Punta Umbría: la Ría, la otra playa

Reportaje publicado en ODIEL Información de Huelva el lunes 9 de agosto de 2010

Autor: Ígor R. Iglesias

La Ría de Punta es una de las playas más concurridas de la provincia y en la que su ausencia de olas y de viento son dos factores clave para entender por qué esa fidelidad que muestran sus bañistas a una arena y un agua óptimas.

Cada día este espacio se llena de puntaumbrieños y veraneantes, especialmente onubenses de Huelva capital, que buscan darse un chapuzón junto a su sombrilla, su toalla, su sillita de playa. Y es que la cercanía a la orilla es uno de los atractivos primordiales, especialmente, en personas mayores y familias, los perfiles de bañistas que abundan en la Ría.

Casi todos los que acuden a esta parte viven en las inmediaciones de la plaza Pérez Pastor o Plaza Al–Braki, así como en la Punta de los Ingleses o la Canaleta. La “cercanía” a los chalés y bloques de pisos hacen, por ejemplo, que Pedro Gómez, un veraneante cuyo apartamento se encuentra justo a pie de ría, junto al club de tenis de la localidad, venga cada mañana a darse “un baño” y “estar en la gloria”, sentado en un silla playera.

Gómez, un jubilado que cada verano desde la década de 1970 viene cada mes de agosto a Punta Umbría procedente de Villanueva de la Serena, en Badajoz, busca en este canal de aguas atlánticas las excelencias de la playa y de la piscina.

“El agua salada y el hecho de que no hay olas hacen de la Ría el lugar ideal para practicar la natación, que es el ejercicio más completo”, expone este bañista pacense, que encuentra en este lugar la combinación de la “calidad natural del mar con la tranquilidad de las aguas para poder nadar”.

Que no haya olas es “fantástico” para los niños, los cuales abarrotan junto a sus padres o abuelos esta playa, especialmente en la zona más cercana al Muelle de las Canoas, donde en plena arena playera unos columpios complementan el ocio infantil de un día de playa en esta parte de la Ría.

Manoli, una vecina de Punta Umbría, viene con una de sus hijas, que juega en la orilla con otros niños. Ella dice estar “mejor aquí que en la playa”, ya que “la toalla la puedo tener cerca de la orilla y me supone una tranquilidad a la hora de estar pendiente de mi hija, puesto que en la playa el espacio es más grande”.

Al igual que Manoli, Pilar, veraneante de Huelva, que también tiene una hija, elige “esta tranquilidad”, una paz que sólo es perturbada por la turba infantil que se agolpa a lo largo de toda la orilla jugando con el agua a la altura de los tobillos, las rodillas o la cintura.

Esta idoneidad de la que hablan estas madres de cara a los niños, condiciona incluso la elección de otros que, “prefiriendo la playa”, se ven abocados a acudir a la Ría “por mis nietos, a los que les gusta más”. Es el caso de Jaime Medina, también veraneante de la capital onubense, al que si por él fuera, según expone, “iría a la playa, porque hay más espacio para pasear”, pero “aquí los niños están mejor vigilados y nosotros más tranquilos”.

Al no haber olas, excepto aquellas de pequeñas dimensiones que se forman con el paso de los barcos por la ría, “es como una piscina”. Y también en cuanto a la “claridad del agua, ya que uno se ve los pies”, resalta Juan Antonio Rodríguez, otro bañista de Huelva.

Sin embargo, esta última característica que resalta este vecino de la capital onubense se da más bien con la marea alta (o llena, como gusta decir en Huelva), ya que con la bajamar la aparición de fango rebaja los encantos del lugar para algunos, como Manuel González, que viene a la Ría “obligado por mi mujer”, bromea. A otros les da igual y “no cambio la ría por la playa”.

Especialmente, este último hecho “por las tardes”, ya que “en la playa se suele levantar viento y a las siete o las ocho empiezo a estar incómoda y aquí puedo estar bien hasta las nueve”, comenta la sevillana Inés García. Esto del viento lo comparte constata el onubense Diego Beltrán.

En la ría de Punta sólo existe una ducha y es una de las quejas de sus usuarios, a los que les gustarían “más servicios”, como “vigilancia”, algo que reclama Jaime Medina, hecho que podría justificarse no sólo porquese trate de un lugar en el que se practican baños, sino porque además con la bajada de la marea las corrientes en la Ría son especialmente fuertes, como constatan los que conocen la zona a base de bañarse cada año en estas aguas.

Más al sur, en dirección al espigón junto al primer club náutico en antigüedad de Punta Umbría otros bañistas eligen una pequeña zona por ser “de arena más limpia que la parte donde se encuentran los columpios”, algo que se explicaría porque “aquí nos ponemos menos gente”, expone Raúl, un padre que acompaña a su hijo en el baño.

El cartel de la Junta de Andalucía plantado en medio de la arena e indicando ‘Paraje Natural’ completa el encanto.

Pasando el pantalán de acceso al atraque de los barcos de recreo del citado club náutico, la arena de la ría es un tanto diferente, con más conchenas, pero más amplia. Esta zona está próxima a la Canaleta, punta de Punta Umbría. Aquí, además de familias, como en las otras partes de esta playa, se concentra grandes pandillas de jóvenes que juegan al vóley– playa, a las cartas o pasan el día simplemente charlando y bañándose entre amigos. Alejandro, de Huelva, que veranea en la plaza Pérez Pastor se acerca cada día hasta esta parte de la ría para reunirse “con unos amigos de Sevilla” a los que ve cada verano, y la Ría es su punto de encuentro hasta pasado el atardecer.

Más cerca aún del Espigón de la localidad, en plena Canaleta, en la parte de la Ría, las familias y los niños también son el perfil más abundante. El atractivo sigue siendo el mismo: ausencia de olas e idoneidad para los menores, que además en esta parte encuentran otro entretenimiento: coger conchenas, que abundan en esta zona.

Pero lo que los bañistas consultados destacan de esta zona son “los aparcamientos”, como expone José Carlos, un padre de familia que permanece en la arena, sentado en la nevera playera mientras su esposa y sus hijos se bañan, aliviando el intenso calor.

Los padres consultados destacan que en la bajamar “no cubre aunque se anda mucho para adentro”, otro punto a favor de esta parte de la ría.

Asimismo, por la cercanía al citado espigón en esta parte ya empiezan a vislumbrarse las primeras cañas de pescar.

Los jóvenes que se concentran en esta zona resaltan las fuertes corrientes y algunos cuentan verdaderas hazañas: “Yo he nadado varias veces a la otra banda”, dice Juanma en referencia a la Isla Saltés.

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