Vivir de rodillas para luego morir

Artículo de opinión publicado en Izquierda Digital el 03 de septimebre de 2011*
Autor: Ígor R. Iglesias

La reforma constitucional que proponen los dos partidos con mayor representación en el Parlamento español hace menos constitucional este país. PP y PSOE se han puesto de acuerdo (!) para plasmar en la Carta Magna española un techo de déficit que sólo responde a lo que los mercados obligan y quieren.

Es grave que no se le pregunte a los españoles, que no se consensúe previamente, antes del acuerdo global entre los grandes partidos, con los otros partidos. Pero más grave es esta sumisión, dependencia y obediencia a los llamados mercados. No gobierna la izquierda. Gobierna la derecha y no lo hace el Gobierno, lo hacen esos mercados, el pensamiento neoliberal, cuyos apoderados son los manejan los hilos de la farsa democrática en la que decimos vivir.

Hemos pasado de la euforia unionista de una Europa feliz y solidaria a un mundo globalizado en el que los pueblos ya no somos soberanos de nuestros estados.

En este punto me pregunto de qué sirve mi voto. Porque yo no voté a los mercados ni a los que defienden a capa y espada el pensamiento neoliberal, es decir, a la derecha. Yo voté a la izquierda y la izquierda ganó, pues, aunque por la mínima, más de la mitad del Congreso de los Diputados está conformado por representantes de la izquierda (o de la supuesta izquierda).

La reforma constitucional no sólo es económica, también es política. Primero, se hace sin contar con los españoles. Segundo, se pone en la Constitución lo que los mercados quieren oír y el texto constitucional en 1978 no buscó contentar a nadie en el exterior, por lo que la reforma constitucional de ahora hace menos nuestra la Carta Magna. Tercero, es la consagración del neoliberalismo, dejando un margen aun más estrecho a la izquierda para que pueda desarrollar su política. Y esta, huelga decirlo, brilla en lo económico por su ausencia.

Este gobierno gobierna con los votos de 11.289.335 personas que votaron al PSOE. Y se supone que gobierna para los más de 47 millones de personas que viven en España. Pero lejos de apostar por el socialismo que da nombre a este partido y que rigen (en teoría) sus principios, la dirección del PSOE se ha rendido ante el neoliberalismo que funda los principios del PP (español y europeo; y de la política yanqui), soportando, contradictoriamente, las enfurecidas críticas que ha recibido de las agencias de calificación (neoliberales) y de la voraz derecha española, siendo señalado Zapatero como el causante de todos los males económicos y sociales de este país, cosa que es falsa porque el origen y la culpa la tiene grosso modo el neoliberalismo exacerbado que rigió los felices años de Bush, Aznar y compañía.

A Zapatero le han puesto zancadillas desde el PP constantemente. Europa (que es conservadora al máximo) y los (neoliberales) mercados le han obligado a caminar por la senda que ellos han marcado. El margen de maniobra de Zapatero ha sido ciertamente mínimo para poder desarrollar la política (económica) que la izquierda española esperaba del PSOE. Pero Zapatero no es un títere sin voz ni voto ni capacidad de decisión. Zapatero parece haber dejado de creer en el socialismo y en la izquierda (sinceramente, a estas alturas no sé si alguna vez creyó; cuando las cosas vienen mal dadas es cuando se ve de qué piel estamos hechos). El mensaje que lega (y a mí no me convence) es que las políticas de izquierda no sirven para solucionar las crisis económicas, que ocasionan las derechas. Quizá en los libros de texto en el futuro se le pinte como un presidente que supo aplicar responsabilidad y dejar a un lado sus principios, pero no habrá en esos niveles de bachiller lugar a un análisis que ponga de relieve que esa responsabilidad en realidad quiere decir neoliberalismo económico, que es básicamente lo que funda, da sentido y corroe a este mundo ultracapitalista en el que vivimos y a cuya totalidad y totalitarismo estamos siendo encaminados (¡y nosotros nos dejamos!). En esos libros de texto, Zapatero no aparecerá como alguien que se opuso.

