El día de los Reyes en la “peor” calle

Reportaje publicado en ElPeriódico de Huelva el viernes 6 de enero de 2012
Autor: Ígor R. Iglesias

La celebración de los Reyes Magos tiene diferentes escenarios. No todos los niños podrán estrenar en la capital onubense sus juguetes callejeros (coches teledirigidos, bicicletas, balones, entre otros) en iguales circunstancias.

En la calle Santo Ángel, en la barriada de Santa Lucía, situada en Marismas del Odiel, hoy 6 de enero, los muchos niños que habitan aquí tendrán que seguir jugando en una calle que, además de no estar asfaltada, cuenta con unas condiciones higiénico–sanitarias muy alejadas del mínimo aplicable a cualquiera del resto de calles de esta y otras ciudades.

En esta calle viven 17 menores y aquí, sus inquilinos, opinan que es “la peor calle” de la ciudad. Y no porque haya el llamado mal ambiente que sí puede respirarse de manera muy evidente en algunas zonas, sino por la ausencia de cosas tan básicas como el asfaltado, una adecuada iluminación, la falta de alcantarillado, suciedad y multitud de infraviviendas.

Las madres de estos niños han mostrado su preocupación ante la clara discriminación en la que se encuentran estas personas respecto del resto de ciudadanos de la mayor parte de la capital onubense, ya que las condiciones en las que se ven abocados a vivir estos ciudadanos con considerados por ellos mismos como “tercermundistas”.

María José Sánchez Pérez es madre de un niño de siete años. Hoy día 6 “ya tenemos planeado el día en otro lugar, pues aquí no nos vamos a quedar para estar en esta calle”, comenta.

Esta mujer explica cómo “aquí no pueden jugar los niños, porque es fácil que como está la calle se puedan caer y pueden coger infecciones”. Así que María José u otro familiar siempre ha de acudir con su hijo a una plazoleta cercana o a los otros parques de la ciudad.

El parque más cercano confluye con esta calle, pero ha pasado de usarse de área canina a zona de aparcamientos. También es un fangal que los planos oficiales de Urbanismo recogen como zona verde, por lo que a efectos oficiales, para quienes están sentados en los despachos, eso es un parque y esta calle una calle como cualquier otra de esta ciudad.

Pero aquí, “no entran los taxis, ni las ambulancias, ni los repartidores de pizza”. Los taxistas, según los vecinos, se niegan a entrar porque “se rompen los bajos del coche”. En cuanto a la ambulancia, cabe decir lo mismo, además de que los muchos baches hacen inviable la circulación de un vehículo de estas características en una calle que es “como la boca del lobo”, según María José.

Los repartos de pizza no llegan hasta aquí: “Cuando pides una pizza has de quedar en otra zona para recogerla, porque te dicen que hasta aquí no la traen”, se queja esta mujer. Las empresas de reparto aducen motivos relacionados con la seguridad, porque no han sido pocos los repartidores que en la zona han sido asaltados, sufriendo robos y alguna que otra agresión, algo que no es nuevo.

Lo cierto es que en la calle Santo Ángel los vecinos tampoco cuentan con una adecuada red de alcantarillado ni con contenedores para arrojar la basura, ya que el camión que la recoge cada noche no accede aquí tampoco.

Están tan aislados que la indignación de otra de las madres de los niños que habitan aquí es “enorme”, expone María del Rocío García Romero. “¿Aquí a qué se va a poder jugar?”, pregunta retóricamente Rocío. El motivo: “Hay fango, cristales, piedras…”, enumera para después suspirar, dejando entrever en su posterior silencio su impotencia ante la situación que se vive aquí.

Hoy Rocío, que tiene dos hijos, de 5 y 7 años de edad, pasará el día con ellos aquí: “Pero mis hijos no podrán estrenar sus juguetes en la calle”. Al menos, podrán estar en la misma puerta de la casa, que esta familia asfaltó por su cuenta y riesgo: “El dinero lo pusimos de nuestro bolsillo, ya que a nadie le preocupa cómo vivimos las personas que habitamos aquí”, dice indignada.

Hoy también se acercará con sus dos hijos a las otras calles del barrio Santa Lucía a ver la cabalgata de Reyes que organiza la asociación vecinal. Y se trasladará porque “esta es la única calle por donde no pasan las carrozas, porque es imposible que lo hagan, cuando quizá sea una de las calles donde más niños viven”, se queja Rocío.

