Cataratas de suciedades en la calle Niágara y su entorno

Reportaje publicado en ODIEL Información de Huelva el martes 22 de junio de 2010
Autor: Ígor R. Iglesias

Es La Orden Baja, pero parece un basurero. Son auténticas cataratas de desperdicios dispuestas en callejuelas sin nombre y que forman parte del entorno de dos edificios de viviendas sociales de la calle Niágara, habitados desde finales de la década de 1980.

Los vecinos de ambos edificios conviven con basuras de todo tipo en las calles contiguas. Es la frontera que los separa del Colegio de Educación Infantil y Primaria ‘Giner de los Ríos’, en cuyas inmediaciones se acumulan basuras y muebles y electrodomésticos abandonados.

Andar por las escaleras por las que se salva la pendiente que conforma la fisonomía de La Orden y a través de las cuales se accede desde estos edificios al citado centro educativo es complicado y, que lo hace, ha hacerlo con cuidado, no sólo para evitar un tropiezo con cualquier objeto dejado a su suerte en plena vía pública, sino para no ensuciarse los zapatos con las heces fecales repartidas por la acera.

Los matojos que sobresalen del suelo apenas dejan ver los escalones, por lo que el peligro es mayor para aquellos que usan tales escaleras, donde también se acumulan bolsas, envases, restos de alimentos y de otros productos (paquetes de patatas, latas de refrescos, cristales de botellas rotas, entre otros).

Subiendo la pendiente, los hierbajos son tan exagerados como el hecho de que en plena vía pública haya abandonados un carrito de bebé roto, puertas de muebles y utensilios de cocina que alguien no quiso depositar en el contenedor correspondiente (cacerolas).

Bajando la escalera, se accede a la parte trasera de la calle Niágara, donde aparcan los vecinos su vehículo junto a un desnivel de unos tres metros de altura del que sólo avisan cuatro pivotes que no evitan el riesgo de que alguien se precipite al vacío, especialmente los menores de edad. “Cada vez que aparco he de tener cuidado con mi hijo, porque no hay valla y puede caerse”, expone un vecino.

Y de caer lo haría sobre escombros, más basuras y electrodomésticos abandonados (televisores, estufas y radiocedés y altavoces de coche). Esta escena la completan neumáticos de turismos, bañeras de bebé y un largo etcétera de desperdicios de distinta naturaleza.

Es curiosamente este vertedero, situado entre la calle Niágara y la avenida de acceso a Huelva por Gibraleón o la H–30, junto a Cardeñas, el compañero del peatón que baja las escaleras contiguas que dan acceso a un camino de tierra que los vecinos de la zona dicen coger a menudo para dirigirse a la barriada del Carmen, porque para acceder a a la acera paralela, separada por un canalizador de las aguas de este camino arenoso, hay que dar un “gran” rodeo hasta la gasolinera de La Orden Baja.

El panorama en las aceras de los propios edificios no es mejor porque en todo este espacio el olor a orina y a heces fecales es insoportable, ya que las piletas donde desaguan las tuberías de los edificios están abiertas y desde la propia calle se puede ver cómo se produce la descarga de las aguas en la red de saneamiento público.

Otras tuberías, soterradas bajo el acerado, han acabado por levantarlo, igual que las raíces de los árboles, donde además se concentran grandes matojos de hierbajos. Incluso, hay una parte del acerado en la que no hay losas y la solución municipal para tal situación fue, como en otros puntos de la ciudad, hormigonar el lugar por donde han de andar estos onubenses, que se sienten “totalmente discriminados”.

“Las ratas suben por las escaleras del edificio”

Ver para creer. Porque la misma historia en sí parece sacada de otro tiempo o de un lugar lejano. Pero sucede en Huelva, en la capital onubense, donde, según están denunciando vecinos de todas las barriadas, las ratas se están dejando ver como hacía años que no se recordaba.

En el caso de la calle Niágara, según los afectados, las ratas “suben por el edificio”. Esto lo dice un vecino que se llama Manuel Bejarano y que, indignado por esta situación, explica cómo las ratas proceden tanto del alcantarillado público como de los callejones contiguos a los dos edificios de viviendas sociales afectados de la citada vía.

La basura y otros desperdicios que se acumulan en esta calle, junto a las malas condiciones de los conductos por donde transcurren “las aguas corrompidas”, como señala Juani López, una vecina, están propiciando que tales roedores encuentren las condiciones adecuadas para pulular por la zona sin que ésta, a pesar de las demandas de los vecinos, no sea desratizada ni desinsectada.

Porque si “grandes” son las ratas, el número de “bichos” que tienen que soportar estos vecinos no se queda atrás. Otra vecina, de nombre Rosa, relata cómo “hay pulgas en la parte trasera del edificio” y su madre va más allá: “Los insectos se meten por las ventanas y los olores también, así que tenemos que estar con las calores con las ventanas cerradas”.

Estos onubenses dicen que no reciben una visita de nadie del Ayuntamiento “desde hace años”. Algunos ni recuerdan cuándo se dejó ver por allí un concejal o el propio alcalde.

Asimismo, los residentes de estas viviendas sociales, otorgadas por la Junta de Andalucía, se quejan de ciertas deficiencias estructurales y de mantenimiento y aprovechan la ocasión para solicitar a la administración autonómica que haga una revisión del estado de tales edificios. Al Ayuntamiento le piden que adecente, limpie y cuide las calles, “como han arreglado otras zonas de La Orden”, añade Juana López.

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