El Greco: ¿Pistas… deportivas?

Reportaje publicado en ODIEL Información de Huelva el miércoles 9 de junio de 2010
Autor: Ígor R. Iglesias

El Licinio de la Fuente es un barrio de contrastes. La reforma de sus calles interiores, peatonales, contrasta con el estado de sus accesos y de sus pistas deportivas, las del Pasaje de El Greco.

La zona deportiva del lugar roza lo esperpéntico. En primer lugar, su cancha de baloncesto es usada como aparcamiento. Sobre la pista se ve perfectamente delimitado cada uno de los campos donde en su tiempo se practicó el baloncesto.

Ahora, sobre la cancha se aparcan coches y todo con la connivencia de la propia asociación vecinal y el Ayuntamiento de Huelva, algo que llega a materializarse hasta en un cartel a la entrada del supuesto complejo deportivo. Donde podría leerse, siguiendo el sentido común y el espíritu y valores deportivos que hoy en día invade todos los aspectos de la sociedad: ‘cuide las instalaciones, son de todos’, por ejemplo, lo que se lee es el siguiente mensaje: “Aparque bien, el aparcamiento es de todos”.

El único espacio para poder aparcar “bien” es sobre la cancha de baloncesto, donde por supuesto no hay canastas.

Al lado de esta pequeña pista deportiva se encuentra otra, de mayores dimensiones, pero aún más inútil. Se trata de la fútbol sala, en la que es impracticable tal deporte o, al menos, con las garantías suficientes de que al usuario de estas instalaciones no le pasará nada.

Porque el menor riesgo que un deportista (es decir, un niño, un joven…) corre en este abandonado espacio deportivo es salir malherido, ante la multitud de obstáculos que encontrará para una adecuada práctica deportiva.

Esto es así a tenor del estado de la pista, que está literalmente desquebrajada, repleta de matorrales, que sobresalen del suelo y que, en cierto modo, delimitan los distintas partes del campo, algo que deberían hacer las líneas que aún permanencen pintadas, sin que el tiempo y el abandono hayan podido con ellas.

Los cristales y los objetos pequeños de variada naturaleza (mecheros, latas de refresco, tornillos, entre otros) completan la situación real en la que se encuentra una zona que ni es aparcamiento (aunque se use como estacionamiento) ni es pista deportiva (aunque fuera concebida como tal).

Al menos, en el lugar, en la pista grande, la de fútbol sala, sí hay porterías, a diferencia de otros lugares de la ciudad, donde sus pistas cuentan con ladrillos o adoquines, a modo de porterías, como si de chanclas clavadas en la arena de la playa se tratara. Sin embargo, tales porterías presentan los remiendos propios de la dejadez del que gestiona: los jóvenes del barrio, ante la falta de redes en las porterías, han usado parte de las vallas metálicas que delimitan (o delimitaban, ya que en algunos tramos ya ni existe) el espacio pseudodeportivo.

Esta especie de red tiene diversos remates (los filos de la valla metálica) con los que es fácil cortarse, lo que supone otro riesgo añadido para el que practique cualquier actividad deportiva en el lugar. Porque si practicar el fútbol es un riesgo, simplemente la práctica deportiva del footing o de otra naturaleza es un peligro con mayúsculas: el acerado contiguo a la pista está destrozado o deteriorado, según los tramos, y sobre el mismo, se levanta una selva de matojos, que dificulta el tránsito.

Por otra parte, el hecho de que la valla que delimita este lugar esté deteriorada supone otra amenaza para la seguridad de los usuarios de este espacio público. Detrás de la portería inmediatamente más cercana a la avenida Santa Marta, que discurre a pocos metros de este lugar, contiguo al Parque Moret, la valla está caída sobre la pista y un gran poste que sostiene la malla metálica está sostenido, a su vez, sobre la rama de un árbol, que impide, por el momento, que esta caiga sobre el suelo.

Los múltiples signos de fogatas que existen en este espacio completan la imagen de lugar abandonado y en el que el caos parece reinar. Los desperdicios que se acumulan en los alrededores, dentro del recinto, se suman al abandono, ya que tal estado denota la falta de atención municipal en cuanto a la prestación de los servicios públicos en materia de limpieza, algo que se suma a la dejadez en materia de infraestructuras y en materia deportiva.

Las opiniones sobre lo que pasa en el lugar divide a los consultados por esta redacción: 1) están los que valoran la comodidad de aparcar sin más, a pesar de que el barrio cuenta con varios estacionamientos, aunque, al parecer insuficientes, según algunos vecinos; y 2) los que ven con malos ojos (“una vergüenza”, dice un vecino) que se aparque sobre una cancha, ya que “es el único lugar más próximo en el que jugar al baloncesto o al fútbol”.

En cualquier caso, esta situación contrasta con la imagen interior del Pasaje del Greco, donde su acerado es nuevo, las calles están limpias, los jardines están cuidados… Las barreras arquitectónicas son el gran problema de la cara más bonita del barrio, ya que de los tres accesos peatonales a estas calles, sólo uno cuenta con una rampa y precisamente, es la acera que no fue sometida a remodelación alguna.

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