María José Sánchez considera que “todos nuestros problemas se solucionarían con asfaltar la calle”. Rocío es menos ambiciosa: “Al menos, que echen gravilla”.

Ambas cosas han estado al alcance de la mano del Ayuntamiento que en los últimos dos años ha llevado a cabo varias actuaciones de pavimentado en la capital onubense, recibiendo para ello dinero tanto desde la Junta de Andalucía como desde el Estado, a través de las partidas que el Gobierno de España ingresó en los ayuntamientos con los llamados Planes E, tanto en 2009 como en 2010.

Se trata de varios millones de euros que nunca llegaron a esta calle Santo Ángel ni a ninguna otra del barrio Santa Lucía.

Y el problema del barro “no sólo afecta a la hora de que los niños jueguen”, ya que “en el colegio se exige que los niños vayan completamente limpios y tal y como es esta calle es imposible que no lleguen los chiquillos sin los bajos de los pantalones sin manchar”, se queja María José, que añade que “luego tenemos un problema con la asistente social, que nos dice que tenemos que tener más cuidado, cuando la culpa no es nuestra, sino del Ayuntamiento, que no asfalta la calle”.

Rocío, por su parte, siente que “les damos igual”.

 

el casa por casa // Las razones expuestas por el Ayuntamiento para que la calle permanezca en este estado ‘sine die’ tienen que ver con la futura urbanización de la nueva barriada que se levantará con el nombre de Marismas del Odiel. La lucha vecinal ha conseguido en los últimos 15 años que se tenga en cuenta la propiedad y la condición de inquilinos de los que viven aquí desde hace años.

De este modo, los vecinos cambiarán sus casas por nuevas viviendas, que construye la Junta de Andalucía. Sin embargo, en calles como Santo Ángel indican que este proceso podría prolongarse años y que durante ese tiempo habría que dignificar esta zona de la capital onubense, donde un simple pavimentado y una sencilla iluminación podrían tener consecuencias positivas sobre los hechos sociales.

 

REIVINDICANDO DESDE HACE VARIOS AÑOS

No es la primera vez que los vecinos de esta calle denuncian su situación. Siempre que lo han hecho han sentido que algo que cambiaría, pero ahora han perdido toda esperanza: “Ya no sirve ni salir en el periódico para que nos echen cuenta”, expone una vecina.

En diciembre de 2010, coincidiendo con el Día de la Constitución Española los vecinos de esta calle llevaron a cabo una protesta ante las cámaras fotográficas de esta redacción, que contó a doble página el problema.

Entonces echaron mano de algunos artículos de la Carta Magna para exigir una solución a la vida a la que están condenadas a vivir estas personas, tan sólo por habitar en este barrio y no en otro.

De entre los muchos artículos de la Constitución, los vecinos citaron con sus reclamaciones de manera implícita algunos como el 14 (“todos los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opini´n o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”), el 39 (“los poderes públicos asegurarán la protección social, económica y jurídica de la familia”), el 39’4 (“los niños gozarán de la protección prevista en los acuerdos internacionales que velan por sus derechos”), el 43’3 (“los poderes públicos fomentarán la educación sanitaria, la educación física y el deporte [y] asimismo facilitarán la adecuada utilización del ocio”) o el más reiterado en la zona, el 47 (“todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”).

Aquel día no sólo opinaron los mayores. Los pequeños de esta calle, Santo Ángel, también alzaron la voz: “Queremos un columpio para poder jugar”. Sin embargo, tanto en aquellos momentos como ahora, para poder hacer uso de un parque infantil tendrían que desplazarse 700 metros hasta el único que se encuentra en la barriada del Carmen o 1,2 kilómetros hasta el parque de Nuevo Molino.

Rocío García se quejaba ayer de que “se hacen parques en esta zona para los que pueden pagar y no para todos”. Se refiere Rocío unos pisos nuevos que se están construyendo y que cuentan con una plazoleta con columpios, que se encuentran a la espera de que lleguen al lugar los primeros inquilinos. Los niños de la zona no pueden jugar aquí debido a que los destinatarios serán “los hijos de los que paguen los pisos”, se queja esta mujer.

Rocío considera que “todos los niños tienen derecho a una infancia en las mismas condiciones”. Y razón no le falta cuando señala a la calle en la que se crían sus hijos y una veintena de hijos de otras familias y la califica de “lamentable, asquerosa y tercermundista”, señalando a los poderes públicos como responsables.

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