“Putas, drogatas y maricones”

Tras ver el programa que Callejeros, de Cuatro, dedicó a Isla Cristina, escribí en mi Facebook esto: “Dedicado a los de Callejeros y a todo aquel que ha tirado por tierra a Isla Cristina alguna vez. “El problema no es la ignorancia, sino las ideas preconcebidas” (Hans Rosling)”.

Tal frase se acompañaba de un enlace a un artículo de opinión en defensa de Isla Cristina que escribí y publiqué en el diario Odiel Información de Huelva el 17 de enero de 2010 y que ahora rescato, una vez más, en mi blog, para dedicárselo a los lumbreras del programa Callejeros, que lejos de plasmar la realidad de este “trocito de mar” han hecho un flaco favor a todos los isleños magnificando algunas historias y ofreciendo una imagen bastante sesgada e irreal de lo que es realmente La Higuerita. Pincha aquí para leer aquel artículo.

Isla Cristina me corre por las venas. Y ahora que esos de Cuatro escuchen a mi amigo Lolo y que aprendan, que por si no lo saben, aquí escuchamos, nos gusta escuchar:

3 thoughts on ““Putas, drogatas y maricones”

  1. Esto apesta says:

    Precisamente hoy hojeaba un libro de Cela (“Primer viaje andaluz” en el que el escritor, vagabundo a la manera que lo hizo por la Alcarria, recorría las tierras de Jaén, Córdoba, Sevilla y Huelva). Y leía algunas páginas sobre la impresión que recibió de Huelva…”Por Huelva cuentan más los hombres y las mujeres … que las frías piedras de los palacios y las catedrales. Al vagabundo le es especialmente grata y amable el alma de las ciudades a las que se le escucha el latido en la sien. Los sevillanos, por meterse con los huelvanos (sic), suelen decir: de poniente ni viento ni gente, y a Huelva, una vez y nunca vuelvas. El vagabundo, del poniente, prefiere la gente, que le pareció generosa, al viento, que es ruin, y a Huelva fue una vez y volvió tres. El vagabundo entró en Andalucía por Jaen -de Jaen ni hombre ni mujer ni aire que venga de él-, se metió en Córdoba -a fullerías, cordobesías y lo que dice el cordobés, entiéndelo al revés-, siguió por Sevilla -de Sevilla, ojo que ve, mano que pilla- y está ahora en Huelva y, si las cosas le salieron bien fue porque, además de buscárselas, jamás se guió de dichos, que son oriente de rufianes y demás ganado sin substancia”.
    Aunque respeto y en parte aprecio su obra, nunca fue don Camilo santo de mi devoción, salvo el sarampión adolescente en el que lo escatológico es un arma más de ruptura con la niñez. Sin embargo, aunque la experiencia confirme algún que otro dicho, comparto su desprecio por los que juzgan desde la ignorancia vestida, para más inri, de presunción. Creo tal actitud es más un retrato de quien menosprecia que de los menospreciados. Aunque creo que no se debería, a su vez, menospreciar tales presunciones, porque los que “el vagabundo” Cela de los 50 llamaba “rufianes y demás ganado sin substancia” son un ganado demasiado abundante y, por desgracia, con no poco poder de influencia, ni entonces ni ahora.

    1. Ígor R. Iglesias says:

      Gracias por ilustrarnos con tales palabras, que a un onubense alegran. Es para alegrarse aquí y para que tomen nota quienes se den por aludidos (rufianes).

      En cuanto a lo del poder de influencia de esos poderosos, abundantes e influyentes rufianes y demás ganado sin sustancia, he de confesarte, y es producto de haberme dado cuenta de lo que verdaderamente importa en la vida (los años seguirán ilustrándome, como a todos), que me “la pelan” los rufianes, los poderosos e influyentes, la gente sin sustancia. No tengo más ambición que seguir educando, viendo crecer y disfrutando de mi hijo; no tengo más ambición que estos libros que me acompañan (completar mi doctorado) y seguir aprendiendo luego aún más, respondiendo a las muchas preguntas, de las que, con cada respuestas satisfecha, surgen diez preguntas más; no tengo más ambición que seguir disfrutando de este sol, de esta sal, de este mar, de esta orilla (del lugar donde vivo y de donde soy, del sitio donde he crecido, he vivido, he aprendido, he errado). Nada de esto que tengo y que ambiciono, nada de esto me lo pueden arrebatar. Puede que haya (también serán rufianes y para mí ganado sin sustancia) gente que vea en estas palabras un discurso cursi o estúpido, pero, me sincero contigo, sin conocerte personalmente, y lo hago en este comentario público, me da igual: porque no ansío nada material (y es lo que controlan los rufianes) ni ninguna gloria colectiva ni reconocimientos del vulgo. Mi ambición, en lo más personal, en lo que me concierne con respecto a mí, fue siempre intelectual y lo es ahora más que nunca. Con cada cosa nueva que aprendo me hago más rico. Sé que hay quien, porque me quiere o aprecia, me dice que tenga cuidado, que sea más recatado en mis formas y en mi fondo. Yo todo lo hago, lo hago porque creo en ello. No sé ser de otro modo: si no creo en algo, jamás nadie me encontrará allí. Si tuviera algún interés en trabajar en esa productora o en otra, mira; pero no es el caso. No obstante, agradezco el consejo y, sobre todo, la ilustración, que compartas conmigo y con quiera leer este blog esas palabras de Cela (que tampoco es santo de mi devoción) sobre Huelva.🙂

  2. Esto apesta says:

    Me siento honrado con tu sinceridad hacia mí y hacia los que tienen el buen sentido de leerte. No se qué podría pensar el ganado al que se refería el Nobel si te leyera, pero yo creo que tus palabras, lejos de lo cursi o lo estúpido, son sabias y valientes. Sabias porque sabes discernir lo importante de lo fútil y valientes porque no te arredras ante las continuas agresiones, afortunadamente verbales, que, me consta, recibes de los rufianes.
    Además sabes disfrutar “de este sol, de esta sal, de este mar, de esta orilla”, esto es, sabes disfrutar de lo importante y tienes claro lo que te importa. Creo que, aunque no herede un céntimo, tu hijo recibirá una gran herencia, la más importante, quizá la única que de verdad merece la pena: saber vivir la vida. Lo demás, sin menosprecio de su importancia, es secundario y puede aprenderse en cualquier parte. Tendrás, sin duda, tus defectos. Todos los tenemos (si yo te contara…), pero creo que tu hijo es afortunado por tener un padre como tú. Que así sea.
    Un fuerte abrazo.

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