El no del PP al 143 y al 151: un no a la Constitución

Artículo de opinión publicado ElPlural.com el martes 18 de enero de 2011
Autor: Ígor R. Iglesias

Me da pena contemplar cómo mucha gente está cayendo en la trampa canalla de un irresponsable PP y de medios derechones en relación a las autonomías del estado español.

El estado autonómico que funciona en España desde la década de 1980 ni está agotado ni es inviable. Ni siquiera supone una duplicidad en la gestión del Estado. Es, pues, mentira lo que dice el PP y lo que dicen ABC y el resto de medios conservadores que se han subido a ese peligroso tren anti-autonómico.

Nuestro estado basado en las autonomías no se parece ni de lejos a estados federados como el alemán o los EEUU, donde la gestión ultra-autónoma no parece presentar ningún problema allí, donde sus democracias, con sus aciertos y errores, están plenamente consolidadas. Ni son inviables ni están agotados aquellos modelos, por lo que, mirando la conformación geopolítica y administrativa española, ¿cómo es posible que alguien pueda pensar que las autonomías sean un peligro para España?

En primer lugar, por desconocimiento. No quiero ser irrespetuoso, porque todo el mundo tiene derecho a tener una opinión. Pero no es menos cierto que para expresar una opinión hace falta un mínimo de información y cuando esta llega sesgada y manipulada es imposible poder ver los suficientes árboles del camino como para decir qué es y qué no es un bosque.

En relación con este asunto, en Andalucía un 4 de diciembre de 1979 se lanzó a la calle gran parte del pueblo andaluz, colocando a esta tierra en la única de España que se echó a la calle para pedir un modelo de gestión propio, dentro del marco español. La autonomía de Andalucía se rige por el artículo 151 de la Constitución, porque así lo quisimos los andaluces. Desde entonces Andalucía ha estado gestionada de otra forma: esta tierra pasó de ser una tierra de señoritos y vasallos, siervos de terratenientes y de chulos a caballo, como dijo el autor gaditano y profesor de Filosofía Juan Carlos Aragón, a una tierra de igualdad y modernidad. Permítanme que les recuerde, también, otra letrilla carnavalera, una frase de un pasadoble de una comparsa del carnaval de Cádiz, que en febrero de 1980, el mismo mes en que se otorgó la autonomía a Andalucía, cantó: “De nuestra forma de ser, ¿qué coño sabe Madrid?”, en referencia a lo que históricamente fue la política hecha desde la capital de España respecto de esta tierra.

La Junta de Andalucía, en este sentido, ha representado un modelo de gestión eficiente, es decir, se ha tenido la capacidad de disponer como administración para conseguir un fin nunca antes alcanzado: la modernidad de Andalucía; y empezando, prácticamente, desde cero. Si España tradicionalmente ha sido un país subdesarrollado, Andalucía, como otras tantas comunidades, estaba dejada de la mano de Dios. En 30 años esta tierra ha dado un giro de 180 grados y ha sido la gestión autonómica la que ha posibilitado este cambio radical. Pongo de ejemplo Andalucía para que se vea cómo la gestión propia no rompe España como están diciendo algunos brutos (con el objeto de embrutecer a la gente).

El PP se ha acostumbrado a decir en muchas de sus consignas políticas con respecto a algunas leyes aprobadas durante esta legislatura que el asunto equis no estaba en el debate de la gente y que, por tanto, no venía a cuento. Esto, señores del PP, esta bomba anticonstitucional que ustedes están metiendo en la sociedad española, sí que no viene a cuento, porque esto sí que no está en el debate de la gente en la calle. Y es anticonstitucional porque es la propia Constitución española la que recoge este modelo de Estado (véanse los artículos 143 y 151, por ejemplo). Precisamente, aquí, en esta opinión mía, sí vendría a cuento recordar cómo muchos de los que dirigen el PP estuvieron en contra de la Constitución cuando hubo que posicionarse, es decir, votarla en referéndum en 1978. Uno de los que se posición en contra de la Constitución, en los términos en los que fue aprobada, y que es la que rige nuestras vidas en la actualidad, fue el ex presidente del Gobierno José María Aznar, que es presidente de honor del PP.

Lo he hecho ya en un artículo anterior y lo vuelvo a repetir: el Partido Popular (que no es el partido del pueblo, sino un partido populista) está cometiendo una grave irresponsabilidad y atentando notablemente contra la estabilidad de España. Los modos políticos de este partido y de muchos medios de comunicación de la derecha están siendo claramente neofascistas. Y retomo una frase, con cita incluida, que ya usé hace unos meses: el neofascismo subyacente es más peligroso que el explícito y, como dijo en agosto del pasado año en el diario Público el catedrático de Derecho Constitucional del Estado y Libertades Políticas Francisco Balaguer, “el fascismo es un virus mutante y sigue vivo, sólo que hoy se expresa de otra manera: a través de la corrupción institucionalizada, del cinismo como método de acción política, del populismo y del descrédito del Estado de derecho”.

Son el PP, los obispos y los cornetas del Apocalipsis los que se me vienen a la cabeza con tal definición. Han ido a por la política (para que la gente piense que todos los políticos son iguales y que la política no sirve para nada). También han ido a por los delegados sindicales, tachándoles de golfos y vividores; y, entre muchos etcéteras, que harían demasiado largo este artículo de opinión, a por el estado autonómico, este gran triunfo de la democracia española, que ha sido eficaz y que puede y debe ser mejorado, con el trasvase de más competencias, apostando, en contra de lo que quiere el PP, por la descentralización.

¿Cómo justificarán los candidatos del PP a los parlamentos autonómicas su falta de credo en las autonomías y la intención de su partido de aniquilarlas? Habría que preguntárselo a Javier Arenas, Esperanza Aguirre y compañía. Aunque, por fin se ha mojado en algo Rajoy; ya sabemos más cosas sobre él: que si llega a presidente del Gobierno, eliminará la ley que permite contraer matrimonio a los homosexuales, que su modelo, atendiendo a sus gustos, puede que sea como el de Cameron en el Reino Unido, y que España puede volver a ser ese estado centralizado en el que las cosas no guardaban la equidistancia de ese sentido común que tanto gusta nombrar Mariano. Las autonomías nos han enseñado algo que el PP parece no entender: que de Andalucía a Madrid hay la misma distancia que de Madrid a Andalucía.

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