‘Las barreras arquitectónicas definen la calle Campofrío’ y ‘Un discapacitado exige su derecho a transitar’

Reportaje publicado en ODIEL Información de Huelva el lunes 4 de octubre de 2010
Autor: Ígor R. Iglesias

Las barreras arquitectónicas definen la calle Campofrío. La calle Campofrío de la capital onubense es el paradigma de barreras arquitectónicas. Dos niveles de bordillo, diez escalones con hasta seis desniveles en su recorrido sin ninguna rampa hacen de esta vía el enemigo número uno de la accesibilidad tanto para discapacitados físicos como para personas mayores.

La Constitución Española establece en su artículo 9.2 que corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad e igualdad de los individuos sean efectivas. Asimismo, el artículo 49 de la Carta Magna contiene un mandato para que dichos poderes públicos realicen una política de integración de los discapacitados físicos, sensoriales y psíquicos y los amparen para que disfruten de los derechos reconocidos en el Título Primero de la Constitución.

Pero los vecinos de un tramo de la calle Campofrío no se sienten amparados por esa igualdad promulgada hace ya 32 años y que distintos textos legales en 1982, 2003 y 2007 han desarrollado.

El tramo en cuestión se localiza entre las calles Málaga y Córdoba. Son 70 metros de acerado con niveles en todas las direcciones: dos bordillos, uno de ellos con hasta medio metro de altura, y seis plataformas de acerado que provocan el aislamiento de personas de avanzada edad, que se lo piensan más de dos veces a la hora de salir a la calle ante tales barreras arquitectónicas, y la falta de accesibilidad tanto para estas personas como para los discapacitados físicos.

Según datos aportados por el Área de Estadística del Ayuntamiento de Huelva, en toda la calle viven dos centenares de personas y se estima que sólo en este tramo objeto de esta información habitan unas 50 personas, la mayor parte de ellas de avanzada edad. “Las personas que vivimos aquí somos mayores y hay muchos ancianos”, indica una vecina Ana María Rodríguez, quien recuerda cómo “un vecino de 82 años de edad se cayó con un escalón y por poco se mata”. Esta vecina lo tiene claro: “Esto tienen que arreglarlo”.

La falta de accesibilidad para discapacitados no es un hecho baladí. No sólo porque toda persona tiene derecho a transitar por donde cualquiera de las calles de la ciudad, sino porque además en este tramo de acera se encuentra situado un centro deportivo al que acuden dos discapacitados físicos para ejercitar sus músculos.

Antonio Conde, que regenta este gimnasio, llamado Fitnes-Arena, se queja de lo que considera “una discriminación para estas personas, para los mayores y también con respecto a otras zonas de la ciudad, como el Centro”. Conde dice que “nadie se puede imaginar ya a estas alturas que en la calle Marina, por ejemplo, existiesen estos escalones y este doble bordillo”. “¿A qué espera el Ayuntamiento para arreglarlo, a que alguien tropiece?”, se pregunta Antonio Conde. “La accesibilidad es nula”, concluye.

Por su parte, Isabel Cornejo, una vecina mayor, que ha de usar una muleta para poder caminar transita a diario “para hacer los ‘mandaos’”. Para ir a sus recados ha de cambiar de acera. “Por allí es imposible caminar para mí y tengo que cambiarme a este lado”. Isabel vive en el tramo de la Calle Campofrío donde el Ayuntamiento, con la rehabilitación llevada a cabo con el PlanE, sí eliminó las barreras arquitectónicas. “No entiendo cómo allí que era un escalón sí actuaron y aquí en este tramo no”.

Un discapacitado exige su derecho a transitar. José Francisco Carballar Díaz sufre una discapacidad física del 96% y ve vulnerado su “derecho” a transitar por las calles “en condiciones de igualdad”. Apenas puede andar unos metros sin tener que reposar sus piernas. Caminar para él es una dificultad. “Pero más lo es tener que hacerlo por calles que no respetan las normas de accesibilidad, como ésta de la calle Campofrío, repleta de escalones y dos bordillos a diferente nivel en la acera”, describe indignado José Francisco.

Para empezar, “el doble escalón me impide abrir la puerta de mi coche”, que está adaptado, “de tal modo que yo pueda salir del mismo”. Otra dificultad, la encuentra este joven de 27 años, que sufrió lesiones en su columna vertebral durante su nacimiento, “a la hora de subir los escalones de la acera, que no deberían existir, para poder entrar en el gimnasio al que acudo y al que quiero seguir acudiendo, porque la solución no va a estar en que yo cambie de gimnasio, sino en que cambien la calle y la hagan accesible”.

Las palabras de José Francisco responde al espíritu ciudadano actual que parece escapar de las cabezas pensantes del Ayuntamiento, que ha pasado por alto la rehabilitación y adecuación de esta acera dando prioridad a otros arreglos sin sentido como “el asfaltado de esta calle, cuando no había ni un sólo socavón ni tampoco grietas”. Y es cierto, en este sentido, herramientas cibernéticas como Google Earth, permiten observar cómo el asfalto de esta calle antes de su remodelación no era tan prioritario como el de la acera, a la luz del lamentable estado de otras calles y avenidas.

Para José Francisco “venir al gimnasio es fundamental, porque me siento mejor físicamente y me conviene ejercitar los músculos y no perder movilidad”.

Este joven lanza un mensaje a los mandatarios municipales: “No es de sentido común que cambiaran los adoquines y no arreglaran la acera” y se pregunta sobre “quién es el que decide esto, quién piensa de tal modo y por qué”. Su impotencia es total.

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