Feas y macarras fuera. Los fascistas se quedan

Llamar fea y macarra a una diputada en un parlamento es de demócratas. Indicarles a esos señores que esa actitud es de fascistas es objeto de repudio y de expulsión de tal parlamento. Ha ocurrido en Galicia, pero podía haber ocurrido en cualquier rincón de España, un país donde la condescendencia hacia las actitudes fascistas no sólo son bastante claras con respecto a los símbolos, las actuaciones políticas, el manoseo y la perversión de la historia, etcétera; también, a la hora de confundir por parte de gente de buena voluntad, demócrata e, incluso, de izquierdas, dónde están los límites que el antifascismo ha de imponer al fascismo.

El problema es que hemos vivido en las últimas décadas pensando que con la muerte del dictador fascista el fascismo quedó enterrado en su tumba. De eso se ha aprovechado la derecha política, social y económica, que de modo latente ha aprovechado la circunstancia democrática para su propio beneficio, hasta salir de lo implícito para relucir explícitamente, aunque con otras etiquetas, disfrazadas de democracia y adornadas con libros llamados Constitución.

Me gusta recordar unas palabras publicadas hace tres años en Público por el catedrático de Derecho Constitucional del Estado y Libertades Políticas Francisco Balaguer acerca del neofascismo: “El fascismo es un virus mutante y sigue vivo, sólo que hoy se expresa de otra manera: a través de la corrupción institucionalizada, del cinismo como método de acción política, del populismo y del descrédito del Estado de derecho”. Quien se considere antifascista, que es lo mismo que no ser condescendiente con actitudes fascistas, no puede perder de vista que el neofascismo sigue vivo y cada vez tiene más fuerza, fortalecido por ese mirar hacia otro lado de la izquierda, por ese esconder la cabeza en huecos de avestruz, por ese aburguesamiento de las clases populares que se dejan embelesar por un éxtasis tipo ‘cofidís’. Está ahí, insultando, emponzoñando, enriqueciéndose, empobreciéndonos (en todos los sentidos). Y no pasa nada.

Parlamento gallego.  Foto: Eldiario.es
Parlamento gallego. Foto: Eldiario.es

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