Marismas del Polvorín

Reportaje publicado en ODIEL Información de Huelva el viernes 24 de septiembre de 2010
Autor: Ígor R. Iglesias

El barrio de Marismas del Polvorín se ha convertido en sus tres primeros años de vida en una de las zonas más valoradas por sus moradores, quienes destacan la “tranquilidad” de un barrio “bonito”, nacido en el cenit del ‘boom’ inmobiliario.

La vía principal del barrio, calle Periodista Ángel Serradilla, tiene en los comercios asentados en los locales de los grandes bloques de piso que sirven de fachada a esta nueva barriada el motor de la vida de un barrio que en su discurrir diario congrega, además de a los vecinos, a los empleados de las empresas que han elegido este emplazamiento para su desarrollo empresarial.

Una mañana en este lugar, que empieza a configurar su propia personalidad de barrio emergente, es estar en un mundo nuevo surgido junto a barrios donde la planificación de otros tiempos (franquismo) sólo previó el hecho residencial, algo a lo que la nueva forma de concebir los espacios ha añadido la zona comercial.

Estas empresas son esencialmente bancarias, como Banco Sabadell o Santander, y de prevención, como Fremap. Junto a estas empresas, surgió el primer bar que se abrió en la zona: el Café Bar Palacios, que con el tiempo ha precisado una ampliación, en la que sus dueños están inmersos “para tener un comedor más grande, de cara a los almuerzos y desayunos”, expone su dueña, Antonia Palacios.

Los que trabajan en la zona, como los empleados de Fremap, valoran la “buena comunicación” que tiene el barrio, con respecto a los accesos y salidas. “Para ir a Refinería es ideal”, indica Rubén Remesal, en referencia a la ubicación de algunas de las empresas en las que los prevencionistas de Fremap desarrollan su trabajo.

Margarita Fernández destaca la “cercanía al Centro”, desde donde “me vengo andando”, y Ana Pedro “el aparcamiento”, que es prácticamente imposible de encontrar en otras zonas de la capital.

La percepción de estos trabajadores, que no habitan el barrio, es positiva con respecto al mismo. Manoli Beltrán, una vecina del Matadero, viene “hasta aquí para ir al banco y comprar el pan”, ya que “me coge mejor que ir al Centro” para las gestiones bancarias.

Si la visión de los foráneos del barrio es buena, la de los vecinos que lo habitan es mejor aún, con precisiones sobre algunos servicios, como el transporte público o la limpieza.

En general, los consultados por esta redacción ven que su barrio “es bonito”. Y razón no les falta. La entrada al mismo es un gran paseo conformado por césped y árboles y la vida comercial que empieza a emerger y la que ya ha florecido “dan vida a este barrio”, expone Francisco, uno de los vecinos.

La barriada, aún sin concluir, está compuesta por tres grandes bloques de pisos y varias manzanas de chalés. Los propietarios de estas viviendas lo son también de las instalaciones deportivas, de la piscina y del parque infantil donde se encuentran los únicos columpios de la zona, que son, por tanto, privados. En el interior de estas instalaciones también hay un bar.

Junto a los bancos y oficinas han surgido también negocios de alimentación. Rocío Márquez montó hace dos años en la calle Antonio Navarro, paralela a Ángel Serradilla, la primera tienda de estas características del barrio, llamada El Desavío de Rocío, un punto de pan caliente que le funciona bien a su dueña, al que posteriormente le ha salido competencia: Antonia Palacios ha habilitado su papelería como tienda en general, donde se vende prensa y productos de alimentación, y próximamente en la calle Antonio Navarro abrirá una frutería–verdulería. Rocío Márquez ha diversificado el negocio ante estas nuevas tiendas y ayer mismo estrenaba la dispensación de congelados.

Estas tiendecillas de alimentación que están y las que van a abrir sus puertas en la zona también dan fe del crecimiento demográfico y social que está experimentando esta zona construida sobre antiguos huertos.

Quejas. El autobús “tarda”. Es la queja de vecinos como Jéssica Patiño, Bartolomé Borrero o Antonia Palacios. La única línea de autobús además sólo comunica este barrio con el Centro o Los Rosales. Se trata de la Línea 9, que no realiza un recorrido circular y que nace y muere en Zafra, en la parada central de Emtusa, la empresa del transporte urbano de Huelva capital.

Los vecinos de Marismas del Polvorín se quejan de la frecuencia de paso de esta línea, así como de que ésta sea la única opción que tienen los vecinos para utilizar el transporte público colectivo desde su barrio. La otra opción es andar hasta Pérez Cubillas o Isla Chica para usar las otras líneas de bus circulares, como las 5 y 8, que conectan varios barrios de la ciudad entre sí.

Es, por ello, que desde Marismas del Polvorín se exige que se amplíen esas líneas hasta este barrio o se modifique la línea, se creen nuevas líneas o se introduzca en el billetaje la posibilidad del transbordo, que hoy por hoy no existe en este transporte público en Huelva.

Además de esto, los vecinos también creen conveniente la instalación de badenes en la calle Ángel Serradilla para “evitar que los coches circulen a más velocidad de la permitida y de la lógica”, opina Bartolomé Borrero, quien apunta que “eso previene de que un niño pueda ser atropellado”.

Este vecino dice que “la jardinería está bien cuidada, ya que se riega y se cuida el césped”, por parte del Ayuntamiento de Huelva, “al menos de momento, porque esperamos que no lo dejen de hacer como en otras partes de la ciudad”, dice Borrero.

Sin embargo, el asunto de la limpieza es diferente. Rocío Márquez, vecina y comerciante del barrio, denuncia que “nunca baldean, sólo se ha hecho dos veces en dos años, y el barrendero sólo pasa una vez a la semana”. Además, “tampoco hay papeleras”. Sin embargo, el barrio no está especialmente sucio, en cuanto a la presencia de papeles y envases en el suelo, pero sí en cuanto a la suciedad incrustada en las aceras, tal y como describe Rocío.

En contraposición, “que haya zonas verdes lo valoro mucho”, expone Enrique, un vecino.

La presencia de escombros desagrada en la periferia. Los vecinos de las viviendas que colindan con los solares donde se construirán las siguientes fases de pisos y chalés se quejan de la presencia de escombros en las inmediaciones de sus casas, por ser focos de insalubridad, como destaca Manuel Sánchez, un vecino que apunta a reformas particulares de otros vecinos suyos, “cuyas empresas responsables abandonaron los escombros en la calle y junto a las viviendas, incumpliendo la normativa legal sobre el tratamiento y recogida de éstos”. Asimismo este vecino se queja de que “faltan árboles” y de que “algunos aparquen en las calles peatonales”.

(Lea el reportaje completo en la edición impresa)

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