El manco de Lepanto o Arenas García Márquez

Artículo de opinión publicado en ElPlural.com el miércoles 14 de marzo de 2012
Autor: Ígor R. Iglesias

A Javier Arenas hay que reconocerle muchas cosas: su constancia durante tanto tiempo intentando la alternativa, su enorme imaginación y capacidad inventiva y supongo que alguna más.

Lo de la constancia es obvio: tanto tiempo intentando ser presidente, que es normal que en su partido gente que “serían buenos consejeros”, como el alcalde de Huelva, que también es parlamentario andaluz, lo llamen ya “presidente de la Junta” (llega a decir el buen hombre que “los andaluces lo han elegido”; ¡menudo Michael J. Fox! ¿Y quién es Doc? ¿Javier Arenas?).

Regresando al presente, unos diez días antes de que los andaluces nos pronunciemos, hemos descubierto en Javier Arenas a un verdadero hacedor de historias. Muchos políticos retirados acaban siendo escritores. Ya me estoy viendo en las librerías sus best sellers: ‘La venganza de Don Ere’, ‘Don Guerrero de la Manga’ o ‘30 de años de soledad’.

Javier Arenas la tiene muy dura y no lo digo porque le ponga ser eso de presidente. Decir que lo han echado de Canal Sur y por eso no fue a debatir es tener mucha cara. Hablar de los ERE sin decir que sólo un 3% son fraudulentos (¡que ya es grave y sus responsables han de pagarlo con todo el peso de la ley!), asegurando como hace el PP que todas las subvenciones conocidas bajo ese nombre son deshonestas, es deshonesto en sí, porque con el dinero correspondiente al 97% restante se han salvado muchas empresas y muchos trabajadores han podido acceder a otro empleo o no quedarse en la estacada tras décadas de trabajo en una misma empresa. Hablar de eso como la mayor trama de corrupción de la democracia es mentir: ¡es corrupción, sí! Pero, obviar que esos 10 millones de euros que han podido ser desviados fraudulentamente están muy lejos de los 120 millones de euros de la Gürtel con los que se han enriquecido altos cargos del PP y amiguetes de los gavioteros a costa de la administración pública y, por tanto, con el dinero de los españoles, es tenerla dura y supone también corromper la política (instrumento con el que ordenar la realidad), envenenada por este tipo de prácticas dialécticas común a todos los partidos.

Es exigible honestidad en la clase política, a no ser que se quiera dar al traste con la democracia y el estado del bienestar (sustentado en la educación y sanidad públicas, la dependencia y los servicios sociales). ¡No hay mayor alimento al neofascismo latente y en estado de resurrección que estos viles comportamientos! Al PSOE se le pueden reprochar muchas cosas, pero frente a esa actitud rastrera de la derecha, hemos atendido a un gobierno andaluz (socialista) que es el denunciante de lo que ha ocurrido con los ERE. ¿Ha denunciado el PP su Gurtel? La acción que, en este sentido, ha emprendido el PSOE lo llevan por la buena senda: la de enmendar errores y deshacerse de falsos socialistas.

Si lo que se quiere es poner en duda la viabilidad de esta democracia, del estado del bienestar y de las mismas autonomías, el camino seguro (lema del PSOE) es votar al PP. Eso sí será un cambio andaluz (lema del Partido Popular): la versión de Despeñaperros para abajo de lo que sucede de Despeñaperros para arriba.

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