La pareja actual de Genaro está “anonadada”

Noticia publicada en el diario Odiel el domingo 16 de octubre de 2011
Autor: Ígor R. Iglesias

En la casa de Genaro Ramallo, su actual esposa, llamada Lola, no da crédito a lo que sucede. Dice estar “anodada” con lo que ocurre, muy preocupada, como es obvio, por proteger al hijo que comparte con Genaro, de 8 años de edad, de la historia en la que su nueva familia se ha visto envuelta.

En la calle Robalo de Punta Umbría todo es tranquilidad. Sólo los gritos del patio del Colegio Público Virgen del Carmen perturban la paz aparente que se respira. Aparente calma que se interrumpe con las miradas que apuntan hacia el número 25 de la citada calle. Aquí está la casa en la que Genaro y Lola comparten vida desde meses después de nacer el hijo de ambos.

Lola es peluquera y regenta la Peluquería Candi con su hija, que no es hija de Genaro. Este había montado una academia de clases particulares en el garaje que tiene la casa, actividad que vendría desempeñando también en Huelva hasta que se fue.

Aquí dejó a su actual pareja y a su hijo. En Huelva, a la hija de 22 años, residente en Verdeluz, que, según cuentan vecinos consultados por esta redacción, acude asiduamente a Punta Umbría para visitar a su hermano por parte de padre.

Antes de que la Policía llamara de nuevo a la puerta de Genaro, este habría comentado a su esposa que tenía que realizar otro de sus habituales viajes, con el pretexto de ver a su hijo Antonio en Madrid, cuyo cadáver apareció en el pozo de la finca de Almonaster, propiedad de Genaro Ramallo, junto a los restos óseos de María del Carmen Espejo, primera esposa de Ramallo y madre de Antonio, que en el momento de su desaparición y muerte tenía 10 años.

La presencia de la Policía de nuevo en la vida de Genaro provocó un cambio de planes y de excusas a su esposa actual para poder ausentarse durante un tiempo. El detenido por las muertes de Almonaster habría indicado a Lola que tenía que ocuparse de un asunto familiar en Bolivia, una visita a sus padres que no podía demorarse y que requería al profesor de matemáticas inmediatamente en La Paz, la capital de aquel país.

Fue a finales del mes de junio cuando se consumó este precipitada ida, una excusa que la pareja actual de Genaro contó a la Policía, según ha podido saber esta redacción, de ahí que los agentes encargados de la investigación pensasen en un primer momento que el ahora detenido había dejado España con destino a Bolivia.

De hecho, se piensa que la huida a Francia no buscaba ocultarse ni en este país ni en otro de la Unión Europea, sino poder acceder a un tercer país ajeno a la área de influencia de la orden de detención europea dictaminada por el juzgado que instruye el caso, el de Instrucción número 3 de Huelva, para huir de tal estado hacia Bolivia.

Genaro habría viajado en su propio vehículo, haciendo una parada en San Cugás del Vallés, provincia de Barcelona, desde donde envió una carta al diario Odiel tres días antes de la detención, en la que reconocía haber encontrado los cuerpos de su hijo y esposa sin vida, pero negando haber cometido el delito de asesinato.

Su pareja actual está “esperando” a que se produzca la declaración de Genaro ante la juez que ordenó su busca y captura. Lola espera, según ha expuesto a esta redacción, que se esclarezcan los hechos, una espera en la que no puede ocultar estar pasando por un mal momento, tanto como pareja como madre, al compartir un hijo con una persona vinculada (aún está por ver en qué grado) a los crímenes de la madre del primer hijo de Genaro, y de este, que es a su vez hermano del hijo de Lola.

A pesar de todo, la peluquera se reafirma en que “es un hombre bueno”, coincidiendo con todas las personas que han prestado su testimonio a esta redacción tanto en Punta Umbría (donde reside actualmente), como en Almonaster (donde está la finca) y Huelva (donde está el barrio donde vivió y decenas de sus exalumnos y amigos).

