Imagina que no existes. Contra el neoconquistador simbólico

Artículo publicado en Diario Público el 25 de octubre de 2015
Público
Autor: Ígor Rodríguez Iglesias

Imagina que te secuestran, que te separan de tus hijos, pareja, hermanos, padres, abuelos… Imagina que te golpean, te encadenan, te violan, te encierran en jaulas, te siguen golpeando, no puedes lavarte durante meses, no conoces a nadie y no hablan tu lengua los otros secuestrados, y a los secuestradores y verdugos tampoco los entiendes; sólo te gritan y golpean y apenas te alimentan y te preguntas que habrá sido de tus hijos; a ellos, en realidad, también los han encerrado en una jaula, los han encadenado, aunque es posible que uno de ellos haya podido morir herido; el otro correrá tu misma (terrible) (mala) suerte (desgracia); incluso es posible que te dejen, por el momento, con uno de ellos, sin comprender por qué sucede todo eso.

Imagina que te meten en un barco y no sabes el rumbo. Y tienes que defecar y orinarte ahí mismo donde estás… Y muchos mueren a tu lado, incluso los hijos de otros. Y pasáis hambre, frío, sed, calor… Imagina que llegas a una tierra extraña y te clasifican como si fueras ganado. Te suben a una especie de escenario y pujan por ti y, en el supuesto de que uno de tus hijos continúe contigo, junto a tu hija/o, al que puede que compren incluso antes. Imagina que te venden/te compran, pero antes venden/compran a tu hija/o y se la/lo llevan mientras llora, grita y patalea con los brazos alzados hacia ti y tú te quieres romper por dentro… Casi no soy capaz de describir ese sentimiento y, sinceramente, no quiero, porque me rompo pensando en mi hijo en tal situación.

Imagina que ni siquiera puedes matarte porque ahora eres un bien, eres ganado, eres una esclava o un esclavo, ya no eres persona. ¿Dónde estará tu hijo o hija? Ahora esa gente blanca, que dice tener una cultura superior, que dice tener un dios (¿pero qué dios podría inspirar algo así: un dios oscuro, sin duda? Jesucristo y la cristiandad están a años de luz de parecerse), dicen ser tus dueños, tus amos, dicen tener derechos sobre ti. A tu hijo o hija se lo han llevado. A ti te violan, mujer: ¿y tu hija? ¿y tu hijo? ¿qué estarán haciendo con ellos?)…

Trabajas de sol a sol, golpeado/a, sin salario, en una completa tortura psicólogica y física en la que vivirán tus descendientes durante siglos… Y tu tierra comenzará a subdesarrollarse para ser subdesarrollada ya por siempre por esos blancos, que irán a por tu pescado, tus minerales… Imagina que ahora eres ese condenado/a de la Tierra. No sólo te han secuestrado, torturado, esclavizado, arracando el alma y la piel a jirones; ahora eres inferiorizado/a, olvidado/a. Esos crueles verdugos, que han hecho de los secuestros, del tráfico humano y de la esclavitud un negocio, un suculento negocio, ¡negocio legal!, regulado por leyes de esos estados blancos que dicen ser la Luz y la Razón, que no paran de hablar de su dios y alguno de ellos dice: pienso luego existo (existen ellos, no tú: no te conciben pensando ni existiendo)… esos crueles humanos dirán que tú eres el inhumano, que eres un animal, y lo creerás. Creerás que eres inferior porque esos hombres que hablan de la Razón y la Luz, que se enriquecen por causa de tu trabajo, del expolio, de la crueldad… esos… dirán que no eres nada y serás por siempre invisible. Incluso cuando tus descendientes, todos esclavizados, violados, golpeados, humillados, inferiorizados, invisibilizados, condenados sin motivo por unos pueblos que dicen ser civilizados y llaman salvajes a sus víctimas… cuando quieran liberarse de las cadenas, serán depauperados, vilipendiados, humillados, bloqueados, dejados a su suerte y señalados con el dedo justiciero que inferioriza. Porque ellos son el ser y tú serás el no-ser: no existes y, en realidad, a esos racistas les importas un comino. Por el coltán para sus smartphones estarán dispuestos a financiar todo tipo de las más viles atrocidades sobre el ser humano y no querrán saber, pues la codicia les será cultural.

Ellos dirán que han descubierto tu tierra y la tierra de otros condenados de la Tierra. Y no tendrás derecho a un perdón, a un respeto, a que se te escuche. Porque no estás en la ecuación que piensa y existe. Eres el excluido. Y harán caricaturas, ridiculizarán y llamarán tontos, incultos y toda clase de insultos a los que argumenten contra su sinrazón elevada a ‘saber’, que inculcarán sus escuelas, sus medios… Era y es su política de Estado, imperial.

