Adoratrices. La maleza provoca la aparición de ratas

Reportaje publicado en ODIEL Información de Huelva el lunes 31 de mayo de 2010
Autor: Ígor R. Iglesias

La barriada de las Adoratrices se ha convertido en la gran olvidada del Ayuntamiento: aceras obsoletas, desniveles sin barandilla, maleza que nadie limpia, calles con el asfalto en mal estado… y ratas. Es parte de lo que denuncian los vecinos, que no dudan en señalar al alcalde: “Que se ponga las pilas”.

Son palabras de María Ropero, una vecina de la calle Juan Sebastián Elcano, que desde su casa (vive en un bajo) contempla cómo su barrio ha pasado a ser en los cerca de los 50 años de existencia de este conjunto de bloques de pisos en un lugar descartado casi por completo de toda política hecha desde el Ayuntamiento de Huelva.

Así se sienten los vecinos y Antonio Garrido es explícito: “Está todo dejado y deberían prestar más atención”. Eso en lo que los vecinos se sienten descuidados son las infraestructuras y los servicios municipales, porque ya ni las alternativas de ocio son una prioridad en los barrios de la ciudad. Ahora, lo más acuciante son asuntos tan básicos como las aceras, la limpieza, la higiene urbana o la eliminación de las barreras arquitectónicas.

La edad media de muchos de los habitantes de los barrios de la capital onubense ha aumentado tanto que esta gran masa social está sufriendo las consecuencias de que aún existan barreras arquitectónicas en la ciudad. En el caso de las Adoratrices, las escaleras de la calle Juan Sebastián Elcano se han convertido en un molesto compañero de viaje para estos vecinos, ya que los edificios de esta calle se encuentran en una acera a la que se accede a través de varios tramos de escalera, debido a que el acceso a las viviendas está a más de un metro de altura con respecto al nivel de la calle.

Los vecinos se quejan de que no haya rampas y que los únicos accesos al margen de estas escaleras estén localizados en las dos esquinas de la calle, distancia que “para las personas mayores o con discapacidad es un problema”, expone Luis, otro vecino.

Sin embargo, María Ropero, que se encuentra en este segundo grupo ni siquiera piensa en ella, en su situación, a la hora de exigir medidas al Ayuntamiento: “Nos gustaría que pusieran barandillas para que los niños no se caigan”.

En general, “las aceras necesitan alguna reforma”, expresa José García, vecino de la calle Docampo.

Ropera añade, indignada, que “está todo hecho una porquería”, pero “no por los que vivimos aquí, porque afortunadamente en este barrio no hay ‘chusmerío’ ni niñatos”. El Ayuntamiento es quien recibe todas las culpas, ya que los vecinos tienen claro quién es el responsable y quién debería realizar las labores que ellos en algunos casos llevan a cabo: “La mujer que vive ahí al lado limpia su trozo de acera, porque si no, nadie lo hace”, indica María Méndez, vecina de la calle Briceño.

En este sentido, María Ropero también dice cómo su hijo “arranca los hierbajos y me limpia la calle un poco para evitar que haya tantos bichos, pero eso lo debería hacer alguien del Ayuntamiento, no mi hijo, que nadie le paga por hacerlo”.

Por su parte, otra vecina, Mariló de la Cruz también se queja de la maleza, que “crece por todas partes, por las aceras, de los árboles y en los solares, donde ya eso es una auténtica selva”, dice esta vecina.

Los problemas más que estéticos, que también, están en el ámbito de la higiene urbana, ya que los vecinos se quejan de que estas malas hierbas, que proliferan a lo largo de toda la ciudad, tanto en las zonas antiguas como en las nuevas, están provocando que “haya más bichos”, dice Antonio Garrido.

Las cucarachas “se ven ahora como no se ha visto en años”, añade este vecino. Y sí “asco” dan estos insectos, como señala Mariló de la Cruz, “las ratas son un horror y son de este tamaño”, dice esta vecina estirando el brazo queriendo indicar la longitud de estos roedores, que según los vecinos son “como liebres”.

“Hacía años que no veía tantas ratas como ahora”, dice Luisa, una vecina de otro barrio, usuaria del Centro de Salud de las Adoratrices, a pocos metros de este conjunto de casas. Esta realidad se da en varios puntos de la ciudad, según los testimonios recogidos por esta redacción a pie de calle y que este periódico también a comprobado ‘in situ’ en La Merced, Isla Chica, Las Colonias, el Centro o el Matadero.

Los solares que provocan estos problemas en las Adoratrices se localizan en las calles Huerto Don Moisés y Juan Sebastián Elcano y también en las alcantarillas, donde en algunas de las cuales algún que otro vecino ha colocado felpudos para “evitar que salgan cucarachas y ratas”, indica un hombre que prefiere no dar su nombre.

El estado de los solares es lamentable: enseres abandonados, heces fecales de animales y maleza de hasta dos metros de altura son los elementos que componen estos espacios donde los malos olores se acumulan y en los que los insectos abundan, provocando molestias a los vecinos.

Éstos se quejan también de que “no se podan los árboles y que a los pies de estos hay porquerías que nadie limpia”.

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