 

Vive en Punta Umbría desde 2003, tras el nacimiento de su último hijo. Genaro Ramallo conoció a Lola en 2002. Tras un tiempo de noviazgo, esta quedó embarazada del hijo de ambos que ahora tiene 8 años. Dicen vecinos del pueblo que Genaro no habría tomado muy en serio la relación entre este y Lola, a la que habría pedido que “abortara”, indica una de las vecinas de la pareja. Lola se negó a tal hecho y a los pocos meses nació el niño. El nacimiento de este otro hijo de Genaro despertó en el profesor de matemáticas un espíritu paternal que lo llevó a reconciliarse con su pareja, con la que ha venido conviviendo desde 2003, cuando el niño tenía apenas unos meses. En todo este tiempo, Genaro se ha ganado la vida enseñando matemáticas en Huelva y Punta Umbría como profesor de refuerzo. Como pareja, su esposa actual dice que es “un hombre muy bueno” y todos los vecinos coinciden en señalar que nunca habían escuchado discusión alguna entre la pareja. No obstante, sí hay quien señala que la pareja ha llegado a pasar por horas bajas, ya que “él va y viene a veces”, hecho que bien puede corresponder con las periódicas ausencias de Genaro, cuando con el pretexto de visitar a su hijo Antonio en Madrid –el niño aparecido muerto, que hoy tendría 28 años–, el profesor de matemáticas se ausenta. La hija mayor de Lola, que trabaja como peluquera junto a su madre, y de cuyo padre se divorció Lola, dice que lo que ocurre con Genaro no tiene por qué afectar ni a su madre, ni a su hermano ni al negocio que comparten madre e hija. Y es cierto lo que dice esta mujer, pues Lola no guarda relación alguna con los hechos, pues como ella misma señala “en aquel momento ni lo conocía”, expone Lola.

El detenido “se llevaba a mi hijo y al suyo al cine y a la playa”. Antonio González es padre del mejor amigo del hijo de Genaro de 8 años que vive en Punta Umbría junto a su madre, su hermana y, hasta el mes de junio, también con su padre. Dice este hombre que “mi chiquillo juega siempre con el suyo y Genaro se los solía llevar al cine, a la piscina y a la playa”. Antonio “nunca” había sospechado nada del profesor de matemáticas porque “era tan educado y hablaba también a los chiquillos que nunca podríamos pensar que él fuera capaz de algo semejante”. De hecho, “nadie en el barrio se cree que haya sido él” y “estamos viendo por Internet cómo él dice que no ha sido”, en referencia a las informaciones del diario Odiel, en concreto, sobre la carta remitida a esta redacción, en la que se exculpa. “De otro tipo de persona puedes llegar a creértelo, pero de él no”, apunta González, aunque, dejando un lugar a la duda indica que “lo mismo es como lo que se dice: las personas calladitas… ya se sabe”. Pero la buena opinión que tiene Antonio es “compartida” por todo un barrio, el de San Sebastián, donde se encuentra la vivienda actual de Genaro. “Él siempre estaba con su hijo” y era “muy correcto”, ya que “siempre saludaba con mucho respecto, muy buenas palabras y si alguna vez pasaba por tu lado y iba a lo suyo, se daba la vuelta, te pedía disculpas y te saludaba”, comenta Antonio. Este dice que “se notaba que era una persona muy preparada, pero sin los aires de grandeza de personas de su formación”, prueba, según este hombre, de que “era preparado, pero humilde, dándose con todo el mundo”. Antonio dice que “hace días que no veo al chiquillo”, señalando que, al parecer, “no sale de casa y se comenta que es por el tema”. La propia madre del niño ha señalado que quiere protegerlo de las informaciones, que fluyen sin cesar y “aunque se proteja a los niños de estas cosas, al final se enteran”, indica Antonio, quien señala que “mi hijo, que está en la clase del hijo de Genaro, no sabe nada, por lo menos por nosotros, pero el mayor sí, porque se ve en las noticias y está en Internet y en el periódico”. A pesar de las dudas que indica Antonio sobre la presunta relación de Genaro en unos hechos que este, en la citada carta remitida a Odiel, calificó como “luctuosos”, Antonio dice “no extrañarme por nada”, recordando cómo “en Punta Umbría ya vivimos un caso hace unos años en el que un hombre descuartizó a su novia y la metió en bolsas, pidiendo ayuda a un amigo suyo, sin que este supiera que había trasladado un cadáver hecho pedazos hasta el campo”, recuerda este preocupado padre, que dice “tener el cuerpo cortado”.

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