“Currito de la cruz”, en El Plural

Artículo de opinión publicado en ElPlural.com el 27 de julio de 2015
Autor: Ígor R. Iglesias
http://www.elplural.com/opinion/ppeligrosa-estrategia/

Hace unos días un informe alemán proyectaba cómo de mísera será Europa en menos de cinco años, con mayores bolsas de pobreza en el sur y el este de Europa, el resultado de una integración europea fallida por no ser tan europea (en el sentido de “unión”) como nos vendían.

Si atendemos a los datos históricos referentes a este sur nuestro, ¿se trata de hundirnos más o de seguir “allí abajo”? Aunque pueda resultar tópico, no es incierto que la modernización de Andalucía consolidada en los últimos 25 años sea una realidad. Pero, al margen de proveernos de mejores carreteras y modernos hospitales y universidades por cada provincia, entre otros, ¿de qué manera Andalucía ha logrado resolver sus problemas estructurales? A este pregunta se le antoja otra: ¿Tiene Andalucía per se capacidad de resolver estos problemas que la trascienden?

Es fácil entender que un autogobierno parcial nos provee de una herramienta más efectiva para gestionar nuestros propios recursos y problemas. Sin embargo, no en pocas ocasiones hemos advertido de la necesidad de tomarse muy en serio que las decisiones importantes, las que más afectan a lo estructural, donde Andalucía tiene su gran desafío para salir del abismo, corresponden a lo que se fragua en las instituciones de la Unión Europea. Si atendemos a los datos de participación en los comicios, ¿la ciudadanía ha asumido qué importancia tiene tal juego? En el bosque visto desde fuera, ¿no es claro esto cuando vemos qué sucede (criminalmente) con(tra) Grecia?

¿Qué se puede esperar de una Europa neoliberal? Perdóneme el lector que conteste: neoliberalismo. Se dice que la Troika no es democrática, en el sentido electoral, que no ha sido elegida por los ciudadanos. Pero, ¿acaso la Comisión Europea, el Banco Central Europeo o el Fondo Monetario Internacional no se derivan indirectamente de los resultados electorales de cada país? ¿Estas instituciones actuarían así si la mayor parte de los votos de cada país antepusieran la humanidad y la naturaleza, la justicia social, que necesariamente ha de ser medioambiental también, sobre las políticas por y para los mercados? No basta, pues, con decir que es injusto; hay que actuar y no parece que la ciudadanía a nivel mundial, y específicamente a nivel europeo, use la única bala que tiene para no hacer otra cosa que darse un tiro en la sien.

Uno tiene la impresión de que el pasotismo electoral está más relacionado con una ideología −a la que contribuye el propio sistema educativo− que con un desgaste, con un desencanto como tal: ¿cuatro décadas de elecciones y ya nos hemos cansado? Si ese cansancio es real, ¿no será que en lugar de un cansancio como tal, un desgaste, lo que hay es una ideología secular antidemocrática donde los patrones de dominación se reproducen en el nivel micro, incluso a la hora de aspirar socialmente a “algo”, a la dominación misma?

¿Qué explica que la misma población, siendo mayoritaria −cuyos miembros pueden ser agrupados en un macrogrupo de dominados−, defienda los valores e intereses de una minoría dominante? No quiero decir con esto que el ‘currito’ defienda en sí en la barra del bar al presidente de Repsol, pero conozco a más de uno que aspira a vivir lo más parecido a como puedo imaginar que vive ese hombre, además de que, por lo que observo, tal ‘currito’ suele gastar más energías en llamar bolivariano −incluso “boliviano” (!), escuchado en algún que otro bar− a quien hable de un mundo más justo (¿acaso eso no era ser cristiano, con los Evangelios en la mano?, pregunta este ateo que escribe). Es la reproducción de unos patrones de dominación. ¿Hay voluntad de cambiar hacia un mundo más justo? Yo estoy convencido de que no.

Al contrario, viajamos hacia un futuro inmediato en el que, como advierte Grosfoguel, nos están convirtiendo en la explícita periferia del imperialismo alemán, su explícita “zorra”, como nos llamó Merkel, su explícita bolsa de mano de obra barata, su explícita línea del no-ser, del subhumano, en los términos de Fanon (¿acaso no lo éramos implícitamente ya?), por mucho que, con pasaporte de ciudadanía, se nos haga creer que somos iguales, que es tanto como creerse que el PP es el partido del pueblo, porque se han agarrado muy convenientemente el apellido de “popular”, o que en Estados Unidos no hay racismo porque el presidente es mulato.

Merkel y los miembros de su gobierno son, sin lugar a dudas, de las personas más despreciables que haya en Europa, al nivel de Le Pen. Pero la cruz de Curro no está a miles de kilómetros de aquí: está en Currito mismo, en el pasotismo respecto de la democracia y la justicia social, en la ideología colonialista que impregna los discursos más cotidianos, con la paradoja de que el crucificado es ahora el romano (no patricio), el currito de la cruz, el que dice que todos los políticos son iguales y deja gobernar a unos verdaderos monstruos, a −por usar una palabreja que tanto les gusta− unos verdaderos terroristas políticos neoliberales antihumanidad. Et excrucior.

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