Matadero: coches discotecas y alboroto nocturno

Reportaje publicado en ODIEL Información de Huelva el martes 8 de junio de 2010
Autor: Ígor R. Iglesias

Discotecas móviles en coches semituneados. Alboroto. Peleas. Consumo de alcohol. Venta de droga. Gritos contra los vecinos que osan protestar. Es parte de la realidad del Matadero, un barrio en apariencia tranquilo, semirresidencial, donde el “trapicheo” de grupos de jóvenes que viven en otras zonas de la ciudad traen de cabeza a los vecinos de la avenida Escultora Miss Whitney más próxima a la Escuela de Arte León Ortega.

“Desde hace un año y tres meses, venimos sufriendo una situación bajo nuestra casa que a día de hoy es insostenible. Tenemos dos balcones que dan a la avenida y desde ambos podemos ver el parque que hay detrás de la escuela justo al lado de una zona infantil de juego y unas pistas polideportivas que aparte de su uso diario para el barrio, las usa la Escuela para la práctica de Educación Física”. Es el testimonio de un vecino, de los siete que se han atrevido a denunciar esta situación ante el Ayuntamiento. Y atreverse ya es un paso, porque las amenazas son constantes, según los afectados.

“Desde que vinimos a vivir a nuestro humilde piso en el año 2008 observamos que en dicho parque había un ‘trapicheo’ raro de una serie de jóvenes, los cuales se llevaban todo el día en el parque sin trabajar ni estudiar y sospechosamente, todos con vehículos que mantener”. El vecino que ha hablado con esta redacción se apoya no sólo en su propio testimonio, sino en las fotos que ha hecho a diferentes horas del día y que presentan varias tonalidades de luz, según la hora.

Estos grupos suelen aprovechar el aparcamiento que hay en la parte trasera del antiguo edificio del Matadero para estar a sus anchas, provocando todo tipo de ruidos y ensuciando el entorno, tal y como reflejan las fotos.

Pero ésta no es la única ubicación de estos visitantes (se trata de jóvenes que viven en otras zonas de la ciudad), ya que cuando cae la noche se sitúan en el antiguo quiosco de Mercedes, el que se encuentra justo enfrente de la citada escuela de arte.

En este quiosco, que según los vecinos lleva cerrado tres años, “a partir de las 21.30 horas comienzan a escuchar música con los coches, a vociferar porque es lo único que saben hacer, y a provocar cuando se les llama la atención” y lo hacen “debajo del balcón donde dormimos”. La ‘fiesta’ se prolonga “hasta las 3.00 horas”, con “coches en doble, y a veces, en triple fila”. Y al amanecer… “más suciedad”, como la acumulada detrás de la escuela de arte, pero “debajo de nuestras casas”.

Las fotos aportadas por los vecinos no tienen desperdicio: en las mismas se ve lo que éstos cuentan con sus palabras y, además, cómo uno de estos jóvenes “arranca el cartel de la escuela de arte”, “con menores con edad de estar escolarizados” o “peleas con otras bandas que quieren también el control de la situación”.

Este problema se agrava si al factor callejero se le añade el de las administraciones, porque los vecinos no han encontrado ningún apoyo ni solución, según dicen, en el Ayuntamiento de Huelva.

Y es que “después de llamar cada día a la Policía Local para recordarles que su obligación es dispersar estas reuniones según viene recogido en la Ley sobre Potestades Administrativas en Materia de Determinadas Actividades de Ocio en los Espacios Abiertos de los Municipios de Andalucía (de 2006) y en la Ordenanza Municipal para la Corrección de Contaminación Acústica en la Ciudad de Huelva (vigente desde 2002), éstos se sienten ofendidos diariamente por decirles cómo deben hacer su trabajo y no actúan como deben”, indican indignados los vecinos que han denunciado el caso.

“Sólo queremos descansar y no podemos y eso parece ser que es más difícil de conseguir que la Policía Local eche una bronca a unos ‘niñatos’ y disuada la situación”, afirman acalorados los denunciantes, al tiempo que se preguntan sobre “quién sale perjudicado”, sabiendo de antemano la respuesta: “Los vecinos que tenemos que trabajar honradamente al día siguiente para llevar una vida más o menos decente”.

La primera vez que detectaron la presencia de estos jóvenes fue en abril de 2009, pero no fue hasta julio de ese año cuando dieron un paso adelante y “decidimos enviar un escrito” a la Asociación de Vecinos ‘Santa Ana’, del Matadero, cuyo presidente, según los vecinos, “dice que el problema lo va a arreglar él, porque tiene mucha mano en el Ayuntamiento”. Sobre este hecho, y preguntado en varias ocasiones por el asunto, José Luis Rebollo, el presidente de la citada asociación vecinal, ha declarado a esta redacción que el asunto ha sido comunicado a los responsables de la Policía Local, de la Policía Nacional y del Ayuntamiento.

Pero los vecinos indican que el problema se ha seguido dando desde entonces hasta ahora: “Ruidos insoportables de voces y música, menudeo de droga bajo nuestras casas, provocaciones cuando se les llama la atención, pasividad de la Policía Local ante la situación, y un largo etcétera”.

Es, por ello, que decidieron llamar a las puertas del defensor del Onubense, Manuel Rodríguez, y del inspector de Participación Ciudadana del Cuerpo de la Policía Nacional, Ángel Tomé. El primero, los puso en contacto con la concejal de Policía Local, Carmen Sacristán (PP), que los atiende tras tres meses de espera y de cuya reunión apenas sacan nada, porque las medidas acordadas quedaron en palabras que no se han concretado en hechos. El segundo, ofrece la vigilancia de las patrullas de la Policía Nacional y “durante un par de semanas ésta logra en varias ocasiones dispersar a la pandilla mafiosa, actuando de manera magistral y ejerciendo las competencias de la pasiva Policía Local”, expresa uno de los denunciantes.

Pero cuando las aguas vuelven al cauce original, los insultos contra los vecinos se producen hasta delante de la Policía: “A finales de octubre de 2009, mi esposa habla en la puerta de nuestra casa con dos policías locales de la situación insostenible que estamos viviendo y ni cortos ni perezosos, delante de la Policía, [los jóvenes] llaman chivata a mi esposa”.

Y es cuando los vecinos pasan de las palabras y la burocracia a los insultos contra aquellos que lo insultan, una situación producto del incumplimiento de las competencias que le son propias de los poderes públicos competentes.

Esa ‘pelea’ entre vecinos y ‘niñatos’ ahuyenta en cierto modo a estos últimos que desde octubre hasta mayo han estado alejados del citado quiosco. Pero en las últimas semanas, éste ha vuelto a convertirse en territorio ‘comanche’.

Los mismos problemas que en 2008 se dan en la actualidad y ahora la única salida que les queda es la vía judicial o tomarse la ley por su cuenta.

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