“Dan ganas de poder”, en El Plural

Artículo de opinión publicado en ElPlural.com el 29 de mayo de 2015
http://www.elplural.com/opinion/ppeligrosa-estrategia/
Autor: Ígor R. Iglesias

La verdad es que, después de ver el negocio de las pulseritas anti-Podemos por parte de los muchachos del PP, en las que se puede leer “no podéis”, dan ganas de poder.

La derecha representa todas las formas de dominación que nos han traído hasta aquí. Esto no quiere decir que las izquierdas no asuman ni reproduzcan esas formas de dominación. Lo que quiere decir es que esa ideología y esas prácticas son propias de eso que llamamos derecha.

Y sí, dan ganas de poder. Es precisamente el sentir de la población, si nos atenemos a los resultados electorales. Tras el escrutinio, tuve curiosidad por saber cuántos votantes del PP hubo en la Cuenca Minera, Andévalo y Sierra de Huelva, territorio minero y de resistencia histórica contra los grupos dominantes, territorio igualmente sometido, machacado. Es fácil entender que haya pueblos en los que nadie (absolutamente nadie) votara al PP o de 900, 800 o 300 votantes, tan sólo lo hicieran ocho, siete, tres e, incluso, uno. El PP tiene menos futuro en un territorio así que Esperanza Aguirre como candidata a la Presidencia del Gobierno (aunque en política, todo puede ser; ¿se imaginan el espectáculo?).

El espacio social del PP son los espacios de los pequeños burgueses y la burguesía, donde las masas populares aspiran a ser como los bigotes señoriales que se pasean por Jerez, Huelva, Sevilla, Málaga, Almería… Así es entendible que un obrero harto de tragar gases y con las manos manchadas de grasa tome la papeleta popularista (del PP) creyendo que sus intereses de clase están protegidos en manos de Zoidos, Teófilas, Rodris (Pericos, en argot de sus colegas), etc.

En aquellos pueblos del centro y norte de la provincia onubense el voto al PSOE fue, una vez más, espectacular (ojo, también a partidos locales o IU, por ejemplo en Zalamea la Real). Esto se explica históricamente: se vota a la izquierda, están votando con conciencia de clase. Ahora, ¿hasta qué punto el PSOE está representando esos intereses de clase? A nivel local es difícil medirlo. A nivel europeo, la socialdemocracia lo ha dejado claro: ha dado su apoyo parlamentario al TTIP. Y, aunque no quiero centrar este texto en este asunto, no puedo dejar de comentar que esa conciencia política de estos grupos sociales está mediada por lo que el PSOE representa históricamente, desde el siglo XIX: si preguntásemos a aquellos votantes, éstos dirían que votan socialismo, a pesar de que lo que votan es, en realidad, socialdemocracia.

Este voto, pues, no es una contestación a los grupos sociales organizados en o identificados con Podemos, sino una contestación a aquello que representa el PP. Está claro que la irrupción de un grupo con un discurso que se reclamaba en los partidos que conformaban la ofertaba electoral de la izquierda (PSOE, IU…) −por parte de un electorado huérfano de la ilusión arrebatada con la claudicación (en mayo de 2010) al salvaje neoliberalismo, reforzado con la llamada refundación del capitalismo− supone una cierta amenaza electoral para aquellos grupos, que no supieron responder ni adecuada ni efectivamente a los problemas y las tragedias sociales: paradigmáticos fueron (son) los desahucios −paliado después con la ley andaluza, ahora tumbada por el PP, siempre tan popular− o la destrucción de empleo, propiciada también por la reforma laboral de 2011 (Zapatero) y llevada a su máximo con la de 2012 (la de Rajoy; pero esta era esperable, ¿no?). Lo del PSOE se sintió como cuchillos en la espalda (ahí estuvieron los votos: de 11 a 7 millones); lo del PP, esperable en la izquierda, decepcionante en las masas ignorantes (porque convendremos que no vivimos en un país donde rebose la intelectualidad, ¿no? Ahí están los programas de Mediaset como reflejo), masas populares que esperaban que los mercados, tan neoliberales ellos, templaran su mala leche al colocar a uno de los suyos al frente del Gobierno, con el deseo por parte de aquellos curritos de que volviera otro milagro Aznar: pelotazo urbanístico, a pesar de sus contraprestaciones: corrupción, incultura; pero esto díselo tú al que apenas tiene el Graduado Escolar o ni eso y se mete en los bolsillos 2.000 euros al mes. ¡Parece que no hemos leído El Lazarillo de Tormes o Luces de Bohemia para entender esta España! Por cierto, que a los mercados eso de la democracia como que se la pela, así, sin más (¿no querías capitalismo? ‘Po’ toma).

