la rotonda de Juan Ramón Jiménez una alcantarilla anticipa a los conductores lo que les espera mientras bajan hasta la plaza de La Merced: el suelo ha cedido y la arqueta de la alcantarilla se está hundiendo a pasos agigantados mientras un gran escalón está abriéndose en plena vía, con el consiguiente riesgo que esto conlleva, especialmente para los conductores de motocicletas y ciclomotores, algunos de los cuales ya han advertido del peligro de caídas por accidente.

Siguiendo cuesta abajo el asfalto una vez que se toma la curva de esta calle en dirección a La Merced es, como en otras muchas calles, como sortear obstáculos en una prueba de habilidad para conductores. O como los consultados por este periódico señalan, “hacer rally”.

En plena calle se observa un suelo agrietado que se ha abierto hasta dejar al descubierto un socavón que cruza gran parte de la calle de arriba a abajo, algo que se repite a lo largo de toda la bajada en ambos carriles por los que está conformado este sentido de la circulación.

La llegada a La Merced hace honor a esta realidad y los socavones forman parte del asfalto mucho más que la pintura señalizadora vial, que está deteriorada o simplemente borrada a lo largo de toda la vía.

Los conductores de los coches muestran sus quejas por los inconvenientes que estos socavones les están ocasionando, porque “están por toda la ciudad” y suponen “un desgaste del vehículo”, indica un conductor.

Farolas. Arrancadas y con los cables al aire libre

La acera rota ocupa media calle. La farola no está, pero sí sus cables, que se encuentran al aire libre. Al lado hay una máquina donde los conductores han de pagar la Zona Azul, por lo que el trasiego de gente es constante junto a esto que los consultados por esta redacción tachan de “vergüenza”. Los ciudadanos se preguntan por “qué está haciendo el Ayuntamiento de Huelva, porque la verdad es que está todo abandonado”. En este sentido, critican al alcalde, como máximo responsable, y muchos ya piden su cabeza: “Lo que tiene que hacer el alcalde es retirarse y no tener la ciudad como la que tiene, porque ha demostrado que no la quiere, porque si no no la tendría así”, comenta Esteban, un conductor que acaba de aparcar el coche y se dirige hacia la citada máquina en la que posteriormente abona la cantidad correspondiente por aparcar su coche en la vía pública: “Otro atraco a mano armada”, añade.

Sin accesibilidad. Dificultades para los peatones

n Pero la acera no sólo está rota en esta calle Ramón Menéndez Pidal, conocida como Cuesta del Carnicero, sino que en diversos tramos es inexistente. Incluso vallas colocadas para que los ciudadanos no se precipiten por zanjas abiertas para evitar que se aparque en el descampado contiguo están tiradas y lejos de cumplir su función de proteger se han convertido en un obstáculo más. Los viandantes han de andar junto a los coches que circulan y que bajan por esta cuesta a una velocidad considerable, lo que entraña un peligro para los que no tienen más remedio que andar por esta zona. La accesibilidad para los discapacitados es inexistentes y este colectivo ciudadano sufre como ningún otro la dejadez municipal de una ciudad que parece que se cae a pedazos sin que lo que se estropea sea reparado, algo que provoca el malestar en los ciudadanos consultados por esta redacción.

Suciedad. Las basuras se acumulan y no se limpia

No hace falta buscar, sólo caminar por esta acera que baja hacia La Merced, para ver cómo la limpieza y la recogida de ciertas basuras brilla por su ausencia. Porque junto a las vallas caídas y entre los hierbajos que surgen de la acera, es fácil ver en la misma restos de todo tipo de desperdicios, incluso hasta de una papelera rota de la acera de enfrente, lo que indica que el problema no sólo es de limpieza sino también del cuidado en las infraestructuras. Junto a restos de revistas, envases de todo tipo y escombros (en plena acera) proliferan restos de vasos tanto de plástico como de cristal. Algunas de las personas entrevistadas para la elaboración de este reportaje (vecinos de la zona y viandantes) señalan que es un “peligro” tanto para los niños como para los más mayores, que pueden tropezar y caer.

Vertedero. Sofás, frigoríficos, escombros y ratas

n Junto a los desperdicios menores, en los solares contiguos a la acera se pueden ver sofás, frigoríficos o, incluso, un aire acondicionado tirados en la vía pública como si de un vertedero se tratara. Tal acción está prohibida y es objeto de multa, algo contemplado mediante ordenanza municipal. Pero la existencia de este tipo de descampados y que se encuentran en este estado (no sólo en la calle Menéndez Pidal), hacen que muchos actúen con total impunidad a la hora de abandonar restos del mobiliario que ya no usan y del que se deshacen en cualquier parte. Esto sucede junto a un centro sanitario (Clínica Los Naranjos), lo que agrava aún más el peligro de insalubridad. Los consultados indican que es un “nido de ratas” y “foco de enfermedades”, además de “una vergüenza”.

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