2º día informando sobre los cadáveres del pozo de Almonaster la Real

Noticia publicada en el diario Odiel y emitida en CNH-UNAtv el 19 de septiembre de 2011
Autor: Ígor R. Iglesias

En un pozo han permanecido los cuerpos de la mujer y el niño que desaparecieron hace unos 18 años a unos tres kilómetros de Almonaster y encontrados este pasado jueves tras una intensa investigación policial que mantuvo en la zona a los agentes de la misma durante tres meses hasta el macabro hallazgo: los desaparecidos habían sido asesinados y ocultados en el interior de un pozo.

Bajo un alcornoque, el segundo desde Calabazares (aldea próxima). Allí, en el interior de un pozo construido a ras de suelo, estaban los cuerpos de la madre e hijo de cinco años desaparecidos hace casi dos décadas. Sobre ellos arena y piedras que la Policía Judicial tuvo que retirar para dar con tales cuerpos, después de que los agentes desistieran de la posibilidad de que estuvieran vivos.

Las sospechas sobre un desenlace violento, un crimen, que hubiera conllevado tal desaparición, movieron a los agentes a investigar sobre el terreno hasta que se ha confirmado la triste historia, adelanta ayer por Odiel.

Dos cuerpos enterrados juntos de una madre y un hijo, una macabra escena acrecentada por los restos de una bicicleta infantil junto al pozo.

Es posible que este fuera el lugar del crimen y que aquí ocultos por lo inaccesible del sitio (a pesar de ser una ruta senderista hoy en día; la vida hace 18 años era muy diferente) se les diera muerte.

El caso se halla bajo secreto de sumario, pero esta redacción ha podido saber que los restos de la mujer y el menor “podrían” corresponder con la mujer y el niño que hace 18 años acompañaban a la persona que adquirió en aquellos entonces estos terrenos, un hombre de nacionalidad boliviana.

En Almonaster la Real, los dueños de un restaurante (que piden anonimato) donde “paraba mucho” este hombre aseguran que tal individuo habría comentado que “se separó” al ser preguntado sobre por qué no era visto ya con la mujer y el niño.

Ahora estas personas atan cabos y creen que él “los mató”.

Al parecer, según otras fuentes, se trataría de un hombre que en Huelva capital habría tenido un negocio relacionado con la enseñanza (una academia de clases particulares), que habría tenido diversos problemas legales relacionados con un posible título académico “falso”, hecho, claro está, no relacionado con el caso.

Por su parte, en Almonaster la Real recuerdan que la mujer “era de Sevilla y trabajaba como funcionaria en la Junta de Andalucía”, exponen las fuentes consultadas.

Uno de los linderos próximos a la finca asegura que el hombre tenía “mucha amistad” con ciertas personas que viven en Calabazares, una cercana aldea donde sus habitantes dicen “no saber nada” y donde las preguntas sobre el asunto ciertamente incomodan hasta el punto de no abrir las puertas, desconfiar ante las preguntas o insistir con un “no quiero problemas”, “no quiero saber nada del asunto” o “lo pasado, pasado está”.

El lindero, que tampoco quiere que “se sepa que he hablado”, habla a micro cerrado y bajo el pseudónimo de Juan, comentando que “no hemos vuelto a ver a este hombre [la persona de la que se sospecha que podría ser el presunto asesino], pero venía a principios de los 90 con un ligue y decían que el hijo era de ambos”. Lo cierto es que no ha trascendido si se trataba de un matrimonio o una pareja de hecho y ni si el hijo era de ambos o sólo de la mujer.

En Calabazares su alcalde pedáneo, Modesto Santos, sí habla, pero “no me saquéis en fotos, que no quiero saber nada del asunto”, comenta. Sólo dice que “nunca se ha visto ni se ha escuchado nada sobre el asunto hasta que ha aparecido la Policía por aquí”.

Un vecino cercano observa con recelo. No quiere hablar. Y en un bar cercano, donde uno de los presentes sería esa persona que tendría “mucha amistad” con el dueño de la finca, según el lindero, dijo textualmente: “Aquí no lo conocíamos de nada”. Algunas miradas rehuían las preguntas. En las casas cercanas se asomaban y no abrían, o fruto del “miedo”, del que habló posteriormente un vecino llamado Jacinto, o de saber algo y ciertamente no querer problemas, según aseguró otro de los consultados.

Sólo aquellos que viven fuera y que tienen una casa aquí hablaban abiertamente. El resto ante la insistencia de ¿pero se han llevado un susto? acaban diciendo a regañadientes que sí.

La Huerta del Cura, como se conoce a la finca donde han sido hallados los cuerpos, está en el antiguo Camino Real de Sevilla, en una zona de difícil acceso, a cerca de medio kilómetro de la carretera, situado entre dos arroyos que cortan el camino. Está aislada por arbustos que hay que sortear agachándose casi a ras de suelo. Este angosto paso,cuya anchura es menor a un metro antes de llegar a la finca desde Calabazares, da acceso a cuatro alcornoques de grandes dimensiones que ensombrecen el lugar donde yacían los cadáveres enterrados en un pozo, precintado ahora por la Policía Judicial.

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