Molino: inversión ajena y no para todos

Reportaje publicado en ODIEL Información de Huelva el miércoles 27 de octubre de 2010
Autor: Ígor R. Iglesias

La barriada del Molino de la Vega suele verse como una de las niñas mimadas del Ayuntamiento, desde donde se habla de “inversión municipal” en la zona que pagan el Gobierno y la Junta. A pesar del 1,5 millones de euros que supone tal desembolso, no todo el barrio se beneficia de esta lluvia generosa de millones: conozcamos el Molino de la Vega no mimado.

El Ayuntamiento de Huelva ha anunciado el asfaltado de siete calles del barrio. Paga la Junta de Andalucía, pero no hay barra libre en este festival de actuaciones urbanísticas: sólo se pavimentarán  siete de las 22 calles del barrio.

Incluso el año anterior, con cargo al Estado, sólo se llevó a cabo la reposición del acerado de cierta parte del Molino. Y como entonces, ahora las inmediaciones de la calle Cartaya y Bollullos Par del Condado, así como los tramos finales de calles principales como Santiago Apóstol, Macías Belmonte, Trigueros, Fuenteheridos y Escritor Luis Manzano, no serán (como no fueron) objeto de inversión alguna.

El anuncio y publicación de un comunicado oficial del Ayuntamiento ha encendido el enfado en muchos vecinos del Molino de la Vega cuyas calles se quedan una vez más al margen de unas obras que, aunque se han concebido por los citados gobiernos estatal y autonómico con el objetivo de crear empleo, también sirven para remodelar los barrios que el consistorio ha determinado, con criterios no siempre objetivos.

Nada más hacerse público el citado texto, muchos vecinos del Molino se pusieron en contacto con esta redacción: “En la calle Cartaya no han realizado absolutamente nada y el acerado da miedo. Pasen y vean”, indica en la web de ODIEL un vecino “indignado”.

Pasando por esta calle y viendo el estado lamentable en el que se encuentran tanto su acera como su calzada, los vecinos consultados por esta redacción se preguntan por la “discriminación que sufrimos, como si no fuéramos del Molino de la Vega”.

La calle Cartaya, que comunica Santiago Apóstol con Paseo de la Glorieta, desemboca justo enfrente de la Policía Local. Su asfalto, como el del resto del Molino es de hormigón, pero “está tan gastado por el paso del tiempo, debido a que lo hicieron en su época y ya no volvieron a tocarlo”, indica José Manuel Rodríguez, vecino del barrio, que “cuando se circula con el coche se puede comprobar cómo los baches del resto de la ciudad son una maravilla para los neumáticos y suspensión de los vehículos”, ironiza.

El tiempo ha pasado y la calle no puede sino juntar toda una serie de desperfectos, que el paso del tiempo ha ido modelando, como la unión del asfalto del Paseo de la Glorieta (que ya empieza a parecer grava, por cierto) con este deteriorado hormigonado que caracteriza las calles del barrio.

Sin embargo, lo que más preocupa a pie de calle, al menos a los consultados por este periódico, son las viejas aceras de todas estas vías donde no se ha actuado ni se actuará (a no ser que haya un repentino cambio de planes).

Manuel Ascensio Reinoso, un cliente habitual de un establecimiento en la confluencia de las calles Cartaya y Bollullos Par del Condado, se queja de que “sólo se hayan arreglado algunas calles y otras no”. Pone el acento este hombre, además, en que “es peligroso para las personas mayores la cantidad de desperfectos que hay por lo vieja que está la calle” Cartaya.

De hecho, Isabel, una vecina de 90 años que vive en la calle Bollullos Par del Condado, dice tener “miedo” a caerse, y para no hacerlo “voy por las partes que no estén tan mal, pero es muy complicado”.

Los tramos finales de todas las calles, donde viven nuevos vecinos en bloques nuevos, no están lo suficientemente urbanizados y no cuentan con los servicios municipales adecuados. Estas calles están abiertas a todos los peatones y vehículos, cuyos conductores las usan para aparcar. Sin embargo, los viandantes, además de caminar entre vertederos y escombreras ilegales tienen que hacerlo sobre aceras literalmente rotas, cables al aire libre y arquetas tapadas sólo con tablones de madera. Es otro Molino de la Vega.

Su nombre. El nombre de Molino de la Vega tiene su origen en recuerdo del molino que se encontraba en este lugar y que dio nombre a la barriada homónima. Ese molino desapareció en el siglo XIX.

Sus calles. Buena parte de las calles están dedicadas a pueblos de la provincia de Huelva (Trigueros, Fuenteheridos o El Campillo), con excepciones como las vías de Santiago Apóstol, Luis Manzano o Dulce Nombre de María.

Habitantes. El total de onubenses empadronados en este barrio de la capital asciende a 6.744. De sus 22 calles serán pavimentadas siete.

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