Huelga

Artículo de opinión publicado en ElPlural.com el miércoles 14 de noviembre de 2012

Autor: Ígor R. Iglesias

Por dignidad estamos en huelga. Yo no voy a escribir esto el día antes de la huelga como el sinvergüenza de Hermann Tertsch (o como se escriba). Lo escribo ahora, a las 16.47 horas de este 14N, en pleno ejercicio de mi derecho a huelga. Esto de escribir artículos no es mi profesión (de hecho, soy un parado más) y nunca he cobrado por escribir ni un solo artículo de opinión ni aquí ni de otro medio (por escribir noticias, sí). Es un simple deber ciudadano para mí, uno de mis modos de comprometerme, en este caso con mi tierra, Andalucía.

Creo que se hace necesario hoy manifestar una opinión y lo hago en la calle, como he hecho durante toda la madrugada (en la que he tenido que presentar mi DNI tres veces a la Policía por estar simplemente ahí, cumpliendo con mi deber como ciudadano comprometido y mi derecho de ciudadano sin más). Estoy a una hora casi de ejercitar también mi derecho a protestar en la manifestación que va a recorrer parte de mi ciudad, Huelva.

Esta madrugada, hasta por la mañana, he tenido la ocasión de compartir esta lucha, más necesaria que nunca en este siglo XXI, con buenas personas, gente muy honrada que quieren parar un día, dos, tres… de los 365 del año, de todos los años que nos quedan, para que no nos quiten lo que es nuestro, esto nuestro y que tenemos gracias a luchas obreras que ahora en cuatro días se quieren ventilar los mismos de siempre, esos que no sólo se contentan con ganar equis, sino que quieren también la zeta y la y griega, así como todas las incógnitas habidas y por haber.

La mayor parte de la historia de la humanidad es la historia de una especia humana sometida a los avatares del clima, de las catástrofes naturales y de la disponibilidad de alimentos. Una vez superado ese estadio y con plena capacidad para controlar los recursos de la Tierra, nuestra especie se ha visto sometida en los últimos milenios a la opresión bajo distintas formas de poder. Sólo en el siglo XIX es cuando surgen los movimientos proletarios para pedir una mínima decencia y respeto a su condición humana. La revolución burguesa, que tanto ensalzan nuestros políticos, olvidándose de las revoluciones obreras, sólo hizo revolución para sí, para la burguesía que no perseguía mejoras para el tercer estado, sino para ellos, para tener los mismos privilegios que los nobles. Es decir, para que nada cambiara, sólo el sistema de ascenso social a los privilegios de la nobleza: a la sangre se le añadiría el dinero; a la alcurnia se le sumaría el tanto tienes tanto vales.

Esa misma situación es la que se da hoy en día. La nobleza hoy sigue ahí, como lo que siempre han sido: unos vagos. La burguesía, representada por la CEOE, se quieren agarrar los privilegios sólo para ellos, para que la pirámide no sólo cambie más a su favor, sino para que se corrija después de lo que esta partida de cabrones considera que son desajustes, es decir, que el pueblo no ostente privilegios que en España se consiguieron gracias a la construcción del estado del bienestar a lo largo de la década de 1980. Yo soy hijo de personas sin formación, que apenas superaron los estudios elementales, productos de su época. Sin embargo, el sistema construido por la izquierda en mi país me ha posibilitado tener dos licenciaturas, un posgrado y estar a punto (ahora con más dificultades que nunca) de obtener otro en mi deseo de ser doctor, algo que seré en el futuro me cueste lo que me cueste. Claro un facha de estos, que tienen que mandar a sus hijos a sitios privados a que les regalen el título previo pago, o cuyos hijos no dan ‘pa’ más y solo llega a etiquetas de anís del mono, no puede aguantar que durante un tiempo los de la clase obrera (de alcurnia) podamos medirnos en igualdad social con esta partida de inútiles que viven a costa nuestra. Y que los superemos intelectualmente es algo que les revuelve las tripas.

Ellos quieren volver a la pirámide burguesa, ensalzando valores de hace 200 años (o, incluso, anteriores), que están muy bien contextualizados en su época, pero inasumibles para un siglo XXI donde todos los ciudadanos hemos de tener los mismos derechos. Hoy vemos cómo poco a poco han pervertido nuestra democracia hasta hacer que sintamos repugnancia por los elementos que la integran, viendo cómo no es tal democracia, viendo cómo la justicia no es igual para todos, viendo cómo nuestros derechos son menguados cada día, y tristemente no es un decir. Repugnancia que se rebela en un grito: ¡quiero una verdadera democracia, no sometida al neoliberalismo asqueroso que nos imponen y nos empobrece en todos los sentidos, económica, social e intelectualmente!

Si alguna vez hubo motivos para hacer una huelga, siempre los hubo. Y hoy no los hay menos. Hoy estamos ante la destrucción de la democracia por parte de la derecha política y económica. Hoy escuché a un actor encerrado en el Teatro Español que hay que rodear la CEOE. Sí, habría que hacerlo. Hay que hacerlo. La pirámide tiene que ser más nuestra. Si no, los cabrones, y encima ‘apaleaos’, seremos nosotros: y bien merecido, pues.

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