El PSOE, a lo largo de este último año, ha puesto más esfuerzo en crear un discurso negativo sobre Podemos que en una labor pedagógica sobre sus logros en el Gobierno, frente al PP, y, sobre todo, de que igual, igual, igual que el PP no es (por mucho que los dirigentes y militantes nieguen la mayor, hay una parte de la sociedad que está enfadada por su giro a la derecha). Esto lo ha entendido bien un denostado Pedro Sánchez, que, al fin y al cabo, se ha encontrado con una patata caliente de cuya temperatura no es responsable y en su campaña electoral ha enfocado sus discursos hacia la crítica al PP, las propuestas del PSOE y los logros históricos.

Sin embargo, en Andalucía, Susana Díaz, a quien nadie discute ni su hegemonía ni su éxito electoral (lo que dice mucho de su liderazgo y capacidad de convicción), debería entender que es tan creíble ese discurso de que Podemos hace pinza con el PP como que quemarán iglesias y violarán monjas, hechos deleznables que hace seis años el PP achacaba al PSOE (el anti Cristo de entonces), incluso la Iglesia de Rouco, que acusaba al partido liderado entonces por Zapatero de matar niños ya nacidos (¿recuerdan la campaña del lince boreal?).

Al propio PSOE se le podría preguntar: ¿cuántas iniciativas parlamentarias de primer orden han votado con PP, incluida, con nocturnidad y alevosía, la reforma de la Constitución? El PSOE debería comunicar mejor: no se trata de compartir noticias de Libertaddigital, La Razón o ABC para denostar a Podemos, sino de explicar qué medidas se han tomado desde el principio, como, por ejemplo, en relación a los ERE: que yo recuerde, Mar Moreno, siendo consejera no paraba de repetir que fue la Junta la que denunció los ERE y hablaba de un 3% de expedientes fraudulentos, algo que no se ha vuelto a decir más. Eso me parecía más honesto, convincente y pedagógico que el discurso vacío de aquí paz y después gloria y de la noche a la mañana ‘to er mundo es güeno’, menos Ayala.

Podemos ha cometido el error del novato: ir a una negociación sin propuestas en las que ceder, algo que todos hemos entendido como un contrato con su propio electorado, pero debería tener en cuenta que en el tablero hay otros actores. A las tres propuestas, loables, que comparto, deberían haber acompañado otras de menor calado, de las que desprenderse. No es que la vieja política lo haga así: es el ser humano en sus interacciones el que lo hace: ambas partes han de ceder.

Sin embargo, Díaz debería entender que no es Podemos su rival, a no ser que lo que se tenga en mente sean cálculos electorales. ¿De verdad le está pidiendo Podemos el oro y el moro? Su rival son las políticas neoliberales y en Moreno Bonilla y su grupo parlamentario tiene a buenos elementos en tal sentido. No se puede disparar contra todos y menos en una situación de insostenibilidad a la que se ha llegado por un adelanto electoral fuera de toda lógica política, por cálculo electoralista. Son tiros al aire y, a la larga, en el propio pie. Esa jugada no le ha salido bien.

Es penoso −y esto va por todos, incluidos los que no he nombrado (¿acaso son sílabas átonas?)− que en el resto de comunidades vaya a haber entendimiento y en Andalucía, símbolo de la izquierda, del no a la derecha, no se sepa hacerlo. Un/una líder, lidera, no patalea (esto, vaya usted a saber por quién va, porque es difícil definirlo en este escenario y este ambiente).

Los militantes del PSOE, por su parte, deberían entender que lo de casta –contra la que deberían luchar (la que, no lo que)− no iba por ellos: ahí tienen a Felipe González, defensor de elementos tales como Leopoldo López y grupos ultraderechistas y violentos allende los mares, al lado de los cuales el PP parece (o es) un partido socialdemócrata. Fíjense qué digo.

Por mi parte, ya debería haber entendido que decir estas cosas no hace amigos. A no ser que se trate de una democracia, aunque sea liberal.

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