Hay que ir a votar y hay que protestar

Artículo de opinión publicado en ElPlural.com el sábado 21 de mayo de 2011
Autor: Ígor R. Iglesias

Ha concluido la campaña electoral. Y lo ha hecho, como sabemos, en un contexto político de descrédito, por un lado, motivado por las políticas y economía neoliberales, aderezadas además por la crispación de la derecha en España, y, por otro, porque las izquierdas europea y española no han sabido entender o responder adecuadamente a lo que el pueblo precisaba y exigía.

Andalucía. Concluye una campaña de municipales en Andalucía. El PP se lo ha tomado como si de unas autonómicas y unas generales se tratara, aprovechando el desgaste de Zapatero, pero olvidando los problemas de andar por casa de los ciudadanos, muchos de ellos motivados por la propia gestión de estos gobiernos locales del PP, como ha sucedido en Huelva capital, donde, tras 16 años de gobierno los conservadores no han contribuido al progreso de esta ciudad, estancándola respecto de otras ciudades de similares características sociodemográficas y económicas. Para Javier Arenas, el alcalde de Huelva es un modelo para él si llegara a ser presidente de la Junta de Andalucía, según ha expuesto el máximo responsable del PP andaluz en repetidas ocasiones.

Huelva. El PP es víctima, pues, de su propio desgaste, hecho que aprovecha el PSOE, que tiene ahora posibilidades reales de ganar, aunque sea por la mínima. El pacto con otra fuerza (léase IU, que también saldrá reforzado de estas elecciones) es posible. De cumplirse las aspiraciones políticas del PSOE, Huelva tendrá su primera alcaldesa y con ella o con otra fuerza progresista esta ciudad saldría de su estancamiento, que se da desde los elementales servicios básicos a los que está obligado un ayuntamiento hasta los grandes proyectos que impulsan toda ciudad. El PP no es el futuro y, por tanto, no debe ganar las elecciones. Si lo hace, esta ciudad habrá cavado su propia tumba.

El resto de fuerzas no tienen posibilidades reales de obtener concejal alguno, con la excepción de Mesa de la Ría, que podría dar alguna sorpresa en este sentido. Pero sus posibilidades están, como si de un estudiante se tratase, entre el 4,9 y 5,1 de calificación, es decir, un suspende o aprueba por los pelos esta candidatura conformada por ciudadanos particulares.

El pescado está vendido, sobre todo para quien ha gobernado durante 16 años esta ciudad.

Democracia Real o 15M. Además, la irrupción en campaña del movimiento ciudadano (conformado por diferentes grupos y gente particular) conocido como 15M o Democracia Real debe ser tomado en cuenta.

El PP cree que no va con él y sí va; contra esa derecha, ese neocapitalismo y esa dictadura de los mercados. Estamos padeciendo lo que cosechó Aznar para estas tierras españolas.

El PSOE, que es culpable de haber reaccionado tarde y sin la pedagogía que le hubiera evitado cierto descrédito en la izquierda, respecto de tal cosecha, se ha dado por enterado de lo que proclaman los llamados indignados, pero también en esto demasiado tarde, porque ha esperado hasta el último momento para reaccionar (también en esto) ante lo que ya se palpaba en el aire por parte de la izquierda, incluso dentro del propio PSOE.

IU apunta a los socialistas y no se da cuenta de que su discurso ‘antisociata’, tras 25 años de estrategia en este sentido, no le da resultados. Se escuda (de vez en cuando) en que la ley electoral favorece el bipartidismo a favor del PSOE y del PP, pero no se le ve nunca mover un dedo con protestas efectivas para hacer visible su malestar o desventaja respecto de tales partidos. Esa desventaja existe y al final los ciudadanos particulares son las que están exigiendo que se ponga fin a una injusta ley electoral.

Hay que votar. Hay que ir a votar, a la fuerza política que más nos guste o que menos nos disguste, pero ir a votar. Con los que están pidiendo que no se vote (a nadie) hay que tener cuidado, porque nadie se ve más beneficiado por la abstención que la derecha y votar en blanco y abstenerse no sirve absolutamente para nada, ni siquiera para que los grandes partidos reflexionen sobre ello.

Hay que votar y hacerlo en función de las ideas y lo que cada partido dice que va a hacer. Y luego exigírselo. Votar es un hecho muy importante para la democracia, más importante para los ciudadanos que para los propios partidos. Nosotros tenemos las llaves de los gobiernos. Pero las votaciones no son solo el único medio democrático de participar de la vida de un país. La ciudadanía ha permanecido dormida y ahora ha despertado. Es un hecho grandísimo este y hemos de aplaudirlo y avivarlo. Que no se apague esta llama. Hemos de exigir más participación y participar (he ahí la autocrítica para el ciudadano, que muchas veces da la espalda a los hechos que nos conciernen a todos). Hemos de mostrar nuestro rechazo a esa dictadura de los mercados, a ese neoliberalismo, al neocapitalismo, a la derecha.

Estas elecciones no han de ser los comicios de la abstención, sino de la participación y hacer de los próximos cuatro años y siguientes una democracia real desde abajo, desde el pueblo, pues sólo así los partidos (y muchos de sus burgueses y falsos militantes, que conforman una minoría, que es muy puñetera para la calidad democrática) se verán obligados a tener que actuar en función de los que ostentamos la soberanía popular y no de los intereses particulares de gente a la que, por conformar una elite, se le ha ido ciertamente la olla.

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