La suciedad de la plaza Maruja Manrique

Reportaje publicado en ODIEL Información de Huelva el miércoles 19 de enero de 2011
Autor: Ígor R. Iglesias

Es una plaza céntrica, a unos 100 metros de la avenida de Pablo Rada, y está sometida al más absoluto de los abandonos, sin limpieza ni cuidado de los espacios ajardinados. A esto se le suma la falta de civismo de ciertos ciudadanos que contribuyen al deterioro de una zona que en menos de una década ya necesita una reforma integral.

La plaza Maruja Manrique se inauguró en 2003. Entonces el crecimiento urbanístico trajo consigo la urbanización de ciertas zonas y la desaparición de espacios genuinamente onubenses, como el que se encontraba justo debajo de esta plaza y de la contigua, llamada de la Capitalidad.

En ambas el deterioro es evidente, pero la cercanía a la zona céntrica de esta última y el hecho de que ésta posea columpios y bajos comerciales la ha convertido en más afortunada que su compañera de estancia: la de Maruja Manrique.

Esta plaza, que lleva el nombre de la antigua directora del Colegio Manuel Siurot, luce repleta de pintadas, cristales por doquier, suciedad en el suelo y en sus bancos (que los convierte en inutilizables), malos olores (de orina y heces) e, incluso, restos de basuras.

Los vecinos de la zona son claros: “No se limpia y se ensucia”, expone Ramón Carmona.

Por su parte, Tomás Lozano Mora se queja de “la suciedad que hay” y apunta “principalmente a la gente que tira un papel al suelo sin importarle si la ciudad está limpia o no”. Para Tomás “somos los onubenses los que tenemos que cuidar las cosas”. Y dice que “esto en el norte no se ve”.

Francisca Contreras Gómez habla de “incivismo de la gente que ensucia sin sentido, tanto cuando se comen algo, tirando los envases al suelo, como no recogiendo las cacas” y todo ello, en opinión de Francisca, “con independencia de que el Ayuntamiento limpie más o menos”, expone añadiendo que “hay zonas aún peor”.

Javier Jara Domínguez dice que “está fatal, súper sucio, sin que los niños pueda jugar, porque está todo lleno de cristales y mucha suciedad”.

Francisco Manuel García Nogales critica también la “suciedad” y también “las pintadas” y, a diferencia de Francisca, apunta hacia “el alcalde”, a quien pide, que “se gaste más dinero en infraestructuras y las necesidades de los onubenses en vez de en estatuas”, entendiendo este ciudadano que “la prioridad debemos ser los ciudadanos”.

Son las opiniones de ciudadanos particulares consultados por esta redacción a pie de calle. Por su parte, la recién constituida Asociación de Vecinos de San Pedro, que quiere advertir sobre el estado no sólo de esta plaza, sino también de toda la zona circundante, ha criticado el abandono del lugar.

Su portavoz, Manuel Linde, critica que “la periferia del Centro esté absolutamente abandonada, totalmente dejada, como sucede no sólo en esta plaza, sino también en San Pedro”.

Para Linde, “da vergüenza ver que Huelva esté así” y, por ello, aboga “porque los ciudadanos protestemos y nos preocupemos por nuestras calles y barrios, para que el Ayuntamiento sea consciente de que tiene que atender las necesidades de la ciudad”.

De este modo, en opinión del portavoz vecinal, “cuanta más gente demos la lata, mejor, porque así el Ayuntamiento será más consciente de que no estamos conforme con cómo hacen las cosas en ciertas zonas de la ciudad y, sobre todo, en aquellas en las que nunca han hecho nada”.

En la plaza Maruja Manrique, la limpieza por parte del Ayuntamiento, tal y como indican los vecinos, brilla por su ausencia, y las labores de jardinería ni siquiera se llevan a cabo periódicamente, como denota el estado de las arquetas de los árboles, por ejemplo. En ese lugar, lucen hierbajos y gran cantidad de desperdicios, entre los cuales destacan envases y botellas de cristal.

A esto se le une, la falta de iluminación de la zona, producto no sólo de la falta de atención municipal, dado que el Ayuntamiento no repone aquello que se rompe. También es la consecuencia del vandalismo, que se ha cebado con los focos colgantes de las zonas asoportaladas.

El incivismo generalizado del que hablan los vecinos de estas y otras zonas es patente no sólo por el estado de las infraestructuras, sino también por los usos que se le dan a ciertos espacios públicos, como si de letrinas se tratara. La falta de conciencia sobre la limpieza, que también depende de cada ciudadano particular, se une a la inexistente actuación municipal en la zona.

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