Se nos dice que no podemos endeudar a las generaciones futuras, a las que vamos a legar un panorama desolador en lo social. Y es cierto: el panorama será desolador, ¡pero por restringir el gasto público! Cuando se nos habla de deuda pública, el ciudadano de a pie que espera la cola del supermercado dice (y es verídico esto que cuento) que España está en la ruina por su deuda pública. Sin embargo, la deuda pública española está por debajo de la media de la deuda pública de los 15 países más ricos de la Unión Europea, cuyo gasto social es más alto que el de España, que, claro está, es más bajo que el de estos 15 países más ricos de la Unión Europea (valga esta redundancia retórica para poner en evidencia algo que no se mastica en las colas de los supermercados; y esto también es verídico).

Los argumentos que dan los cornetas del neoliberalismo contra España hablan de “poca confianza de los inversores”, que, como en el compadreo, no depende tanto de los datos objetivos como de las simpatías. O, como ellos dicen, de “generar confianza”. En este sentido, Rajoy, que es un político neoliberal y conservador, genera más confianza para estos inversores externos que Zapatero, que representa parlamentariamente (!) a la clase obrera y cuyo apellido socialista aterra en el maremágnum capitalista. Hoy mismo he escuchado en la SER cómo las carroñeras agencias de calificación han aplaudido que en España vaya a haber una reforma constitucional para plasmar y legitimar lo que estos y otros asquerosos de la economía (los llamados mercados) quieren, permitiéndose además el lujo (porque pueden) de “advertir” (!) que esto no será suficiente.

El Gobierno ha hecho en los dos últimos años todo lo que le han pedido esos mercados sin contentarlos (la asquerosa reforma laboral, con la precariedad en las contrataciones, es un ejemplo; y no ha sido efectiva para generar empleo, solo para contener el ruido de la derecha, sin apagar su furia). Es un acoso y derribo total que tendrá fin cuando Rajoy (sin mérito alguno y tras una irresponsable oposición) acceda a la presidencia del Gobierno el 20 de noviembre. Con la forma de proceder del PSOE respecto de esta reforma constitucional, este partido (que ciertamente no es lo mismo que el PP, como también le gritan desde la propia izquierda) se ha puesto una soga al cuello; y Rubalcaba en esto, créanme, no convence ni a los diputados que se tragan su orgullo y por lealtad a la dirección de su partido (más que a sus militantes) dan el sí.

¿Por qué no preguntan a los españoles? Es su gran error. Y absurdo, porque de cara a la galería, tal gesto de poner en valor lo democrático, es un plus para las elecciones generales. Un error, pues, que se aliña con otro: se pone un asunto tan impopular en la izquierda en manos de Rubalcaba, que se erige como defensor de una reforma que provoca recelos en sus votantes y sus potenciales votantes.

La dirección del PSOE por este camino debería plantearse lo de obrero y socialista. Con tales acciones de gobierno, decirse socialista y obrero es como decir que el Partido Popular es el partido del pueblo. Los mercados, por otra parte, estarán contentos con el paquete de medidas impopulares que ha anunciado Cospedal y que presagian lo que hará Rajoy.

O los militantes del PSOE reaccionan o el socialismo sólo será un nombre; la lealtad a un partido y unos principios también conlleva defenderlos hasta de aquellos a los que se debe lealtad orgánica, si los principios y el propio partido, que son más importantes que sus regidores, claudican ante el neofascismo y la economía neoliberal. ¡Hay que vivir de pie ante los mercados y no dejarse morir y morir finalmente! Otra forma de hacerlo sí es posible.

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*Adelanto el artículo en mi blog.

-Los ricos ganan más: Pincha aquí. Y la gente humilde… Pincha aquí. Carta abierta a los militantes del Partido Socialista Obrero Español. Pincha aquí.

-Razones económicas para rechazar el acuerdo neoliberal entre el PSOE y el PP. Pincha aquí.

-El déficit, problema e instrumento. Pincha aquí.

-Hessel: “Nos dominan fuerzas económicas y financieras que sólo buscan su propio interés”. Pincha aquí.

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