Y lo dirá su 1% de los que sí existen, con todo su aparato académico, mediático y político, a partir de sus prácticas militares y económicas: y lo llamarán filosofía, historia, derecho; y, posteriormente, irán especializando, compartimentando eso que llamarán conocimiento que construirán con tales categorías, y lo llamarán sociología, economía, lingüística. Crearán la prensa y, con ella, la opinión pública (no de sus mujeres, no de su 99%; la del único Nosotros masculino posible en su ya paranoia construida que llamarán superioridad, Luz, Razón, civilización y, posteriormente, hasta rozar el insulto, democracia -piénsese en boca de G. Bush o del Premio Nobel de la Paz B. Obama o de B. Netanyahu-).

El 99% de los que existen recibirán esa ‘sabiduría’, porque ahora ellos también pueden leer periódicos, ahora ellos van a la universidad, todos van a la escuela, todos ponen el noticiero a la hora del almuerzo o la cena y creen que el señor de la cadena televisiva, miembro del 1%, les va a contar la ‘verdad’, o el del Congreso, ese señor que dice que él es “hijo de buena estirpe” y que no todos somos iguales (Rajoy dixit). Y este 99% (los hijos de estas otras estirpes, no buenas, que paren hijos que el gachón ese y los de su estirpe tienen por inferiores), oprimido en su contexto, explotado, no simpatizará contigo, el que no existe, porque… no existes. Lo hará con ese que los inferioriza. Lo hará con el que tiene sus chalés, sus yates, sus varios coches (ya no podemos decir sus esclavos, pero aspirarían a tenerlos), sus dólares en paraísos fiscales… Estos del 99% desearán ser como el 1%, cosa que el 1% sabe. Y les dará préstamos a intereses altos para que el pobre infeliz este cumpla su sueño, porque su sueño ya no será tener dignidad. Le habrán arrebatado en sus narices categorías que piensan su realidad (popular, pueblo, derechos, justicia, democracia, obrero, socialismo) y las habrán sustituido por todas aquellas que seguirán enriqueciendo al 1% hasta la explotación consentida y legitimada por los votos (y viles aspiraciones materialistas) de estos oprimidos de esa zona del ser y con las mismas etiquetas: popular, pueblo, derechos, justicia, democracia, obrero, socialismo. Y degustarán y masticarán etiquetas tramposas y corrompidas de esas ideologías de desigualdad, dominación e inferiorización de los otros, incluso para una supuesta lucha contra tales ideologías, como “recursos naturales”, “capital humano”, “mercado laboral”…

Tú no existes para ese oprimido. Eres el conquistado, el descubierto -ni siquieran dirán ni pensarán en ti, esclavizado-, el que sólo ha de estar agradecido por hablar ahora su lengua. No te engañes, esto lo han inventado cuando tú te has emancipado (no confundir con liberado), para ser, antes amos y gobernadores, ahora tutores culturales y presidentes de compañías en esta etapa de neocolonización con igual fiereza y obscenidad, donde ideologizar a su favor es un arma más efectiva que una espada.

Su 99%, aun sus más justos, no se dan cuenta de que toda su explotación, al interior de la misma Europa, especialmente del sur, sólo podrá resolverse si miran hacia ti para aprender, no para enseñarte. Y dejan de mirar a su señorito y su televisión y su periódico y sus libros y sus categorías epistémicas y sus partidos y sus discursos… Y si están dispuestos a entender bien que cuando tú dices patria, dices país, dices, incluso frontera, no es lo que Europa en cualquiera de sus lenguas (ya sea latina, ya sea germánica…) dice con esas mismas palabras (discúlpalos: su escuela les ha enseñado mal hasta qué son las lenguas; habrán aprendido más bien una sociología política lingüística imperialista, con categorías epistémicas producto de esa ideología de desigualdad, dominación y la inferiorización de los otros, sin que ni sus profes ni maestros sean conscientes de ellos… y lo pasarán por conocimiento indiscutible… ¡oh, loco, ese que lo contradice!). Tú ya habrás iniciado el camino de la liberación, pero no existes para ellos. Su televisión, su prensa, sus libros, sus ‘intelectuales’ te convertirán en un dictador y el 99% de esta zona del ser, despojado de toda reflexión y las ganas para hacerlo, amarán a su opresor y te odiarán a ti.

Harás revoluciones de liberalización en tu zona del no-ser que el neoconquistador material y el neoconquistador simbólico de su zona del ser inferiorizarán, bloquearán, hasta criminalizarte. Tú serás ahora médico, filósofo, ingeniero, incluso mejor que ellos, pero sin sus recursos, porque te habrán privado del acceso a los medios necesarios para tener la dignidad que tú ahora luchas.

Y a ellos no les temblará el pulso por dejarte (literalmente) morir de hambre, y culparte a ti. Para luego persignarse…

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